Jueves, 25 de Abril de 2019
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La visión republicana del contencioso de Gibraltar

  • Los dos presidentes de la II República, Alcalá Zamora y Manuel Azaña. (Wikimedia Commons)
    Los dos presidentes de la II República, Alcalá Zamora y Manuel Azaña. (Wikimedia Commons)
    Historia
    No se trata del Libro Rojo de la época del ministro Castiella, sino de los «rojos» españoles y su posición ante el contencioso de Gibraltar. No cabe duda que los distintos gobiernos españoles, dependiendo de su signo han mostrado sensibilidades diferentes, incluso, a veces, la política interesada instrumentalizó el conflicto, pero todos, en definitiva, han coincidido en lo esencial. También los republicanos de distinta ideología: liberales, conservadores, socialistas, comunistas y anarquistas. Escritores como Joaquín Costa, Arturo Barea, Mariano Granados o Robert Castrovido abundaron en ello. Aquí se muestra una somera galería de ese posicionamiento en la pluma de destacadas figuras del republicanismo español. 

    Estanislao Figueras primer presidente de la I República en su declaración a las Cortes Constituyentes de 1873: «mi posición oficial no me impide declarar, como ustedes suponen perfectamente, que el objetivo de la nación debe ser en esta como en todas las cuestiones, buscar el engrandecimiento y la prosperidad, para que esta política nos  lleve a Gibraltar y los demás ideales».

    El también presidente del primer régimen republicano Emilio Castelar, gaditano, eminente tribuno, especialmente admirado por su oratoria en España y Gibraltar, argumenta la dificultad de alianza con los británicos por el problema colonial: «Inglaterra tiene agravios inferidos a todo el Occidente, y a España, sobre todo, por detentar nuestra tierra, el Peñón de Gibraltar (…) Yo admiro mucho a la nación inglesa. Mas declaro que no puede ser nuestra aliada mientras posea Gibraltar».

    Por su parte, Alcalá Zamora, primer presidente de la II República, en su trabajo Régimen político y convivencia en España, manifiesta: «de los antecedentes resumidos resulta que ya entre Inglaterra y España sólo se plantea e interpone un problema: el de Gibraltar. Han pasado más de dos siglos, podrían pasar muchos más y ese problema seguiría vivo, aunque Inglaterra arrancara de gobiernos indignos y de España postrada un sinfín de rectificaciones, y aun conseguido la tarea fácil de britanizar por hábito, poderío, educación y conveniencia una ciudad pequeña».

    Del mismo modo, el segundo presidente de la misma República, Manuel Azaña, en sus diarios alude a una de las reuniones con los ministros: «toqué la cuestión del Estrecho, haciendo ver la importancia que tendría para España asegurar su dominio en caso de guerra. Examiné la cuestión de Gibraltar y dije al Consejo mi propósito de preparar desde el ministerio de la Guerra los planes necesarios para tener aquel dominio».

    En el campo socialista, el acreditado periodista y escritor, diputado a las Cortes Constituyentes de la II República y embajador de la misma en Berlín y París, Luis Araquistain, desde el exilio, en el diario mexicano Excelsior, el 27 de julio de 1953, bajo el título El anacronismo de Gibraltar, tras rechazar la situación colonial del Peñón, escribe: «Gibraltar ya no es nada para los ingleses, sólo el fantasma de un pasado esplendoroso».  

    Claudio Sánchez Albornoz, escritor, ministro de Estado de la II República y presidente de su gobierno en el exilio, en el trabajo De Carlomagno a Roosevelt, aparecido durante el destierro argentino, en 1943, reflexiona sobre la cuestión: «no ha habido un español de mirada alerta al papel de España en el mundo, que no haya clavado sus ojos inquietos en esa llave del Mediterráneo, que a España pertenece, que a ella debe volver y que a ella volverá, y sin cuyo dominio España no será nunca por entero independiente».

    El ministro republicano y reconocido europeísta Salvador de Madariaga, en plena crisis por el mandato de Naciones Unidas para la descolonización de Gibraltar, en 1968, escribe para el diario británico The Tablet: «también se ha hecho valer como argumento para negarle Gibraltar a España la índole especial del régimen presente. Pero hay que distinguir aquí dos cuestiones distintas: si esos diez o veinte mil gibraltareños deben o no deben entregarse a un dictador; y si hay o no hay que devolver Gibraltar a España. En cuanto al primer punto, ocurren varias respuestas. Una es que mírese como se quiera, y aun reconociendo que en la práctica diaria el régimen de Gibraltar no deja de ser liberal (salvo para los gibraltareños que se avendrían a entenderse con España) la población vive bajo la dictadura del General Gobernador».

    Y más al extremo ideológico Federica Montseny, ministra de la II República y destacada líder anarcosindicalista, retornada tras la muerte del general Franco, durante su exilio francés, editorializa en el semanario CNT, aparecido en Toulouse, el 23 de mayo de 1954: «los ingleses quieren justificar sus derechos a la posesión del Peñón, mediante el argumento –de alta calidad jurídica, según ellos– de anteponer el derecho de antigüedad al de prioridad. Es este un argumento cien por cien inglés (…) En América, en el África, en la India y en el Pacífico, fueron los parásitos de todos los descubridores, verdaderos maestros en segar la hierba bajo los pies de todos los madrugadores, y en considerar a los nativos, huéspedes en su propia casa».

    Finalmente, Joaquín Maurin, fundador del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), formación heterodoxa del marxismo catalán, en su exposición Inglaterra y España, sostiene que «en una libre federación de libres Estados europeos, la guarda del estrecho de Gibraltar tiene que ser encomendada a España».


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