Domingo, 17 de Octubre de 2021
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Dibujos desconocidos de Fortuny del Hospital de Sangre de San Roque

  • Uno de los dos dibujos realizados por Mariano Fortuny del Hospital de Sangre de San Roque.  (Museo Nacional de Arte de Cataluña)
    Uno de los dos dibujos realizados por Mariano Fortuny del Hospital de Sangre de San Roque. (Museo Nacional de Arte de Cataluña)
    Historia

    Con enorme satisfacción he podido comprobar que el internacionalmente reconocido pintor catalán Mariano Fortuny (Reus 1838-Roma 1874) estuvo en San Roque, donde, al menos, realizó dos dibujos del Hospital de Sangre, que por iniciativa catalana se instaló en la ciudad con motivo de la conocida como Guerra de África. Estas obras se encuentran en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, siendo desconocidas en el Campo de Gibraltar.

    Fortuny estuvo en la contienda como cronista gráfico por encargo de la Diputación de Barcelona, y se incluyó en la compañía del periodista y escritor granadino Pedro Antonio de Alarcón, posterior autor del exitoso libro Diario de un testigo de la Guerra de África.

    La vinculación catalana con San Roque sería muy estrecha durante el conflicto bélico. El propio general Prim permaneció en la ciudad al mando de la división que habría de embarcar en Algeciras con destino a Ceuta. Pero fue la puesta en marcha del Hospital de la Provincia de Barcelona para los heridos de la Guerra de África, lo que supuso un estrechamiento de lazos entre catalanes y sanroqueños.

    La iniciativa partió del barcelonés José de Esteva Vidal, caballero del Santo Sepulcro, quien ofreció al Gobierno el montaje de un Hospital de Sangre, a ubicar en algún punto cercano a los combates.

    Al objeto de servir de soporte a este proyecto, que fue aceptado por Isabel II, quedó constituida en la capital catalana la Junta Barcelonesa de Socorros a favor de los heridos de la Guerra de Marruecos. Entidad que pasó a presidir Manuel Villaronga, capellán de honor de la catedral de Barcelona, asistido por una comisión dirigida por Mariana Garriga Lluch.

    El Gobierno informó que el centro hospitalario se instalaría en Málaga. Y hasta esa ciudad marcharon diez religiosas de la orden de Nuestra Señora del Carmen, procedentes de la localidad catalana de Vich. Era su directora Teresa Prat, siendo auxiliada por los religiosos Mariano Aguilar y Francisco Rexach.

    El Gobierno ordenó al equipo instalarse en San Roque

    Trasladado todo el equipo a la capital malagueña, se recibió una orden del Gobierno para que la instalación se efectuase en San Roque. Cuando esto ocurría ya comenzaban a llegar a la población los primeros heridos en combate, que eran atendidos en el Pósito Público, convertido en hospital militar.

    En agosto de 1859 los marroquíes destruyeron la obra del reducto fronterizo en torno a Ceuta y algunos hitos de la delimitación de la frontera con el escudo de España. Al reanudarse las obras un ataque rifeño produjo algunos muertos. La declaración de guerra por parte española tuvo lugar el 22 de octubre. La guerra finalizó con la ocupación de Tetuán por el ejército español el 27 de marzo de 1860.

    Al mes siguiente se firmaba en Tánger el Tratado de Paz por el que Marruecos indemnizaba a España con cuatrocientos millones de reales de vellón y, al mismo tiempo, se ampliaban los límites en la zona de Ceuta.

    Pero volvamos al papel de los sanitarios llegados de Cataluña. El equipo dirigido por José Esteva Vidal tenía orden de instalarse, “en el Hospital de Barracones”, donde se hallaba el cuartel.





    El centro hospitalario quedó constituido con 200 camas de hierro, 200 mantas, 80 quintales de hila, vendas, compresas y ropa blanca. El Ayuntamiento adaptó las instalaciones, llevando a cabo la obra de enlosado de las habitaciones que no lo estaban. 

    Ya en pleno funcionamiento, por conducto del vocal de la Junta Barcelonesa Esteba Boy, se aumentó el material con 100 camas más, 600 camisas, 150 gorros, 100 toallas, 200 servilletas y 100 mantas. El mismo vocal facilitó una lápida de mármol blanco con la inscripción “Hospital Provincial de Barcelona para los heridos en África.1859”.

    La colocación de dicha lápida se solemnizó con una serie de actos que dieron comienzo al amanecer del 14 de febrero de 1860 con el repique de campanas. A las nueve de la mañana, el obispo de Gibraltar Juan Bautista Scandella ofició una misa. En este acto tomaron la palabra el director José de Esteva y el inspector delegado de la Junta barcelonesa Miguel Puig.

    A continuación todos los asistentes, con el alcalde Andrés Vázquez Gutiérrez a la cabeza, se dirigieron al hospital, donde fue bendecida la lápida por el obispo. Colocada en el arco frente a la puerta principal, tenía esculpidos los escudos de la ciudad condal y de San Roque. Una banda de música compuesta de jóvenes de la localidad amenizó el acontecimiento.

    Las puertas del hospital fueron abiertas a todos los vecinos. Los heridos y enfermos que pudieron concurrir fueron obsequiados con una comida especial, servida por las religiosas enfermeras.

    Fin de la guerra

    Cuando acabó la guerra, en sesión municipal del 30 de mayo, la Corporación municipal, dejó constancia expresa del agradecimiento a Esteva Vidal, destacando la gran labor realizada por éste, quien personalmente se ocupaba de la asistencia de los heridos y enfermos. Junto a Esteva dejó grato recuerdo el médico Bernardo Castels Brunet.

    Para beneficiar al Hospital de Caridad, propiedad del municipio, el equipo catalán entregó camas y otros enseres. Por su parte, el obispo de Cádiz Juan José Arbolí, solicitó del de Vich, que las carmelitas, que tan extraordinario trabajo habían efectuado, quedaran en Cádiz atendiendo el Hospital de Mujeres, petición que fue concedida en el mes de junio.

    La guerra de África dejó huella en la ciudad. También desde el dolor por la pérdida de uno de sus hijos. El soldado del Regimiento Fijo de Ceuta 24, Juan Cano Fructuoso moría en el Hospital de Sevilla como consecuencia de las heridas sufridas en combate.

    En marzo de 1927, el periodista y poeta, José Domingo de Mena remitió un escrito al Ayuntamiento de San Roque para que fuese recogida la referida lápida, que tras las obras de ampliación del cuartel, había sido retirada y depositada en unas dependencias del mismo.

    Domingo de Mena, que dirigía un incipiente museo municipal, consideraba que la pieza contenía “un indiscutible valor histórico por lo que podría en su día encontrar definitiva colocación en el Museo Arqueológico e Iconográfico de Carteia, Gibraltar y San Roque”. Sin embargo, no hay constancia de su preservación.

     




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