Sábado, 19 de Septiembre de 2020
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Gibraltar, 1969. Máxima tensión entre Londres y Madrid (y II)

  • Miss España 1968 visita La Línea al año siguiente. María Amparo Rodrigo se había retirado del certamen de Miss Mundo, en Londres, por unas declaraciones de Miss Gibraltar
    Miss España 1968 visita La Línea al año siguiente. María Amparo Rodrigo se había retirado del certamen de Miss Mundo, en Londres, por unas declaraciones de Miss Gibraltar
    Historia

    La crisis abierta por la aprobación de la nueva Constitución gibraltareña y el cierre de la frontera, había llevado al borde del enfrentamiento armado entre Gran Bretaña y España. Los aviones del Eagle comenzaron a volar sobre el espacio aéreo de la bahía de Algeciras que, en 1966, el gobierno español había excluido a los aparatos extranjeros. Daba la sensación que Reino Unido deseaba algún tipo de incidente que revirtiera, de algún modo, las resoluciones de las Naciones Unidas favorables a la descolonización de Gibraltar. Por otro lado, el gobierno laborista de Harold Wilson, no había descartado una acción militar española tras superarse el plazo dado por la ONU, del 1 de octubre de 1969.

    La formidable fuerza naval inglesa, reforzada por buques de guerra holandeses, y el desplazamiento de una escuadra española, hacía augurar un choque en cualquier momento.

    Ya en agosto, el ministro español de Exteriores Fernando María Castiella, había enviado una carta al secretario general de la ONU, U Thant, calificando el despliegue británico como «claros actos de intimidación». Ante las protestas de la diplomacia española, el Foreign Office declaró que las tropas desplegadas no sumaban los 2.000 hombres, algo que entraba en contradicción con las informaciones facilitadas por la propia prensa inglesa, y la constatación de la envergadura de la flota. También España había negado la presencia de sus barcos en la bahía, declarando el Ministerio de Marina que su permanencia frente al Peñón había durado pocas horas.

    La llegada de material bélico de tierra fue desvelado por la propia prensa local. El periódico Gibraltar Evening Post publicó una foto de la descarga de un cañón antiaéreo «para un regimiento que ya tiene cuatro de estas piezas de cuarenta milímetros». El nuevo armamento permitía el tiro horizontal.

    Estados Unidos, tradicional aliado de Gran Bretaña, se había declarado neutral en el contencioso. No olvidaba sus bases en España, importándole poco que el país no fuese una democracia. La Guerra Fría exigía contar con aliados estratégicos, y España era uno de ellos.



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    Un asunto interior vino a trastocar la «paz» del gabinete español. El caso Matesa provocaría una crisis de alcance, cesando los ministros «azules» y entrando los representantes del Opus Dei. Franco sustituyó a Castiella, –el jefe de la diplomacia española que había dirigido todo el proceso descolonizador en la ONU–, por López Bravo, hasta entonces titular de la cartera de Industria, el departamento más afectado por el citado affaire.

    La militarización total de la bahía de Algeciras hizo que sonaran voces apaciguadoras en el gobierno de Wilson. Insistía el gobierno inglés en una nueva resolución de la comunidad internacional «que reemplace a la discordia actual con un nuevo espíritu de armonía y cooperación».

    El 31 de octubre, en un intento de rebajar la tensión, por primera vez, uno de los barcos de guerra británicos, que salían del puerto de la colonia para anclar en aguas de la bahía, entendidas como españolas, izó en la proa la bandera de España. Previamente la flota española había puesto rumbo a Cartagena.

    Las llamadas a las represalias por el cierre fronterizo, de una parte de la oposición y de algunos periódicos ingleses, fueron rechazadas por el premier británico. Las desafortunadas declaraciones de su jefe de Exteriores Michael Stewart en contra de las visitas turísticas a España parecían olvidadas y, sobre todo, llamadas al fracaso (ninguna de las cuatro grandes agencias de viajes británicas había sufrido cancelación alguna). A mediados de octubre, Stewart declaró en los Comunes que «cualquier intento de represalias contra España no serviría de nada y no ayudaría a los gibraltareños».

    Los gestos conciliadores de Inglaterra quedaron patentes en la intervención en dicha cámara del secretario de Asuntos Exteriores de la Commonwealth, George Thompson. Éste rechazó la petición de protestas ante el Gobierno español por algunas cuestiones como la emisión de sellos de correos, presentando a Gibraltar como parte de España. El diplomático fue tajante afirmando que Inglaterra no tenía base legal para ello. Sobre el ingreso de España en la OTAN, sugerida por Estados Unidos, que diera paso a una solución del contencioso –según había publicado el Sunday Telegraph–, mostró gran cautela, señalando que no era responsable de lo que publicaba la prensa. Y lo más grave, sobre el incidente producido en el cabo Trafalgar, donde una batería costera española había realizado un disparo cerca del barco inglés Uganda, tras una investigación, «el Gobierno británico no había encontrado motivo para protestar».