Miércoles, 24 de Abril de 2019
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Una feria extraordinaria esperada por los gibraltareños

  • Escrito del vicecónsul británico en San Roque mostrando su colaboración con la Feria Real. Archivo Municipal de San Roque
    Escrito del vicecónsul británico en San Roque mostrando su colaboración con la Feria Real. Archivo Municipal de San Roque
    Historia
    En Gibraltar se esperaba la feria de San Roque, la más seguida por los gibraltareños junto a la velada de La Línea. Y ese interés tan especial fue en aumento porque la derrota de España en la guerra de Cuba el año anterior, con la pérdida de las últimas posesiones americanas, había llevado a la suspensión de la Feria Real sanroqueña. 

    San Roque quería que la feria de 1899 fuese singular, sirviendo para dejar atrás lo que se denominó el Desastre del 98 «elevando el espíritu de sus habitantes y, mejorar en lo que cabe, la triste situación de los mismos». 

    Al objeto de que los vecinos de Gibraltar pudieran permanecer más tiempo en la feria, se pidió al cónsul español en la colonia, que hiciese gestiones ante el gobernador de la misma para que autorizase la apertura de «las puertas». La petición fue concedida hasta la una de la madrugada, y siempre que finalizase antes la huelga que los trabajadores españoles mantenían en uno de los diques del puerto.

    Por su parte, el comandante del Campo de Gibraltar también autorizó hasta la misma hora la apertura del denominado «rastrillo» de La Línea, el equivalente a las «puertas» de la parte británica. La finalización de la huelga supuso un respiro para el Consistorio, pues la afición a los toros, espectáculo que no faltaba en la feria, era muy seguido entre los gibraltareños, que luego permanecían disfrutando en el real.

    El 11 de julio se reunió en la Casa Consistorial la comisión creada al efecto, y que estaba formada por los concejales José del Pino y José Domingo Vázquez. En la reunión se acordaron las siguientes gestiones: contratar la banda de música del Batallón Cazadores de Tarifa nº 5, de guarnición en la ciudadsolicitar de Federico García Chápoli los terrenos de su propiedad próximos a la feria para establecer el mercado de ganado; montar una tómbola invitándose para que contribuyesen a la misma a la Reina regente María Cristina, a los diputados a Cortes por el distrito y a los diputados provinciales, al gobernador civil, a los gobernadores del Campo de Gibraltar y del Peñón, así como a los obispos de Cádiz y de la propia colonia. En sustitución de los fuegos artificiales se llevaría a cabo la instalación de un alumbrado extraordinario durante todas las noches de feria y «la ascensión de globos aerostáticos con fantoches». Asimismo se hizo un llamamiento a los jóvenes de la localidad para que organizasen carreras de cintas y velocípedos.



    La feria se programó del 6 al 13 de agosto y el alcalde José María Carrasco Grondona dirigió la carta a la regente, solicitando su colaboración y destacando que el producto de la tómbola iría dirigido al Hospital de Caridad. La reina respondió enviando una figura de bronce. Muchos fueron los que contribuyeron con la citada tómbola, que ya era tradicional en las ferias sanroqueñas. Entre ellos, George F. Cornwell, responsable del Viceconsulado británico en San Roque, que residía en Campamento

    La contribución de la reina fue muy comentada entre los vecinos, atribuyendo al alcalde los buenos oficios para obtenerla.

    Del mismo modo, la primera autoridad municipal dirigió un escrito al comandante de Marina de Algeciras para que permitiese la instalación  con carácter provisional de un muelle de madera en Puente Mayorga, con objeto de utilizarlo en el embarque y desembarque de viajeros. Asimismo, se envió un escrito a la empresa Ferrocarriles Andaluces para que destinase trenes especiales con rebaja de precios y en los vapores de la misma compañía que cubrían la línea Algeciras-Gibraltar. Finalmente, y en el mismo orden de procurar una afluencia masiva a la feria, se citó a la alcaldía a las empresas de carruajes La Veloz, Ligera y Española, así como a todos los cocheros de la ciudad.

    Con el mismo carácter benéfico se obtuvo autorización de la Comandancia General del Campo y del Gobierno Civil para la organización de dos corridas los días 6 y 7. Para el sostenimiento del orden público se contó con la Guardia Civil, que lo hizo en el interior de la plaza, y fuerzas militares enviadas por la Comandancia General, en el exterior del coso taurino. Algabeño Chico y Pulga fueron los espadas de ambas tardes.

    La feria contó con la amplia colaboración solicitada y fue todo un éxito. Incluso los puestos fueron de mayor número, tanto en el real como en el mercado de ganados. Entre los chozos que se montaron había de turrón, buñolería, aguaducho, neveríajuguetes, bebidas, café de verano y abaniquería. Incluso un grupo de vecinos pudientes pudo colocar una caseta de recreo.

    Los sanroqueños querían dejar atrás el recuerdo de la guerra y al filo del nuevo siglo, intentaban pasar una página de la historia, afrontando un nuevo ciclo que llamaba a la puerta. Y los gibraltareños tuvieron su feria, la que no habían disfrutado el año anterior y que en 1899, al filo de despedirse el convulso siglo XIX, había tenido un carácter extraordinario. 


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