Viernes, 14 de Mayo de 2021
Twitter
Facebook
Youtube

La faceta política de un bandolero de leyenda      

  •  Inscripción en la tumba de El Tempranillo en el patio de la iglesia de la Inmaculada Concepción, en la localidad malagueña de Alameda (Diputación Provincial de Cádiz)
    Inscripción en la tumba de El Tempranillo en el patio de la iglesia de la Inmaculada Concepción, en la localidad malagueña de Alameda (Diputación Provincial de Cádiz)
    Historia

    Que un bandolero contara con una faceta política era algo especialmente extraño, para muchos, imposible. Esa excepción estaba personificada en José María Hinojosa El Tempranillo. A su figura vuelvo tras un artículo anterior –ver en este medio “El famoso bandolero José María El Tempranillo se acerca a Gibraltar”- y el interés de algunos lectores en conocer algo más de esa vertiente del famoso delincuente, reconvertido a agente del orden.

    José María  era un hombre de ideas liberales, decididamente enfrentado a Fernando VII y el absolutismo, o al menos algunos de sus comportamientos de sus filias y sus fobias, lo denuncian como tal, tanto en manifestaciones de odio a los absolutistas o «servilones», como participando en actividades concretas. 

    Así ocurría, por ejemplo, a principios de 1831, con ocasión del desembarco desde Gibraltar del general Manzanares. En esa fecha se produjo en Los Barrios un levantamiento militar contra el régimen absolutista. Lo dirigió Salvador Manzanares, héroe de la guerra de la independencia y ministro de la Gobernación durante el Trienio Liberal (para él bordaría la granadina Mariana Pineda la bandera verde, con el lema ley, libertad igualdad).

    Contaba Manzanares para el éxito de su misión con la promesa de apoyo de varios grupos militares y ciudadanos, entre los que se encontraba José María y su partida. Se sabe que Manzanares partió de Gibraltar el 21 de febrero de 1831 con unos 200 hombres y que desembarcó de madrugada en la playa de Getares, dentro de la bahía de Algeciras. 

    Pero, fuera por lo precipitado de la rebelión o porque le faltaron los apoyos prometidos, antes del mediodía se vieron cercados por las fuerzas del Gobierno y por voluntarios realistas de Estepona que se le interpusieron en su camino. A media legua de esta población se entabló entonces un duro combate, con un desgraciado resultado para los sublevados.

    José María, que fue uno de los pocos que acudió puntualmente en ayuda de Manzanares, llegó justo a tiempo de salvar al jefe del levantamiento quien, aprovechando la ayuda recibida, huyó hacia Sierra Bermeja. La Gaceta de Madrid del 8 de marzo, comentaría a este propósito: «se sabe que no sólo las tropas y voluntarios realistas, sino también los simples paisanos, han acudido de todas partes al exterminio de los malvados. Sólo el célebre facineroso José María es el que había engrosado con sus bandoleros a la facción».

    La represión absolutista fue, entonces, sangrienta. Por negarse a delatar a los conjurados, Mariana Pineda, por ejemplo, fue ejecutada en Granada. Contra El Tempranillo se expidió una real orden que ofrecía ocho mil reales a quien lo entregara vivo o muerto. Se comentó que el propio bandolero, burlándose del edicto, firmó uno de esos papeles expuestos al público, escribiendo encima: «Rúbrica el susodicho, José María».

    Muchos fueron los quebraderos de cabeza que el rey tuvo por las acciones del bandolero, que controlando Sierra Morena, imponía un «peaje», una especie de seguro obligatorio para los viajeros. Tanta fue su osadía, que impuso la obligación de pago hasta a los transportes oficiales. La propia Dirección General de Correos entregaba una onza de oro por cada vehículo que cruzaba «su territorio».





    Eludiendo procedimientos violentos, El Tempranillo castigó de manera especial a caciques y terratenientes, consiguiendo la simpatía entre muchos braceros.

    Por ello, Fernando VII tenía especial interés en que su enemigo -que contaba con un extendido servicio de información y apoyo en muchos pueblos andaluces -, se acogiera al indulto que estaba dispuesto a extender de inmediato.

    Acogido al mismo, y nombrado comandante general del Escuadrón Franco de Protección y Seguridad Pública, El Tempranillo pasó, con la mayoría de sus hombres, a enfrentarse a las partidas de bandoleros que se extendían por los campos andaluces. En esa labor perdería la vida, tal como quedó reflejado en el artículo anterior, en la que parece la hipótesis más plausible. Por su parte, su compadre Juan Caballero, que también había ejercido el mando del citado escuadrón, alude a la conocida fuga de un grupo de presos tras dar muerte a los soldados que lo conducía. 

    El 22 de septiembre de 1833 partió José María con sus hombres al encuentro de los fugados, cerca del pueblo malagueño de Alameda, y según el relato de Caballero, tras comprobar que los reclusos se habían parapetados en unas peñas, «José María creyendo que su fama era bastante para reducirlos se apeó y dirigiéndose a ellos sin sacar la pistola les dijo: ´Entregarse muchachos que yo soy José María El Tempranillo´; y parece que esta fue la única vez en su vida que se llamó a sí mismo con ese nombre porque nunca le gustaron los apodos (…) Pero los fugitivos no hicieron caso y al acercarse José María le disparó uno joven que llamaban el Barberillo, pasándole el pecho».

    En cualquier caso ese día, defendiendo la ley, el popular bandolero perdió la vida. Murió pronto –contaba veintiocho años–  como intensa fue su vida. El propio apodo de El Tempranillo se debió a que con tan sólo dieciséis años se vio obligado a huir de la justicia. Unos dicen que tras dar muerte a un adulto que había violado a su madre viuda, otros tras una relación amorosa que resultó imposible. José María  había conoció en Montilla a María Cobos, pero la intransigencia del padre de la chica que, al parecer, contrató a un matón, para provocarle, hizo que el joven apuñalara mortalmente a éste.

    Lo cierto es que el gran amor de José María fue María Jerónima Francés, vecina de Torre Alháquime, con quien contrajo matrimonio en la villa de Alameda en el mes de junio de 1828. Ella murió de parto estando acorralado el bandolero por los agentes del orden, consiguiendo salir a caballo con el cadáver atado a la espalda y el hijo en la faja. Pudo entregar el cuerpo de su esposa a los familiares y bautizar a su hijo en Grazalema

    A la leyenda del bandolero habría que unir otra hipótesis, ¿no pudo ser su muerte un asesinato encubierto, promovido por su enemigo, el rey Fernando VII?

     




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas