Viernes, 6 de Diciembre de 2019
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San Roque no quiere el ganado de los ingleses en su territorio

  • Término de San Roque frente a Gibraltar. Grabado del siglo XIX
    Término de San Roque frente a Gibraltar. Grabado del siglo XIX
    Historia

    Las relaciones del general Javier Castaños y la ciudad de San Roque nunca fueron buenas. La colaboración con los ingleses, del que luego sería triunfador en la batalla de Bailén contra los franceses, siempre fue cuestionada por los herederos de los gibraltareños exiliados. En la localidad sanroqueña no se entendía esos buenos oficios con quienes ocupaban el territorio del que eran originarios sus habitantes. El Ayuntamiento, incluso, subió el tono de sus protestas con una queja formal promovida por uno de los responsables municipales, y que tuvo como respuesta una indignada carta de quien ostentaba el puesto de general-jefe de la comarca campagibraltareña.

    La misiva del general dirigida al corregidor Ignacio Pérez Vizcaino, máxima autoridad civil y representante del rey, con residencia en San Roque, no tiene desperdicio y muestra el enfado de Castaños por el desacuerdo de San Roque.

    El 23 de agosto de 1803 enviaba el escrito en el que no ocultaba su total enojo: “si no considerase que la alta dignidad de mi empleo y la fundada satisfacción de mi modo de proceder me ponen fuera del alcance de las acusaciones criminales del Síndico Personero del Común de Vecinos de esa ciudad, don Hiscio de España exigiría de usted que reformase el escrito que ha presentado y me remite (…) para que limitándose a hechos determinados verídicos me proporcionase los conocimientos necesarios para tomar la providencia que considerase conveniente a fin de remediar los abusos que pudiesen resultar del permiso que he concedido al gobernador de Gibraltar para que mientras dure la escasez de agua  en las Balsas del Terreno Neutral, puedan los ganados de la guarnición de dicha plaza pasar a La Línea y aprovecharse de los abrevaderos inmediatos a ella y situados en el terreno que privativamente pertenecen a la Jurisdicción Militar”.

    Pero los munícipes no distinguían entre terreno militar o de cualquier otro tipo, incluso no veían con buenos ojos que los ingleses utilizaran la llamada Zona Neutral, que no dejaba de ser terreno español. Y también era cierto que el ganado, abusando de la buena disposición del gobernador español, era desplazado a otros puntos, fuera ya de los de la jurisdicción castrense. Todo ese espacio y la propia La Línea pertenecía al término sanroqueño.

    En su escrito, Castaños daba cuenta de los controles que había puesto en marcha al objeto de que la autorización se cumpliera de manera estricta: “existe en poder del Comandante de La Línea mi orden en que se prescriben las condiciones con que ha de pasar este ganado para evitar el que con pretexto de las aguas no se aprovechen de los pastos, y para que a cualquiera queja de los ganaderos o infracción de mis órdenes detenga el ganado y dé parte inmediatamente al Señor Gobernador de Gibraltar para la indemnización correspondiente”.

    Sin embargo, las indemnizaciones no era lo importante para los responsables municipales, como además quedaría puesto de manifiesto en ocasiones posteriores. La protesta iba más allá. Tenía un significado más relevante: los sanroqueños, descendientes del pueblo de Gibraltar, no entendían que el ejército que ocupaba el Peñón gozara de unos beneficios en el territorio inmediato. Un ejército que, por otro lado, siempre fue visto con absoluto rechazo.



    Tarifa plana autónomos - Junta de Andalucía
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    Por ello, el Cabildo no se había detenido en formular su queja ante la máxima autoridad del Campo de Gibraltar, obligándole a una respuesta, en la que se insistía sobre el abono de indemnizaciones: “volveré a encargar su más exacto cumplimiento, y justificándose en debida forma y con la imparcialidad que corresponde, los daños que hayan podido causar los ganados de Gibraltar, estoy seguro de que serán reintegrados por su Gobernador, interín llega el tiempo de suspender este permiso que con mucha premeditación he concedido”.

    No mucho tiempo más tarde, con motivo del intento de golpe en Gibraltar por parte del Incógnito, que ya relaté en otro momento, Castaños abortó el mismo, con gran disgusto de San Roque, de donde procedía la tropa que avanzó hacia el Peñón.

    Desde 1802, el general Javier de Castaños ostentaba el gobierno de la Comandancia, con residencia en la localidad, y el “atrevimiento” de los regidores sanroqueños fue tomado como una ofensa que jamás olvidaría.

    Las relaciones de Castaños con los ingleses eran muy estrechas, hasta el punto de ofrecer sus propios médicos cuando más tarde brotó una epidemia en el Peñón. Para estar más cerca de la vida gibraltareña se trasladó a la barriada de Campamento, al cuartel de Buenavista, donde eran habituales las grandes fiestas con los jefes militares británicos. 

    De la misma forma, y de manera unilateral, trasladó la Comandancia Militar a Algeciras, aunque oficialmente su residencia era San Roque. Existen diferentes versiones sobre esta decisión, pero, en cualquier caso, provocó un gran malestar en la ciudad.

    Y para más inri el general presidiría el consejo de guerra que hizo fusilar al general liberal sanroqueño Luis Lacy, historia que será relatada en otro momento.




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