Miércoles, 20 de Noviembre de 2019
Twitter
Facebook
Youtube
Junta de Andalucía - Gusto del Sur

Castaños condena a muerte al general campogibraltareño Luis Lacy (II)

  • Retrato del general Lacy por Augusto Vázquez Cano (Ayuntamiento de San Roque)
    Retrato del general Lacy por Augusto Vázquez Cano (Ayuntamiento de San Roque)
    Historia

    Nombrado capitán general de Cataluña lo primero que hizo el general Luis Lacy fue hacer un llamamiento para la reagrupación de las fuerzas dispersas y tratar de levantar el ánimo de la población tras la pérdida de Tarragona. Ordenó que cesara la requisa de caballos, pagándose a los propietarios por los que fueran necesarios y se ganó el aprecio de la población civil. Según la Hoja de Servicios del militar en los veinte meses que actuó en dicho territorio contabilizó 73 acciones victoriosas «a excepción de la de Altafulla que fue contra su dictamen y no presenció».  

    Sin embargo, Lacy comenzó a recibir críticas en las Cortes. Principalmente del diputado catalán Juan del Valle, que llegó a acusarle de inactividad y arbitrariedades.

    A Galicia fue destinado por la Regencia en enero de 1813. Tomaba el mando de la llamada Reserva de Galicia, compuesta de 50.000 hombres y el puesto de capitán general. En La Coruña ingresó en la logia Constitucional de la Reunión Española. Hay que tener en cuenta que las logias constituían verdaderos núcleos de conspiradores liberales.

    La compenetración de las autoridades locales de La Coruña con el militar quedó patente a raíz del anuncio de su relevo. En marzo de 1814 el Ayuntamiento de La Coruña solicitó del Gobierno la continuidad de quien tanto había hecho por los gallegos.

    En Galicia había sido el primer firmante de un grupo de 330 ciudadanos que felicitaron a las Cortes por decretar que el rey debía jurar la Constitución a su vuelta de Francia. Los firmantes del manifiesto ensalzaban el decreto parlamentario, «después de respirar tantos años el fétido vapor del despotismo, de gozar ahora el aire puro de una dulce libertad a favor de justas y sabias leyes».





    En diciembre de 1816 retornó Lacy a Cataluña con destino en Mataró. No tardó en organizar un golpe que restituyera la Constitución, abolida por Fernando VII. Junto con su amigo el general Milans del Bosch preparó el pronunciamiento para el día 5 de abril de 1817. Como señala el reconocido historiador Roca Vernet, «planearon reunir en Arenys las tropas de las guarniciones de Mataró y Arenys para dirigirse a Barcelona, donde se unirían a ellos la trama civil de la conspiración y los militares insurrectos de la guarnición. La indecisión de algunos oficiales y las delaciones provocaron que la tropa se sintiera engañada y decidiera volver a los cuarteles». La mayoría de los mandos pudieron cruzar la frontera con Francia. En cambio Lacy perdió un tiempo precioso al parar a descansar durante cuarenta horas en el término de Tosa (algunos autores señalan Lloret). Se ha escrito que el perseguido confiaba en que Castaños –al que consideraba amigo– no le iba a prender, mientras que también se ha afirmado que el general marchaba enfermo de gota. A ello se unía que junto a él huía la persona con quien mantenía una relación sentimental, Rosa Larquier.

    El perseguidor de Lacy, el brigadier Manuel Llauder, en sus memorias publicadas en 1844 reconoce esa demora en la huida como causa de la detención: «Si hubiese continuado su marcha 24 horas antes, contentándose con 16 de descanso en aquel punto estaba a salvo. ¡Su mala estrella lo dispuso de otra manera!».

    Castaños era conocedor desde el primer momento de los movimientos de los rebeldes y, una vez controlado el pronunciamiento, hizo público un manifiesto en el que explicaba las medidas tomadas: «las enérgicas providencias que tomé desde el momento que por especial favor de la Providencia tuve la primera indicación de tan brutal atentado, desbarataron en su origen las quiméricas maquinaciones de los sediciosos, y acosados por todas partes están ya en prisión casi la mayor parte de los que hasta aquí pueden calificarse  como tales».

    Su actuación, olvidándose de la buena relación con el general apresado, se dirigió a dictar una pena ejemplar en el consejo de guerra. En una argumentación ambigua señalaba el vencedor de Bailén: «No resulta del proceso que el Teniente General D. Luis Lacy sea el que formó la conspiración que ha producido esta causa, ni que pueda considerarse como cabeza de ella; pero hallándosele con indicios vehementes de haber tenido parte en la conspiración, y sido sabedor de ella, sin haber practicado diligencia alguna para dar aviso a la autoridad más inmediata que pudiera contribuir a su remedio, considero comprendido al Teniente General…». Y citaba los artículos que para el caso contemplaban las reales ordenanzas, pero a continuación en un alarde de cinismo y pareciendo hacerle un favor al procesado, continuaba: «considerando sus distinguidos y bien notorios servicios (…) es mi voto que el teniente general D. Luis Lacy sufra la pena de ser pasado por las armas (…)». Proceso lamentable y con sentencia fijada para antes de su inicio.

    Los liberales barceloneses se movilizaron y montaron un plan para liberar al general, pero fracasado éste, se dispuso el traslado hasta Mallorca para dar cumplimiento seguro a la sentencia de muerte. Temeroso aún el Gobierno de que se intentara el rescate  durante la travesía, se dictaron órdenes expresas para quitar la vida al detenido de manera inmediata, si dicho intento se llevase a efecto. 

    Camino de su fatal desenlace la leyenda del prestigioso militar progresista fue creciendo, y aún habría de brillar más tras su muerte. De ello trataré en un próximo artículo.




    Noticias relacionadas con:

  • Save the children