Lunes, 22 de Abril de 2019
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La lucha por reconstituir la ciudad de Gibraltar en el exilio (II)

  • Litografía de la primera mitad del siglo XIX. Producida en Londres por J. y E. Harwood
    Litografía de la primera mitad del siglo XIX. Producida en Londres por J. y E. Harwood
    Historia
    Si la salida del pueblo gibraltareño tuvo mucho de movimiento popular, pues no se había dado orden por autoridad alguna para que ello sucediese (más aún habiéndose ofrecido por el enemigo unas honrosas capitulaciones),  la elección de un lugar estable para poblar tuvo caracteres asamblearios. Algo inédito y de enorme relevancia si tenemos en cuenta que transcurrían los primeros años del siglo XVIII. Todo ello –como aludía en el artículo anterior– a pesar de las tensiones lógicas entre quienes lo habían perdido todo por voluntad y se mantenían con enormes dificultades. He sostenido, aún reconociendo la primera reunión oficial, –registrada en acta de junio de 1706–, que con anterioridad ya hubo otros encuentros en los que participó el pueblo llano. 

     

    Para ello es testimonio fundamental el expediente de hidalguía de Guillermo Hillson, uno de los fundadores de la actual ciudad de San Roque. Bien es verdad, que cuando se produjo el mandato real de reorganizar el Cabildo exiliado de Gibraltar, sus pobladores, los refugiados, no pretendían crear una nueva ciudad, sino establecer la de Gibraltar en lugar perteneciente a su término, en territorio no ocupado

     

    El expediente citado arroja luz sobre una reunión anterior a la de junio, y como ya quedó demostrado, fue en la finca propiedad del regidor Bartolomé Luis Varela, donde no sólo tuvo consideración de Cabildo, sino que participaron «otros señores, nobles y plebeyos», produciéndose un giro democrático para la época, pues se recoge «para que a pluralidad de votos se señalase el paraje donde se había de poblar». 

     

    Si la junta de junio fue la pura de regidores, la anterior fue una auténtica asamblea popular dispuesta a elegir el punto más adecuado para reagrupar a la población refugiada. Debió producirse entre los últimos días de mayo y antes del 18 de junio, día en que se reunió formalmente el Cabildo, tomando las primeras medidas administrativas.

     



    El vacío de poder existente tras ser llamado a la corte el alcalde mayor de Gibraltar, Cayo Antonio Prieto Lazo de la Vega, al poco de producirse el éxodo, intentó ocuparlo el regidor decano Rodrigo Muñoz Gallego. Sin embargo, fue el regidor Varela el que trató de imponerse en la opción para elegir el punto idóneo para erigir la ciudad. 

     

    Con todo, sorpresivamente, como relata el propio Hillson, luego de formarse «el Cabildo y Junta» en esa asamblea no recogida en acta,  –tal vez por la asistencia de personas ajenas al propio Ayuntamiento gibraltareño, que impedían una fórmula legal– «se dirigieron todos los concurrentes a tomar mi parecer con anticipación a otro alguno, y así propuse que mi parecer era que con respecto al sitio donde se había de poblar lo había de ser a la inmediación de la capillita del Señor San Roque en virtud de la proporción que prestaba la dicha Capilla, lo saludable del sitio, pues había la experiencia de que los que habían venido apestados antes de ahora luego que llegaban a la cercanía de la dicha capillita sanaban todos, y por separado que estando en la altura y cerro en que estaba se veía perfectamente la perdida ciudad y plaza de Gibraltar, con su muelle, arenales de mar de Levante y Poniente y al mismo tiempo de que se estaba en el centro de todas las haciendas, con otras varias ventajas que expuse, por las cuales y de las que dejo referidas, contestaron todos los señores Regidores, los nobles y plebeyos que allí asistían, que lo que había manifestado les complacía y unánimes todos (…)». Testimonio excepcional que es reflejado sólo veinte años después. 

     

    Hillson estuvo presente en el último Cabildo celebrado en Gibraltar, pero no asistió al que tuvo lugar en la finca de Varela y sin embargo, nada más finalizar ésta, los asistentes se dirigieron a su casa para solicitar su opinión. Fueron muchos los que le echaron de menos y se desconocen las razones por las que no estuvo presente en aquella crucial reunión, a la que se habían desplazado refugiados desde distintos puntos de lo que hoy conocemos como Campo de Gibraltar. Tras una intensa discusión no debió producirse un acuerdo definitivo, o tal vez se pretendía el refrendo de quien venía luchando por el reagrupamiento del mayor número de gibraltareños, y desde el primer momento tenía claro el sitio para llevarlo a efecto.

     

    Ello habla del peso de este personaje que hasta hace unos años resultaba desconocido, mientras que en San Roque se había mitificado al regidor Varela, cuando realmente se había opuesto frontalmente a los planteamientos de Guillermo Hillson

     

    Hillson, sin ocultar su alegría, pues su posición había sido refrendada, manifestaría, «(…) continuaron diciendo que sin detención se reunirían a formar sus casas y sus chozas». Como así ocurrió tras una pugna que había dividido al Cabildo gibraltareño. A esa lucha, solventada por mayoría de votos, y recogiendo la opinión determinante del influyente refugiado, me referiré en un próximo artículo. 


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