Lunes, 18 de Febrero de 2019

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    Los aliados franceses impiden que Gibraltar sea recuperado

  • Grabado de la bahía de Algeciras realizado hacia 1800 por el alemán Daniel Berger. Fondos de la Hemeroteca Histórica Municipal Francisco María Tubino. San Roque
    Antonio Pérez Girón

    Del mariscal Villadarias se ha escrito negativamente en muchas ocasiones. Su cerco a Gibraltar al poco de la ocupación anglo-holandesa no sirvió para la recuperación de la ciudad, y sus acciones son juzgadas por los especialistas como tardías e ineficaces. Su abandono del coronel Figueroa y de las tropas que pretendían dar un golpe certero al enemigo con la ayuda del cabrero Simón Susarte, también ha quedado de manifiesto, y ello debido a su supuesta «complacencia» con los aliados franceses. Probablemente, ahora pueda arrojarse nueva luz sobre esta cuestión en aras de situar a cada uno de los personajes en su justo lugar.

    Francisco del Castillo Fajardo y Muñoz, marqués de Villadarias, ostentaba el cargo de capitán general de Andalucía cuando se produjo la Guerra de Sucesión. Logró preservar la región al lado de Felipe V y combatió en Portugal donde llegó a ocupar algunas poblaciones. No obstante, y dada la indefensión de la plaza de Gibraltar, no pudo evitar que fuese ocupada por las fuerzas partidarias del archiduque Carlos en agosto de 1704. Pero si la recuperación del Peñón no fue exitosa, hoy puede afirmarse que en gran medida se debió a la desidia de los aliados franceses y al error de sustituir a Villadarias por el mariscal francés Tessé. También a éste se puede señalar como responsable del abandono de los valientes guiados por Simón Susarte, tema que ya abordé en trabajos anteriores.

    Investigadores como Francisco Javier Albertos hallaron documentos que demuestran que al marqués le cayeron todas las críticas por una ineficacia de la que no siempre fue responsable. Al poco de ser reemplazado en el mando del bloqueo, el marqués dirigió varios escritos al rey Felipe V denunciando la actitud del ejército francés enviado para reconquistar Gibraltar. Villadarias tenía razones más que suficientes para manifestar su queja. La primera de ellas fue el abandono de los franceses de las posiciones ocupadas durante el ataque de febrero de 1705, donde las líneas inglesas se vieron desbordadas por las españolas, pues cuando la victoria parecía segura, los franceses se retiraron e incluso dejaron de cubrir con su fuego a quienes estaban obligados a apoyar.

    El 10 de abril de 1705 el militar español remitía una carta al monarca donde se quejaba abiertamente del mariscal Tessé, del que afirmaba que era contrario al sitio y que todas las noches retiraba su artillería, «además de haberse retirado la que estaba en la batería avanzada, hizo deshacer toda ella, y esto sin haber sabido yo nada». Añadiendo, que tras la aparición de la escuadra enemiga por Estepona, la francesa se había marchado. «Yo no digo que no hay riesgo, pero no tanto como el que quieren hacer creer. Y como la guerra es todo un riesgo y accidente, extraña este modo de proceder, y me duele sumamente el ver que estas tropas sólo sirvan para el gasto, y en particular las de la Marina, pues no dando más que 40 hombres para el servicio, son 1700 y más raciones, que toman de pan, vino y carne». Villadarias indicaba que se vivía una situación gravísima y que los artilleros galos habían quedado reducidos a cuarenta sin las municiones adecuadas, lo que había permitido que los ingleses hubiesen restablecido su artillería, mejorándola considerablemente.

    De una manera dramática, el jefe español pedía al monarca una resolución: «o que se levante el sitio o que continúe como conviene a su Real servicio, pero para esto será necesario que se le ordene positivamente al Sr. Mariscal  si ha de continuar aquí, siendo indispensable que se envíe artillería, porque ya no hay que esperar nada bueno de los que están de Francia, porque con ellos no se consigue más que el gasto, que es lo mismo que se consigue con la Marina de Francia, que poco a poco todos se van yendo a Málaga, unos por enfermos y otros porque los oficiales los dejan ir». Las palabras del marqués dejaban ver la indisciplina de las tropas supuestamente amigas, tornándose especialmente duras y desesperadas, cuando mostraba el convencimiento de que los aliados no pretendían otra cosa que levantar el sitio, con el que no se sentían comprometidos. 

    El militar iba más lejos, declarando su incompatibilidad con la forma de actuar del mariscal francés, y reconociendo que no podía continuar en el Campo, si permanecía Tessé. El mariscal español recordaba que ambos compartían el mismo grado, pero las decisiones diferían de manera absoluta.

    Los datos que Villadarias ofrecía eran suficientemente elocuentes, y me parecen extraordinariamente reveladores. A la hora de reflejar la desidia francesa y lo negativo hacia los intereses españoles, resaltaba que Tessé había desmantelado los planes del mando español de situar cerca de Cádiz una serie de regimientos por si dicha ciudad necesitara de su auxilio. Fuerzas que se hallaban en el Campo de Gibraltar (caballería mandada por el marqués de Pozoblanco y la del escuadrón de Granada), y que hubo de aceptar el mariscal español para no dar argumento al francés de que se retiraban efectivos necesarios para el bloqueo gibraltareño.  

    La desconsideración que sufría llevó a Villadarias a solicitar del rey su retiro: «para esto más valiera no estuviera en el Campo, y que S.M. me hubiera permitido retirarme a mi casa», aunque añadía que «pero habiéndome sacrificado como lo he hecho, y lo haré hasta perder la vida, ejecutaré cuanto me parezca que conduzca al mejor servicio de S.M ».

    Hoy ya está claro. La postura del jefe francés perjudicó gravemente a la acción militar unificada, imprescindible a la empresa de la recuperación de Gibraltar. Y contra ella luchó, en vano, el marqués de Villadarias, tan vilipendiado por la historia.