Viernes, 22 de Octubre de 2021
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El golpe no empezó con Franco ni después de las elecciones de 1936

  • Ángel Viñas cerró en ciclo de la Casa de la Memoria

    Ángel Viñas. Casa de la Memoria
    Ángel Viñas. Casa de la Memoria
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    “El golpe no empezó con Franco ni después de las elecciones de 1936. Comenzó mucho antes, en los años 1932 y 1933, y desde 1934 con el apoyo italiano”, sostuvo el economista e historiador, experto en la guerra civil, Ángel Viñas. Con esta intervención, “El golpe y la represión planificada”, se cerraba el programa organizado por la Asociación Casa de la Memoria sobre dicha etapa histórica.

    El jefe de la conspiración era Sanjurjo -refugiado en Portugal - y el general Mola actuaba como su jefe de Estado Mayor, aclaró el historiador.  Por su parte, la misión de Franco era asegurar el golpe en Canarias y pasar al protectorado de Marruecos para ponerse al frente de las tropas de allí y saltar a la península.

    Sobre las dudas de la participación de éste en la sublevación, fue determinante: “Es mentira. Conocía perfectamente los planes de la clandestina Unión Militar Española (UME)”. Sin embargo, reconoció que se trataba de un hombre cauteloso, “quería ir sobre seguro”.

    En este sentido, aludió a que cuando se produjo la victoria electoral del Frente Popular, en febrero de 1936, propuso al presidente Alcalá Zamora dar un golpe, negándose éste a ello.

    El golpe, continuó el ponente, “no fue el fruto de la agitación social y de los desmanes,

    ya venía preparándose”. Se trabajó intensamente, “en caldear los ánimos, hacer creer que España se encontraba en un estado de necesidad”, añadió. En ello colaboró la Falange, cuyo papel no pasó de ser “meros pistoleros al servicio de los monárquicos, de los que había recibido dinero a cambio”.



    CAMPAÑA ACEITES VEGETALES USADOS - ARCGISA
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    Los monárquicos, continuó Viñas, agrupados en Renovación Española, promovieron la sublevación desde el primer momento, acción que desembocó en el intento de golpe de estado de 1932. El fracaso de la intentona sirvió como aprendizaje y para tener en cuenta dos elementos fundamentales para el futuro: robustecer el apoyo exterior y avanzar en la subversión del Ejército. Los acuerdos con la Italia de Mussolini y la creación de la UME fueron los pasos establecidos, explicó el conferenciante.

    Viñas se refirió a su último libro, El error de la República, donde da las claves, a su juicio, del fracaso republicano para abortar el golpe. En su opinión, a pesar del conocimiento que el Gobierno tenía de lo que se estaba fraguando, “no se pusieron en práctica las medidas necesarias para atajarlo”.

    Las razones aportadas por Viñas se centraron en el control por los conspiradores de los servicios de información, creados por Azaña en su época de ministro de la Guerra. Al frente de estos servicios, en 1935, se encontraba Francisco Franco, como jefe del Estado Mayor Central, al que sucedió su número dos, el general Sánchez Beltrán. Asimismo, el jefe más directo de estos servicios era un teniente coronel que se pasó a los sublevados.

    Otro motivo más aportado fue la equivocación del Gobierno al creer que con las fuerzas de orden público y con la Guardia Civil,  así como  las masas obreras llegado el caso, podrían hacer frente a una sublevación militar. “No se atrevió a tomar medidas contundentes. Supongo que atemorizado por lo que pudiera ocurrir en el Ejército”, afirmó.

    A Franco, despojado de la jefatura del Estado Mayor Central, lo enviaron a Canarias, donde continuó conspirando. Lo mismo ocurrió con otro golpista, el general Orgaz. “Entre los dos se cargaron al general Balmes, jefe de la guarnición de Las Palmas, que probablemente se hubiera opuesto al golpe”, indicó Viñas.

    De Mola dijo que era una persona “ida” y que “veía rojos por todas las esquinas”. Fue él, continuó Viñas, el que planificó las ideas fundamentales de la represión. “Hay que liquidar a todo el que no esté con nosotros”, sería el lema del general.

    A los errores de la República a la hora de afrontar la rebelión también unió su abandono por parte de las potencias democráticas. Para concluir aseverando que “España no estaba destinada a una guerra civil”.




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