Viernes, 26 de Abril de 2019
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El Campo de Gibraltar con Ballesteros en su lucha contra los franceses

  • De la serie Los desastres de la guerra, del universal Francisco de Goya, la estampa Y son fieras, demostración de la lucha del pueblo contra los invasores franceses. Museo del Prado
    De la serie 'Los desastres de la guerra', del universal Francisco de Goya, la estampa 'Y son fieras', demostración de la lucha del pueblo contra los invasores franceses. Museo del Prado
    Historia
    Golpear a los franceses de manera inesperada y buscar refugio en Gibraltar fue la táctica empleada por el general Ballesteros. La incorporación, a finales de agosto de 1811, del general Francisco Ballesteros al frente del ejército en el Campo de San Roque, supuso un alivio para la comarca. Su sistema de incursiones en terreno francés, sin plantar un combate abierto dio buenos resultados y alejó al enemigo. 

    En San Roque se estaba muy comprometido frente al invasor. Y una prueba de ello es que en octubre se comenzaron a fabricar cartuchos de cañón por encargo de la Comandancia General. Cuarenta de estas bombas fueron realizadas en la casa de Francisco Aranda, frente a la ermita de San Felipe, por el sastre Francisco España, en el tiempo récord de ¡ocho horas!    

    Tampoco querían desertores y desde el Ayuntamiento se solicitó del gobernador británico que arrestara a ocho que habían pasado a Gibraltar. Para mantener el orden por el frecuente  tránsito de forasteros hacia el Peñón, se estableció una partida de 20 hombres al mando del capitular Antonio Moreno. No hay que olvidar que todo el término de La Línea formaba parte del municipio sanroqueño. 

    Pero los franceses estaban dispuestos a acabar con Ballesteros y su sistema de guerrillas, que tanto daño les causaba. Asípusieron en marcha una ofensiva, en el mes de octubre de 1811, en la que participaron más de 10.000 hombres. Siguiendo su táctica de no arriesgar ante una fuerza superior y bien armada, el general español se refugió con sus tropas en Gibraltar, mientras que ordenaba a los civiles el abandono de las poblaciones de San Roque y Algeciras. Los de la primera ciudad se refugiaron en el Peñón y en Sierra Carbonera, mientras que a la localidad algecireña mandó su retirada a la Isla Verde.

    El 14 entraron los imperiales en San Roque tras arrasar al destacamento de artillería que cubría la retirada de Ballesteros. Las tropas estaban mandadas por el general Rignoux, que había sufrido una herida en un ojo, durante el ataque a Ubrique. El militar garantizó el regreso a sus casas de las mujeres y niños refugiados en la iglesia principal. Las numerosas viviendas que se hallaban vacías fueron saqueadas.

    La presencia enemiga se hacía habitual. Unos meses antes el propio Ayuntamiento, que  mantenía las partidas de guerrilleros mandadas por el coronel Salvador Guzmán, que combatían en diferentes lugares de la provincia, al tener conocimiento de la proximidad de las tropas enemigas, organizó un grupo armado para hacer frente a las mismas. El corregidor Pedro José Rovira se puso al mando, saliendo al paso de la vanguardia francesa en el puerto de las Azucenas,  cerca del arroyo de Guadalquitón.

    Diecisiete paisanos murieron en un combate desigual o fusilados por los imperiales, que llegaron a la población con la intención de entrar a degüello. Una comisión de clérigos y otros vecinos salieron a recibirles para evitar la masacre, consiguiendo que se cambiase por un saqueo de todas las casas.  

    Las consecuencias de esta ocupación eran relatadas por un testigo excepcional, el cronista Lorenzo Valverde: «De esta suerte se sustos y tribulaciones sufrieron nuestros vecinos muchos días. Unas veces venían los franceses y sacaban lo que podían. En otras ocasiones, para hacer su campamento en la loma o cordillera que hay desde la Cruz del Padre Ventura hasta el Castillón, arrancaban las puertas de las casas que estaban vacías, que eran muchas y se las llevaban, lo mismo que las mesas, baúles arcas, platos etc».

    Por otro lado, el saqueo de las arcas municipales por parte de los invasores dejó al municipio sin recursos, por lo que la Hijuela de Expósitos tenía dificultades para alimentar a los 53 niños allí acogidos. Por todo ello, las victorias de Ballesteros eran celebradas por una población en pie de guerra.

    Sin embargo, los métodos del general, aunque se demostraron efectivos, no eran totalmente aceptados. Posiblemente las críticas, como ocurre en estos casos, estuviesen instigadas por quienes se sentían desplazados por el joven general. Ya en el mes de junio de 1812 comenzó a cuestionarse su personalidad y eficacia.

    Ballesteros, que en ese año contaba, no sólo con ese ejército de harapientos reclutados en los pueblos serranos, sino con nueve mil soldados de Infantería, bien pertrechados, disciplinados y en sus dos tercios fogueados en las lides bélicas, y con otros 500 jinetes de Caballería, distribuidos en Algeciras, Jimena y San Roque, no pudo superar a sus críticos, celosos de sus éxitos, que encontraron la justificación propicia para enviarle confinado a Ceuta por su resistencia a aceptar el nombramiento de Lord Wellington como Generalísimo del Ejército español. Posteriormente, y siendo ministro de la Guerra, en 1815, ponía en evidencia debilidades de anteriores mandos militares en el Campo con respecto a Gibraltar.

    La ciudad de La Línea contó con un cuartel que llevaba su nombre, y cuyo edificio, hoy dedicado a otros menesteres, mantiene la denominación del heroico militar liberal, que opuesto al absolutismo, falleció en París en 1832.


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