Martes, 18 de Diciembre de 2018

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    Y en el Campo de Gibraltar sonó por primera vez el himno de Riego

  • La popular calle San Felipe en 1932. Archivo Municipal de San Roque
    Antonio Pérez Girón

    Que una marcha militar como la que acompañó al general Riego durante su levantamiento, adoptada luego como himno oficial de la República, sonara por primera vez en el Campo de Gibraltar, es otra demostración de la importancia histórica de la zona. 

    El general liberal Rafael Riego se había pronunciado el 1 de enero de 1820 en el sevillano pueblo de Las Cabezas de San Juan. Riego formaba parte del ejército expedicionario establecido en Andalucía, y que iba a ser embarcado para sofocar la sublevación en las colonias españolas de América. Su objetivo, como el de otros militares progresistas, no era otro que acabar con el régimen absolutista de Fernando VII, restableciendo la Constitución de 1812.

    Desplazado al Campo de Gibraltar para sublevar a las distintas poblaciones, entró en San Roque el 14 de febrero. Al enfilar la empinada calle San Felipe camino de la Casa Consistorial, la fuerza, que era acompañada de una banda musical, comenzó a interpretar una marcha, -que algunos señalan fue escrita en Algeciras y estrenada en San Roque- que llamó la atención a los vecinos que se congregaron a todo lo largo de la calle. Estaba naciendo en esos días el que habría de ser un himno por las libertades constitucionales proscritas por el absolutismo, y nada más, y nada menos que el himno de España durante la etapa republicana.

    Riego había recibido el apoyo desde Gibraltar por parte del teniente general sir Thomas Dyer. El militar británico había luchado contra las tropas de Napoleón en España y había recibido varias condecoraciones, a las que renunció una vez enterado de la abolición del régimen constitucional por Fernando VII. Desde el Peñón envió a Riego 500 libras esterlinas.

    El comandante general del Campo de Gibraltar, José O´Donell evitó el enfrentamiento abierto con los rebeldes, entrando en San Roque cuando ya no se encontraban los liberales.

    Durante el levantamiento de Riego tuvo lugar otro hecho en la bahía. Un barco de guerra se había refugiado en Puente Mayorga. Aquella fría mañana del mes de febrero los marinos se asomaban a la cubierta, mientras que los pescadores trataban de conocer las razones de la arribada de dicho barco al surgidero. 

    El buque había huido del puerto de Málaga ante la llegada de las tropas liberales, al objeto de poner a salvo «caudales y otros efectos interesantes», según comunicó el capitán al Ayuntamiento realista de San Roque, al que solicitaba raciones de pan, carne y menestra. El Consistorio sanroqueño mandó un mensaje informando de la ausencia de fondos para poder auxiliar a la tripulación, si bien indicaba al capitán la posibilidad de obtener las ayudas necesarias a través de la Comandancia Militar de Marina de Algeciras, y que «en caso de temporal tiene el abrigo de la bahía o boca de los ríos, y para seguridad de los caudales y efectos que conduce, la Isla Verde».

    Ante el empuje de los sublevados, Fernando VII capitularía en el mes de marzo, reinstaurándose la Constitución de Cádiz,  quedando en libertad  los presos políticos y aboliéndose la Inquisición. Tres días más tarde se convocarían nuevas Cortes. En el decreto  correspondiente iría incluido un manifiesto real a la nación española en el que afirmaba: «marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional». Un juramento, forjado por las circunstancias, que el monarca incumpliría tres años más tarde.    

    El día 16 llegaron a San Roque cuatro oficiales del Ejército con órdenes especiales para que se jurase la Constitución. A las cuatro de la tarde se congregó en el atrio de la iglesia un gran número de vecinos. Los militares estaban acompañados por el párroco Manuel Villalba y los regidores que habían sido cesados por el régimen absolutista, entre ellos, el todopoderoso corregidor Julián Ruiz Marín, quien hubo de pasar por dos malos tragos: ver a Riego por las calles reclamando libertades, y después, teniendo que dar lectura al mensaje que le impusieron los liberales.

    También le tocó el turno al general O´Donell, quien no tuvo más remedio que jurar el texto constitucional el día 20. El acto tuvo lugar en la explanada del cuartel de Barracones, al lado de la Alameda sanroqueña.

    El pueblo organizó manifestaciones espontáneas, engalanando los hombres sus sombreros con cintas que algunos tenderos repartían gratis. Lo mismo hacían los taberneros con el  vino. Hubo en la iglesia un tedeum,grandes repiques de campanas y tres noches de luminarias.

    No obstante, los liberales sanroqueños sufrirían una gran decepción cuando Julián Ruiz Marín fue nombrado juez de primera Instancia. La reacción no se hizo esperar, el propio Ayuntamiento constitucional pidió el cese, e incluso hubo acciones violentas como los disparos que sufrió la fachada de la casa del conocido realista.

    Entre las medidas adoptadas por el nuevo Ayuntamiento  para asegurar el orden y la vigilancia figuró la creación de patrullas para el reconocimiento de cuantos transitaban por la ciudad, recorriendo posadas, fondas y mesones. Especial vigilancia se estableció en el barrio de La Línea, temiéndose que pudieran acceder revoltosos desde Gibraltar. Para evitarlo quedaron prohibidas las funciones de títeres que se celebraban en aquel lugar todos los domingos. Y en la misma Casa Consistorial se creó una guardia compuesta por un oficial, un sargento, un cabo y diez soldados, que tenían como misión patrullar la ciudad durante la noche.

    El régimen liberal tendría corta existencia. Nuevamente el enfrentamiento civil se implantaría en las tierras de España. Y el Campo de Gibraltar no fue ajeno a ello.