Domingo, 17 de Febrero de 2019

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    Capital inesperada de España: Algeciras o San Roque

  • Retrato de Fernando VII realizado por Francisco de Goya. Museo Nacional del Prado
    Antonio Pérez Girón

    Aunque de manera transitoria y por motivos extremos, San Roque o Algeciras pudieron constituirse en la capital de España. Uno de los momentos más trascendentales de la historia del Campo de Gibraltar, concretamente para estas dos ciudades no pasó de quedarse en proyecto, o en simple intención. Cuando, de acuerdo con lo decidido por las potencias reunidas en el Congreso de Verona, las fuerzas francesas llamadas los Cien Mil Hijos de San Luis, mandadas por el duque de Angulema, entraron en España y fácilmente se fueron apoderando de las principales plazas, el Gobierno liberal decidió trasladarse de Madrid a Cádiz, obligando a Fernando VII y a su familia a seguirle. El propio monarca dictó a su secretario Salcedo un diario sobre lo que ocurrió en aquella ocasión, desde el 14 de febrero al primero de octubre de 1823. Este diario se editó con el título Itinerario de la retirada que el gobierno constitucional obligó a hacer a Sus Majestades a toda su real familia a la ciudad de Cádiz.

    En el referido diario, y cuando se transcribe lo tratado durante el mes de junio hay referencias a las citadas poblaciones campogibraltareñas, dictadas a su secretario por el propio Fernando VII y, que,  por su enorme valor histórico, reproduzco:

    «Domingo, 8 de junio de 1823 (desde primeros de mayo el Rey estaba ya en Sevilla): por la noche, a las nueve, vinieron los ministros Sánchez Salvador y Calatrava a leerme un parte en que decía que los franceses iban adelantando por todas direcciones. Me dijeron que lo habían pasado a la junta de generales. Me leyeron la respuesta de ésta, reducida a manifestar que el Gobierno debía trasladarse a Cádiz o a la Isla, y me propusieron si lo habían de pasar al Consejo de Estado. Díjele que podían pasarlo, pero que el ir todos a encerrarse en Cádiz y en aquella estación me parecía un disparate, pues ir a perecer en medio de los horrores de una peste era cosa terrible. A esto me dijo Calatrava que en la Isla había casas aisladas en que se podía estar sin peligro, que él había estado dos años cuando había peste en Cádiz y se hallaba todo lleno de enfermos y también los hospitales de la Isla, y que, sin embargo, en aquellas casas nada habían sufrido. Entonces yo insistí que en cuanto a la traslación a Cádiz no podía acceder.

    Lunes, 9 de junio de 1823: por la tarde se reunió el Consejo de Estado para consultar sobre lo que los ministros habían propuesto el día anterior. Duró la sesión hasta las once, en cuya hora se suspendió porque se hallaban muy divididas las opiniones. Aquella misma noche recibí una representación sin firmar de los diputados Vega de Infazón, Taboada, González Ron, Rodríguez Paterna y Blake.

    Martes, 10 de junio de 1823: por la mañana continuó la discusión pendiente del día anterior en el Consejo. Por la noche, a las nueve, después del despacho me leyó Osorio la consulta del Consejo que proponía que en lugar de Cádiz o la Isla fuésemos a San Roque o Algeciras. Después me dijo que los demás ministros querían hablarme; le respondí que cuando quisieran. Vinieron en seguida. Me dijeron que suponían me había enterado ya de la consulta del Consejo de Estado; que en cuanto ir a San Roque o Algeciras ofrecía muchas dificultades, pues además de los malos caminos, nos hallaríamos en un punto muy cerca de una potencia extranjera, y que así su opinión era que se eligiese Cádiz o la Isla. Díjele que a ninguna de las dos accedía por las razones que ya había expuesto y que llevarme por fuerza el peligro era un asesinato, y que para esto valía más que me pegasen un tiro. A esto respondieron que la situación era terrible para todos, pero que la época de la epidemia no había llegado aún. A esto repliqué: Sí, pero no se considera que vamos a inundar aquellos puntos de gente, vamos a estar sitiados por mar y por tierra y se van a originar muchas enfermedades; lo cual acelerará la peste. Además yo no soy solo y se va a exponer a que perezca toda la familia real (...)».

    El miedo a la epidemia de peste que afectaba a la bahía de Cádiz, principalmente a la capital y a la Isla de León (San Fernando, nombre otorgado por el propio rey), planteó la posibilidad de establecer al monarca y al gobierno en Algeciras o San Roque. Pero, ¡eterno problema! las comunicaciones no eran las más adecuadas. Ello, unido a la proximidad del Gibraltar ocupado por los ingleses, hizo inviable que la comarca campogibraltareña viviese otro momento histórico inesperadamente importante. 

    Mientras esto ocurría, en el Ayuntamiento de San Roque, ajenos a la propuesta del Consejo de Estado, e ignorantes por tanto de que se había considerado la posibilidad de hacer residir en la ciudad la capitalidad del Reino, mantenía la lucha por reconquistar la de la comarca, por lo que había dirigido una petición al rey, para que fuera devuelta la residencia «de la Comandancia General del Campo, como lo había sido hasta 1802». Antes de concluir el año se recibió respuesta, contundente por cierto, que fue conocida por la Corporación el 31 de diciembre, en la que se comunicaba que el asunto quedaba definitivamente archivado «para que lo tengan presente los demás ayuntamientos sucesivos, por si intentasen hacer igual solicitud».