Martes, 30 de Noviembre de 2021
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Un estudio acerca a la novela olvidada de Gibraltar, Barbarita

  • Héctor Licudi, su autor, se vio obligado a marcharse de la ciudad

    Portada de Barbarita, de Héctor Licudi
    Portada de Barbarita, de Héctor Licudi
    Historia

    La publicación de Barbarita le costó caro al periodista gibraltareño Héctor Licudi. Criticado en su ciudad natal -llegó a sufrir una grave agresión-, el escritor hizo las maletas y se marchó. El diario madrileño La Libertad escribió que el periodista había salido con vida “milagrosamente”, teniendo que guardar cama durante quince días.

    La novela no ha vuelto a ser reeditada, pero gracias a la Asociación de la Prensa del Campo de Gibraltar se ha publicado un interesante y completo estudio realizado por José Juan Iborra Aznar e Iñaki Irijoa Lema: Barbarita, la novela galante de Gibraltar.

    Aparecida en 1929 en la editorial española Mundo Latino, el libro de Licudi pertenece a una literatura muy en boga en esos años, conocida como “novela galante”.

    Este tipo de narrativa, como señalan los autores, “trataba de relatos con una endeble línea argumental, con una técnica que utilizaba las técnicas autobiográficas, se narraba la vida sentimental de un protagonista que indefectiblemente era un personaje urbano, marcado por el hastío vital decadente, que ve en unas relaciones absolutamente transgresoras la mejor de las formas de enfrentarse a un mundo asfixiante”.

    La historia transcurre en Gibralmonte (Gibraltar), de la que se hace una descripción geográfica y social de la época. Detrás de cada capítulo asoman personajes reales y lugares del Peñón de ese período.

    La condición de informador de Licudi permite a los autores aportar un interesante capítulo al periodismo de los años 20 del pasado siglo, especialmente en Gibraltar y la comarca. Ello faculta para recrear el contexto histórico de una zona especialmente sensible en muchos sentidos.

    También el periodismo es aprovechado, por así decirlo, para que Licudi, convertido en su novela en Enrique Irbán, introduzca copias literales de artículos por él publicados. Artículos que favorecen el retrato de la cerrada sociedad gibraltareña de ese tiempo, formando parte del componente autobiográfico, trascendente en el relato.

    El alter ego Enrique Irbán es un hombre hastiado que se refugia en la literatura, un conquistador, propia de la literatura galante, donde el machismo está presente, y la esposa ocupa un segundo plano.

    Destaca la dureza de la crítica a su tierra natal, “su provincialismo, su hipocresía, su cerrazón intelectual y cultural, su falta de humanidad alcanza cotas de verdadero ejercicio de despecho hacia un espacio al que poco le unía ya”, señalan los autores.

    La crítica alcanza a la propia Gran Bretaña (Silandia en la narración): “Además, no quiero que trates de demostrarme, una vez más, que todo lo que viene de Silandia es lo mejor… ¡Maldita la hora en que robaron este suelo!...Bien es verdad que todo el poderío de tu gloriosa nación, que es la mía también, mal que me pese, radica en los territorios de que han despojado a otros países”. A pesar de esta descarnada afirmación y de su predilección por la cultura española, Licudi nunca abandonó su nacionalidad británica.



    CAMPAÑA ACEITES VEGETALES USADOS - ARCGISA
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    Un periodista crítico

    Pero, ¿quién era Héctor Licudi. Los autores de este estudio dan noticia del autor de Barbarita. Había nacido en 1896 en el número 11 de Town Range. Sus padres fueron Manuel Licudi, de profesión taxista, y Carolina Bottaro. Estudió en el colegio de los Hermanos Cristianos, a cargo de religiosos católicos irlandeses, y luego en el del Sagrado Corazón. Se estrenó como periodista en 1913 y pronto fue fichado para redacción del periódico gibraltareño El Anunciador, a la que perteneció hasta su marcha a Madrid.

    En 1920 conoció en Sevilla al escritor Eduardo Zamacois, al que admiró desde el primer momento, teniendo fundamental influencia en su iniciación literaria. En ese año contrajo matrimonio con Obdulia Sevilla, con la que tuvo varios hijos. La relación de la pareja fue deteriorándose, pues el periodista mantenía también relación sentimental con Kitty Romero, con la que vivió y tuvo descendencia.

    A Licudi se le hizo pequeña su actividad periodística en su ciudad y comenzó a colaborar en la publicación sevillana La Semana Gráfica y como corresponsal del diario madrileño La Libertad. Otros trabajos suyos aparecieron en diferentes publicaciones de Málaga y Madrid.

    Cada vez más vinculado y enamorado de la capital de España, fue nombrado redactor de la agencia norteamericana Associated Press.

    Su experiencia adquirida como cronista en los hipódromos de Gibraltar y Campamento (San Roque) le llevaron a ejercer como tal en Madrid, adquiriendo gran prestigio. A principio de los años treinta lo hizo en la revista Blanco y Negro y tras la guerra civil en el diario Ya. Realizó también trabajos de traducción al español, su idioma materno.

    Posteriormente, una laguna biográfica se produciría en los años de la guerra civil española. Durante la contienda permaneció en el Madrid republicano, avalado por su condición de periodista británico, pero poco más se sabe.

    En la capital de España, en 1959, acabaría sus días cuando ejercía de corresponsal de Daily Telegraph, de redactor-jefe para la agencia Reuters y de cronista de hípica del citado diario madrileño Ya. Sus restos descansan en el cementerio de la Almudena.

    Al igual que ha hecho la Asociación de la Prensa del Campo de Gibraltar, sería interesante que en la que fue ciudad natal de Licudi, pudiera reeditarse su novela. En la Garrison Library existe unas fotocopias incompletas, pues como recogen los autores, parece que alguien quiso actuar de censor arrancando un número determinado de páginas. No obstante, la Biblioteca Nacional de España y la Universidad de Princeton (Nueva Jersey) cuentan con sendos ejemplares, que junto al fotocopiado de Gibraltar, sirvieron de base para el estudio recientemente presentado. Sería el mejor paso para  reconciliar la memoria de Héctor Licudi con su propia tierra.




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