Miércoles, 20 de Marzo de 2019
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Generales para el Campo de Gibraltar

  • Vista desde el norte del istmo. Gibraltar con Ceuta al fondo, realizado por Tomás Davies en 1765. Hemeroteca Municipal Francisco María Tubino. San Roque
    Historia
    Antonio Pérez Girón

    Gibraltar fue el motivo para que la comarca tuviese una Comandancia Militar propia. Y la consideración especial de San Roque, como ciudad fundada por los gibraltareños, hizo que fuese ésta su sede natural hasta su posterior traslado. La Comandancia General (convertida en Gobierno Militar a principios del siglo XX) era la réplica a la figura del gobernador británico. Hoy, a pesar de haber sido suprimidos los gobiernos militares, el Campo de Gibraltar sigue manteniendo dicho cargo, de manera excepcional y más bien simbólica, ejercido por el comandante militar de Cádiz.

    Sobre la cuestión histórica del cambio de sede se ha venido  especulando durante mucho tiempo. La desaparición de las actas capitulares sanroqueñas del período de 1802 a 1808, tras las incursiones de los franceses, dificulta un mayor conocimiento relativo a la marcha a Algeciras de esta institución militar creada en el siglo XVIII.

    Distintos investigadores han dado los años de 1804 y 1806 para su salida de San Roque. No obstante, si nos atenemos a la documentación que en su día hallé en el Archivo Municipal de esta población, la fecha exacta sería 1802. En este sentido, años más tarde, en 1823, el Ayuntamiento realizaba una petición a Fernando VIIpara que fuera devuelta la residencia «de la Comandancia General del Campo, como lo había sido hasta 1802». Antes de concluir el año se recibió una contundente respuesta, en la que se comunicaba que el asunto quedaba definitivamente archivado «para que lo tengan presente los demás ayuntamientos sucesivos, por si intentasen hacer igual solicitud».

    El que fuera cronista sanroqueño, Rafael Caldelas recogió que la Comandancia dependió de la Capitanía General de Andalucía, hasta que en 1779, con motivo del Gran Sito a Gibraltar, en el que se empleó un cuerpo de ejército, el mando recayó en un teniente general, con independencia del radicado en Sevilla.

    La Comandancia del Campo de Gibraltar mantuvo su autonomía hasta una Real Orden de 9 de octubre de 1815, corroborada por otra de 1862, por la cual se pasaba nuevamente a depender de la citada capitanía. La misma orden establecía definitivamente los límites, comprendiendo las localidades de San Roque, Tarifa, Los Barrios, Algeciras, Jimena, Castellar y Alcalá de los Gazules, pues La Línea era una barriada sanroqueña.

    El traslado de la Comandancia desde San Roque a Algeciras se produjo de hecho durante el mandato del teniente general Francisco Javier Castaños (1802-1808), y ya de derecho, mediante Real Resolución de 2 de mayo de 1815. El Ayuntamiento sanroqueño culpó al último de los comandantes generales, José María de Alós, por «tan notorio agravio a sus privilegios». 

    A las acciones negativas de Alós se unió la autorización dada al almirante británico Heming para realizar excavaciones en el yacimiento romano de Carteia, perteneciente al municipio sanroqueño. Todo un atentado al patrimonio histórico, pues el fruto del expolio fue trasladado a Londres

    Por su parte, con Castaños -como ya quedó recogido en otro artículo- el Ayuntamiento sanroqueño había tenido diferentes roces. Desde el Consistorio se llegó a censurar su estrecha relación con los ingleses. Era evidente que el militar se sentía incómodo en el municipio y evitaba por todos los medios tratarse con el Cabildo, al que jamás perdonaría el atrevimiento de intentar corregirle.

    De otro lado, como he venido manteniendo desde hace más de veinte años, la residencia de los comandantes generales en su etapa sanroqueña, se hallaba en el número 4 de la entonces calle Gibraltar (hoy Siglo XX), no en el edificio que se conoce como Palacio de los Gobernadores, sede actual de la Delegación Municipal de Cultura. Sin embargo esta denominación es relativamente nueva, pues con anterioridad y por pertenecer a la familia Berlanga, el inmueble era conocido como Casa de Berlanga. En otros momentos se le denominó Casa de la Torre.

    A mi modo de ver, la documentación municipal y los datos del Registro de la Propiedad, aclaran el lugar exacto donde se hallaba dicha residencia. La inscripción en el Registro, se refiere a la casa de Siglo XX, como la «nombrada de los Generales». Y a continuación reseña las calles colindantes, coincidentes de manera plena. Esta afirmación registral se refuerza con los documentos municipales, principalmente cuando tienen lugar las celebraciones con motivo de las proclamaciones reales, y se recoge el recorrido de la comitiva municipal. A este respecto entre las calles en torno al antiguo Ayuntamiento, y en un itinerario lógico figura «las Casas Moradas de los señores Comandantes Generales». Y no es que fuesen de color morado, sino donde moraban o residían los comandantes del Campo de Gibraltar. Inmueble que no era otro que el que he mencionado.

    Con ello queda automáticamente descartado el conocido actualmente como Palacio de los Gobernadores, pues, siguiendo con el desfile (fiesta por la proclamación de Carlos IV),  y tras pasar por la calle donde se hallaba la vivienda «nombrada de los Generales», continúa el recorrido para alcanzar «la Plazuela de la Iglesia en el que tiene su casa doña María Berlanga».

    Entonces, ¿de dónde salió el nombre de Palacio de los Gobernadores para el bello edificio de la Plaza de la Iglesia, declarado Monumento Histórico Artístico en 1972 y en la actualidad Bien de Interés Cultural de Andalucía?

    Fue el cronista oficial y director del Museo Histórico Local, José Domingo de Mena, mediante un escrito fechado el 16 de noviembre de 1968, quien avaló que el referido lugar había sido la sede de los comandantes militares de la comarca. La motivación no pudo ser otra que, desconociéndose entonces el lugar exacto, y dadas las características del inmueble, más propio para residencia oficial que el de la calle Siglo XX, concluyera que se trataba del lugar idóneo. A esa buena fe del escritor se unía el interés municipal para que allí se instalara el Museo Gibraltar, para lo cual el gobierno de entonces comenzó las expropiaciones de la finca. A este respecto se procuró revestir al inmueble de una importancia histórica que realmente no tenía, independientemente de la belleza del mismo y lo favorable de su emplazamiento. 

    Por cierto, que la verdadera residencia de los gobernadores, de propiedad particular, fue derribada hace algunos años y el proyecto de Museo Gibraltar no pasó del Boletín Oficial del Estado.


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