Domingo, 16 de Mayo de 2021
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Un campogibraltareño rescata los restos del Cid y de su esposa Jimena

  • Francisco María Tubino, un destacado andaluz

    Francisco María Tubino. Archivo de la Hemeroteca Histórica del mismo nombre (San Roque)
    Francisco María Tubino. Archivo de la Hemeroteca Histórica del mismo nombre (San Roque)
    Historia

    Hace unos días el diario, El País publicaba un reportaje sobre cómo, gracias a las gestiones del novelista Camilo José Cela, fue recuperado un trozo de occipital del Cid Campeador, el héroe medieval fallecido en Valencia en 1099. El hueso fue depositado en 1968 en la Real Academia Española.

    Sin embargo, probablemente sean muchos los que desconozcan que fue un sanroqueño el que consiguió la devolución de la mayor parte de la osamenta de Rodrigo Díaz de Vivar y de su esposa Jimena. Francisco María Tubino era un intelectual reconocido y había sido nombrado por Alfonso XII comisario para exposiciones internacionales.

    En ese marco tuvo conocimiento de la existencia de lo sustraído por las fuerzas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia. Se hallaba en propiedad del príncipe alemán Carlos Antonio Hohensollerm en el museo que éste tenía en el castillo de Sigmaringen.

    Las tropas de Napoleón, después de la batalla de Burgos, en 1808, profanaron las tumbas que se hallaban en el monasterio de San Pedro de Cardeña. Los huesos fueron repartidos e incluso se extendió un certificado años más tarde en París, donde se daba fe de ello . Tubino puso todo su empeño en el rescate y trató directamente con el príncipe.

    El 24 de abril de 1882 se efectuó una primera diligencia con la participación de científicos que establecieron que los restos se correspondían con la antigüedad de los históricos personajes.

    A partir de entonces el escritor realizó investigaciones en París y accedió al certificado de 1811 firmado por miembros del cuerpo legislativo francés. Allí se describía cómo al producirse el destrozo los mandatarios franceses “entrados en la iglesia, encontraron en el coro y al pie del altar mayor, la tumba doble del Cid y de Jimena, con la cubierta quitada y puesta al lado de los sepulcros”.

    Luego se añadía que “de su lado derecho tomaron varios huesos, y otros del izquierdo, y algún pedazo de la caja de madera, que se deshacía al tocarla”.

    Una parte importante de los huesos fueron retenidos por el príncipe francés Salm Dyk, que los mantuvo hasta su cesión al aristócrata alemán. Continuó Tubino su exploración recomponiendo el recorrido del expolio del ejército francés. Una vez asegurada la colaboración de Hohensollern, él mismo portó la carta oficial del rey Alfonso XII.

    Al siguiente año, en un acto público de extraordinaria brillantez, los huesos fueron restituidos y entregados al Ayuntamiento de Burgos. Testimonio de todo ello dejó el sanroqueño en el libro Los restos mortales del Cid y de Jimena devueltos a España.

    Este extraordinario servicio le ocasionó numerosas envidias entre intelectuales y políticos de la época. Y así, con amargura, dejó constancia en la mencionada publicación: “Sabía que la envidia es inflexible con el bien del prójimo, esperaba recibir disgustos con ocasión de aquello mismo que tantas nobles y espontáneas felicitaciones me suscitaba, pero nunca imaginé, que hallándome ausente del campo de la política, hacía muchos años, y por tanto sin rivales ni contradictores eventuales en ella, hubiera quien me tratase con una saña y un encono conocidos solo entre los que batallan por el disfrute del poder”.





    Acercamiento al protagonista

    Francisco María Tubino Oliva fue director y luego también propietario del diario más importante de Andalucía, el sevillano La Andalucía. Republicano federal fue el promotor de lo que podría considerarse el primer andalucismo.

    Nació en San Roque en 1833 y falleció en Sevilla en 1888. En la capital hispalense estudió Filosofía y Letras, sintiendo muy pronto la vocación periodística. Como cronista vivió la guerra de África de 1859-1860, desarrollando su trabajo en Cádiz, Sevilla y Madrid, donde fundó la Revista de Bellas Artes y la Revista de Arqueología.

    Su labor como arqueólogo ha sido ampliamente destacada en numerosos estudios. Asimismo, rescató una serie de códices árabes que cedió a la Universidad de Sevilla.

    Como escritor abordó todos los temas. En el orden histórico, Un trono en México, La Corte de Sevilla, Historia de la monarquía castellana durante el reinado de Pedro I, Estudios prehistóricos o Los aborígenes ibéricos son algunos títulos de su extensa nómina.

    Estudioso de la cultura y el arte escribió Murillo y su época, El arte y los artistas contemporáneos de la Península, Estudios sobre el Arte en España, La filosofía del arte en Andalucía, La reforma artística, La escultura contemporánea, Introducción al romanticismo en España, Pablo de Céspedes y su época y El Renacimiento literario contemporáneo en Cataluña, Baleares y Valencia.

    En el campo de la política y la sociología: Estudios contemporáneos, Esto matará aquello, Las ciencias del hombre según las más recientes e importantes publicaciones, Gibraltar ante la historia, la diplomacia y la política y Patria y federalismo.

    En el terreno de la filosofía escribió La crisis del pensamiento nacional y el positivismo. Asimismo fue un destacado cervantista dando a la imprenta los libros El Quijote y la estafeta de Urganda y Cervantes y el Quijote.

    Como reconocimiento a su trabajo fue nombrado académico de la Real de Bellas Artes de San Fernando y de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, así como socio de sociedades de diferentes países europeos.

     




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