Domingo, 17 de Octubre de 2021
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Centenario del desastre de Annual (I)

  • Un poema le aúpa a la secretaría del futuro general Silvestre

    Imagen inédita de Domingo de Mena, a la izquierda, en  su destino en Marruecos
    Imagen inédita de Domingo de Mena, a la izquierda, en su destino en Marruecos
    Historia

    Un poema llevó al periodista y escritor sanroqueño José Domingo de Mena - que cumplía servicio militar en Marruecos- a la secretaría del entonces teniente coronel Manuel Fernández Silvestre, más tarde, con el grado de general, derrotado y suicidado en el llamado desastre de Annual, hace ahora cien años.

    Alguien llevó al despacho del militar el romance “Suenan las guitarras en el campamento”, y entusiasmado Silvestre mandó llamar al joven poeta para felicitarlo personalmente y hacerlo su secretario particular.

    Transcurría el año 1911 y ese cometido cambiaría, -en ausencia de Silvestre-, al ser trasladado Domingo de Mena, de Alcazarquivir a Larache como dibujante en el Gabinete de la Comandancia de la ciudad.

    De su malogrado jefe escribiría muchos años después que lo recordaba “con grande y perdurable devoción, asombrándome de lo mal que fuera conocido y juzgado por algunos”.

    El escritor en ciernes era un magnífico dibujante, y como recogió años después en uno de sus escritos -no publicado-, se transformó prácticamente en jefe del servicio: “pues los demás, el capitán inclusive, eran tan sólo delineantes, y en vistas de mis modestas aptitudes para el paisaje, se me confió la realización de las vistas panorámicas de Larache, Alcazarquivir, Arcila y la posición de Zarkunz”. En este último lugar entró en fuego en dos ocasiones.

    A estos trabajos militares le imprimió un sello artístico, “sin perjuicio de la topografía, reproduciendo a todo color árboles, nubes y hasta alguna figura”, escribiría.

    Las vistas y sus reproducciones fotográficas eran enviadas directamente al rey, al Ministerio de la Guerra, la Dirección General de Ingenieros y la Comandancia de Sevilla. Como compensación consiguió el soldado, “la estimación que merecía a mis jefes y ser en consecuencia rodeado por ellos de toda clase de consideraciones, las que de hecho venían a convertirme en poco menos que en un oficial honorario”.

    Esa relación con el mundo militar venía desde fecha anterior, pues había organizado un acto de homenaje popular a los héroes de la batalla Taxdirt, en la guerra de Melilla. En este enfrentamiento se había distinguido el Batallón Cazadores de Tarifa, de guarnición en San Roque.





    Un batallón para la ciudad

    El mencionado batallón -plana mayor y dos compañías- llegó al municipio en la noche del 27 de junio de 1899 y el Ayuntamiento facilitó cinco carros para el traslado desde la Estación de ferrocarril del material perteneciente dicha fuerza.

    No obstante, la petición de construcción de nuevos armeros en el cuartel fue denegada, pues los gastos ocasionados por la llegada de los militares no permitían nuevos desembolsos municipales.

    A la alegría experimentada por el Consistorio y la propia población se uniría la visita en 1901 del ministro de la Guerra, Valeriano Weyler, que había sido capitán general de Cuba.

    Su llegada fue provechosa para el municipio, pues al poco dieron comienzo las obras del nuevo cuartel, una anhelada pretensión del municipio. En agradecimiento, el Ayuntamiento, que presidía Juan Zurita Torres acordó dar el nombre de Weyler a una de sus plazas -la actual Plaza de Armas-. Asimismo, mandó colocar una lápida en la desaparecida torre de Sierra Carbonera, que fue visitada por el militar. 

    Retornando a Marruecos, los aires de guerra volvieron a correr en 1909. Rebeldes rifeños atacaron a los obreros que trabajaban en la vía férrea de Melilla, surgiendo el enfrentamiento armado.

    La opinión pública española fue muy contraria a la intervención en África. Allí eran enviados los soldados que no podían pagar la cuota establecida para librarse del servicio militar. En Barcelona se desataron graves disturbios, la conocida como Semana Trágica.

    La marcha al combate de la fuerza asentada en el municipio dejó un importante vacío. Ante esa ausencia el concejal Salas González planteó la oportunidad de solicitar ante el Ministerio de la Guerra, la asignación a la ciudad de una batería de artillería que iba a salir de Ceuta. Ello no fructificó y el municipio estuvo muy pendiente de lo que acontecía en Marruecos.

    En este sentido, el Ayuntamiento, en su reunión del 25 de septiembre, envió telegramas al comandante militar de Melilla y al general de brigada del Campo de Gibraltar, interesándose por los heridos del batallón y felicitando por el triunfo obtenido en un combate producido el día 20. 




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