Domingo, 23 de Enero de 2022
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Disparos y muertos en la Aduana de La Línea

  • Antigua postal de La Línea de la Concepción
    Antigua postal de La Línea de la Concepción
    Historia

    Fue una lucha constante del Ayuntamiento de La Línea. Hacer flexible el paso de mercancías por la Aduana que permitiese la subsistencia de muchas familias. Enfrente se hallaban las autoridades gubernativas encargadas de combatir el contrabando y ello creó verdaderos conflictos.

     

    En marzo de 1928 visitó la ciudad el comisario regio para la Represión del Contrabando. El Ayuntamiento le solicitó que se suavizaran las medidas de control que se estaban continuamente aplicando. La petición fue verbalmente atendida pero a la hora de llevarla a la práctica no pasó de ser un simple subterfugio del alto funcionario. Y la situación desembocó en un drama inesperado.

    En la tarde del 6 de marzo las personas que traían artículos desde el Peñón se encontraron con la rigidez de los aduaneros que, sin duda, no habían recibido orden superior para lo contrario.  La gente se fue acumulando en torno al edificio de la Aduana,  inaugurado ese mismo año. Alguien lanzó una piedra contra el mismo y como respuesta algunos carabineros hicieron uso de sus armas, dejando dos muertos y varios heridos. La escena fue pavorosa con trabajadores corriendo hacia Gibraltar y gritos de mujeres buscando refugio. La indignación fue mayúscula en todo el pueblo de La Línea y el alcalde Andrés Viñas hizo un llamamiento para que la asistencia al entierro de los dos vecinos fuese masiva. Como así ocurrió.

     

    Andrés Viñas presidió una comisión municipal que se trasladó a Madrid para entrevistarse con el general Primo de Rivera, jefe del Gobierno.  Los comisionados recibieron el respaldo del influyente jefe provincial de Unión Patriótica –el partido único de la dictadura– el escritor José María Pemán, encargado de abrir puertas ministeriales y del acceso a Primo de Rivera. Como fruto de aquellas gestiones se concedió la introducción en La Línea de diferentes artículos libres de impuestos, controlados mediante una cartilla con cupones. La comisión municipal fue recibida masivamente en la Estación de San Roque, hasta donde se habían trasladado miles de linenses. Para ello, las líneas de transportes que hacían el recorrido desde La Línea a Gibraltar, destinaron todos sus medios con desplazamiento gratuito. En San Roque una de las murgas de Carnaval dedicaría una de sus letrillas a lo ocurrido en la ciudad vecina. Una parte rendía homenaje a los trabajadores muertos: «La comisión fue para Madrid y los que menos alcanzaron fueron los pobrecitos que allí quedaron enterrados».

     





    Estos sucesos habían tenido un antecedente, aunque no llegó a tener tan graves consecuencias. Los hechos ocurrieron el 23 de noviembre de 1893 y tuvieron su origen cuando a varias mujeres les faltó dinero para el abono del adeudo que tenían que hacer efectivo para el paso de los productos que transportaban. Las  cantidades solían variar de manera arbitraria por el jefe del aforo. Las mujeres dejaron los artículos mientras buscaban fuera de la Aduana, entre familiares y amigos, los pocos céntimos que le faltaban para pagar. Cuando regresaron para hacer efectiva la tasa, de mala manera, el administrador les indicó que los productos se habían perdido.

     

    Las vecinas reaccionaron dando voces contra  el agente, quien, furiosamente, dio un puñetazo en el pecho a una de ellas. El grupo de mujeres salió a la calle llegando hasta la calle Real y a gritos relataron lo que les había ocurrido. Como respuesta se organizó una  nutrida manifestación que se dirigió hacia la Aduana. La concentración de vecinos fue incrementándose y fueron arrojadas piedras contra el edifico, rompiendo los cristales de las ventanas.

     

    La Guardia Civil hizo acto de presencia,  incluso soldados del Regimiento de la Reina, que habían llegado a la ciudad unos días antes, se desplegaron ante el temor de que la protesta se extendiera. El alcalde Agustín Alcedo Olmo se trasladó al lugar mediando y consiguiendo que sus convecinos procedieran a disolverse, con lo que evitó males mayores. Como medida inmediata el director de Aduanas del Campo de Gibraltar suspendió el despacho de mercancías portadas por personas de manera individual. Sin embargo, una nueva intervención del alcalde logró que la orden fuese anulada, pues ya había organizada una nueva manifestación por parte de los vecinos.

     

    Sin embargo, un real decreto de octubre de 1894 limitó la actividad aduanera «al aforo y adeudo de las pequeñas cantidades de artículos necesarios para el consumo de una familia durante una semana». Medida que rápidamente fue recurrida por el Ayuntamiento. El edificio de la Aduana sería derribado en 1971.




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