Sábado, 24 de Febrero de 2018

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    En Gibraltar prefieren a los médicos españoles y los ingleses prohíben su entrada

  • Callejón del Gibraltar antiguo
    Antonio Pérez Girón

    La mano de obra procedente del Campo de Gibraltar ha sido fundamental en la vida económica del Peñón. La ausencia de ella en el período de cierre de la verja se dejó notar en la plaza de manera evidente y efectos perjudiciales. La cualificación en los distintos oficios era considerada muy importante para el mantenimiento de la actividad económica local. Hoy lo sigue siendo tanto con las  profesiones de siempre como con las surgidas a la luz de los  nuevos tiempos.

     

    Esa carencia de trabajadores propios estuvo presente en Gibraltar a lo largo de su historia y ello se cubría con la mano de obra del otro lado de la verja. Nadie puede negar que la sociedad gibraltareña apreciaba la valía de trabajadores de ambos sexos, que todos los días entraban al Peñón para cumplir con sus obligaciones laborales.

     

    Pero no siempre fue fácil esa relación laboral no me refiero a diferencias salariales, que sería objeto de otro trabajo sino a las dificultades impuestas a sectores determinados para su ejercicio profesional en la colonia. En este sentido, me referiré al problema creado en la segunda mitad del siglo XIX por la falta de médicos y la negativa de las autoridades británicas a recibir a profesionales españoles.

     

    Los gibraltareños manifestaban continuas quejas porque no contaban con una asistencia sanitaria adecuada. La guarnición militar vivía al margen y contaba con sus propios médicos mientras que el pueblo se veía desatendido.

     

    La prensa local se hacía eco del problema. El periódico El Anunciador recogía en sus páginas esa demanda. En septiembre de 1886 escribiría: «No comprendemos en qué puedan fundarse nuestras autoridades para no permitir que algunos médicos españoles, que tengan sus correspondientes títulos en debida regla, entren, residan y practiquen en Gibraltar, donde sus servicios se vienen reclamando con tanta urgencia, pues hay días en que para encontrar a un facultativo hay que echarle un galgo... ».

     

    Por su parte los doctores ingleses habían limitado su trabajo a los militares y su asistencia era muy cara para la generalidad de la población. La aceptación de estos profesionales era muy baja para quienes precisaban de un cercano y económico servicio.

     

    Las autoridades coloniales respondieron que con la prohibición se beneficiaba a los jóvenes gibraltareños que estudiaban medicina en Inglaterra y Francia, para que luego pudieran ejercer en Gibraltar. El Anunciador consideraba pueril ese argumento, pues  ello dependía de la superación de los exámenes académicos correspondientes.

     

    Del mismo modo, la medida de contratar a nuevos médicos ingleses tampoco era muy acertada para los gibraltareños. Aquí quiero resaltar una cuestión que me parece de especial relieve: era el idioma español el preponderante en el Peñón, pues el inglés no era practicado por la mayoría de los habitantes. No es una apreciación parcial. Vuelvo al citado periódico: «el facilitar la venida de médicos, por ejemplo ingleses, tampoco habría de dar el resultado apetecido, pues tocaríamos la dificultad de que éstos no podrían entenderse con la generalidad de nuestros paisanos para los cuales le es completamente desconocido el idioma de Shakespeare, pues aquí el idioma patrio, podemos llamarle, el idioma usual o general es el español, ya sea puro o con mezcla de anglicismos y barbarismos».

     

    Y a todo ello se unía, y sigo citando fuente gibraltareña, la confianza que se tenía hacia los médicos españoles: «se ha demostrado palmariamente la incompatibilidad notoria que existe entre un médico inglés y el cargo de doctor de barrio, pues la generalidad de las veces no puede establecerse inteligencia entre el enfermo y el facultativo encargado de su asistencia».

     

    La sociedad local se volcó en la campaña a favor de la concesión de los permisos, pero las autoridades hacían oídos sordos, paralizando reiteradamente las solicitudes que venían produciéndose. El gibraltareño se sentía discriminado respecto al británico establecido en la colonia, y recordaba que la única asistencia sanitaria la recibía de galenos españoles, que llevaban tiempo residiendo en la ciudad, y a los que costaba poder atender a la totalidad de la población.

     

    Pero a las autoridades coloniales, que tenían muy bien cubierto sus servicios exclusivos, parecía importarles poco las carencias de los vecinos, con los que la guarnición militar mantenía una relación distante. 

  • Datos

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    Dieciocho millones de británicos visitaron España en 2016 y, según una encuesta, aunque el 55% piensan que sus vacaciones en el extranjero se encarecerán por el Brexit, el 79% aseguran que no modificarán sus planes de viaje.