Domingo, 18 de Noviembre de 2018

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    Desplante real británico al Ayuntamiento de San Roque

  • Portada de la finca El Almendral, símbolo histórico británico en San Roque. Foto APG
    Antonio Pérez Girón

    Poco tendría que ver la llegada de la reina Victoria al trono de Inglaterra en relación con San Roque, si no fuese por la vecindad con Gibraltar. Sesenta y tres años rigió los destinos de aquel país (desde 1837 a 1901). Durante ese mismo período se conocieron en España las dos regencias, el reinado de Isabel II, la Revolución del 68, las Constituyentes, el reinado de Amadeo, la República, la restauración de Alfonso XII, la minoría de Alfonso XIII bajo la tutela de Cristina de Hansburgo... Y en todo este largo período una finca situada en las afueras de la ciudad, propiedad de ciudadanos británicos fue testigo del acontecer de un convulsivo siglo y, a veces, también fue protagonista. En la epidemia de cólera fue utilizada como lazareto, al igual que la cercana y antigua finca Varela. Pero su «momento de esplendor» lo vivió con la llegada a la localidad de la viuda del rey Jorge IV de Gran Bretaña, María Ana Fitzherbert.

    El cronista Lorenzo Valverde, seguía teniendo el mirador de Los Cañones como punto de observación de cuanto ocurría en la bahía. En esta ocasión, su excepcional testimonio, se desplaza en el tiempo, pues en la fecha que cita, una diferencia de uno o dos años, la esposa del díscolo monarca, ya había fallecido. En cualquier caso, desde su atalaya habitual cuenta como en octubre de 1838 (en realidad se trata de unos años antes) veía acercarse, procedente de Gibraltar, el cortejo real.

    La intención de la caravana de pasar a San Roque, hizo que el Ayuntamiento de la ciudad se esforzara en preparar un recibimiento adecuado. Por falta de tropa veterana no se pudo formar a las compañías de rigor, pues la gran mayoría de los hombres se hallaban en el norte combatiendo en la guerra carlista. La Milicia Nacional fue la única que pudo presentarle armas. El recibimiento de la Corporación se hizo en la Alameda y la reina fue invitada a subir al Consistorio donde se había preparado un refresco. Valverde lo narra así: «Como el objeto de la reina era no perder tiempo y dar un paseo por nuestros campos, y que, además, le traían en un carro la comida para ella y su comitiva, con mucha política no admitió el convite y, después de dar cordiales gracias, siguieron el camino de la Huerta de Varela y Madre Vieja, Vegas del Guadarranque, hasta más allá de la Venta de Games». Desde allí regresaron y comieron brevemente en la hacienda El Almendral, engalanada especialmente para la ocasión, y que había suplido al convite que con la cortesía correspondiente había preparado el Ayuntamiento de San Roque

    Allí, Valverde continúa su crónica: «durante la comida sonaron varias y agradables tocatas de una banda de músicos que también, en un carro, habían traído de Gibraltar. A las cuatro de la tarde marcharon todos a aquella plaza».

    Acompañaron a la reina los gobernadores de Gibraltar y del Campo, tropas inglesas y algunas españolas, un buen número de coches con damas y caballeros y vecinos y oficiales procedentes del Peñón. Según Valverde, «la Reina venía en una berlina tirada por caballos hermosos y pacíficos; a su lado traía una bella joven que llevaba en sus manos un papel blanco y un lapicero; alzaba la vista de cuando en cuando, la bajaba y, a mi entender, parece que dibujaba los objetos que se le iban presentando. La reina venía con un traje negro y sencillo, pero de rica tela; la joven traía un vestido elegante, pero sin coquetería».

    Era generoso Valverde al juzgar este episodio, ya que parece aceptar como suficientes las diplomáticas disculpas de la viuda de Jorge IV para rechazar la invitación municipal. Desgraciadamente, no tenemos referencia de los sentimientos ni la reacción de los regidores sanroqueños, que se encontraron con los refrescos servidos porque «traían la comida en un carro».

    Jorge IV, rey de Gran Bretaña e Irlanda había muerto en 1830. Primogénito de Jorge III había sido regente en los últimos años de vida de su padre (1811-1820), por haber enfermado éste mentalmente. Fue coronado en 1821. Jorge IV estuvo casado en secreto con la católica María Ana Fitzherbert, aunque contrajo matrimonio público con su prima, la princesa Carolina de Brunswick en 1795, matrimonio al que siguió una separación formal y petición de divorcio en 1820, no logrando el monarca su propósito por la fuerte oposición popular. A pesar de todas las trabas impuestas por la corte británica y la separación obligada de su verdadero amor María Ana Fitzherbert, ésta jamás dejó de hacer valer su estado de viuda del monarca. 

    La hacienda El Almendral después de ser propiedad de vecinos británicos durante su larga historia, pasó a manos de una empresa española durante la reciente crisis económica.