Domingo, 17 de Enero de 2021
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Gibraltar: la verja británica que dividió a dos comunidades (I)

  • Estampa antigua de soldado español frente a Gibraltar
    Estampa antigua de soldado español frente a Gibraltar
    Historia

    Aunque el contencioso gibraltareño ha resultado inamovible durante tres siglos, la historia ofrece, a veces, giros inesperados que hasta hacía poco nadie contemplaba. Sin duda la desaparición de la verja que limita los dos territorios es uno de estos casos. A pesar del Brexit los gibraltareños serán incluidos, gracias a España, en el espacio Schengen y gozando, por tanto, de las ventajas de la Unión Europea.

    Del acuerdo hay opiniones e interpretaciones para todos los gustos. Habrá que conocer el alcance y su puesta en práctica para tener una idea más allá de las diferentes proclamas y, consecuentemente, poder hablar con propiedad.

    Mientras tanto habrá que esperar a que la verja divisoria, que se ha convertido en parte de la identidad gibraltareña, caiga por su propio peso, el peso de una nueva realidad.

    Por tanto, es el momento, de hacer un poco de historia sobre el origen de una puerta que fue avanzando en diferentes momentos a lo largo del istmo, hasta situarse pegada a la actual ciudad de La Línea.

    Como he recogido en otras ocasiones, el vallado fue dictado por Gran Bretaña de cara a consolidar las usurpaciones que a lo largo del siglo XIX, infringiendo el Tratado de Utrecht, progresivamente se llevaron a cabo.

    Al poco de firmarse el Tratado de Utrecht, las tropas mandadas por el gobernador Congreve ocuparon dos antiguas construcciones fuera de la plaza: la Torre del Diablo y el Molino. Aunque España exigió el abandono de estas posiciones, el desalojo no se llevó a efecto. Suponía la primera transgresión del tratado por parte inglesa, que basaba su actuación en que el límite lo marcaba la distancia alcanzada por una bala de cañón.





    La destrucción por los británicos de la línea militar de Contravalación, durante la guerra contra Napoleón, dejó abierto el camino al expansionismo hacia el norte. Ese avance se consolidaría con motivo de las epidemias que afectaron gravemente a la plaza en 1815 y 1854, cuando en un gesto humanitario España permitió situar campamentos sanitarios fuera de la ciudad.

    En el primero de los casos, la desaparición de la línea de Contravalación -según los aliados ingleses en la lucha española contra los franceses-, era necesaria para que no cayese en manos enemigas. Los pormenores de aquel desastre están recogidos en el informe del jefe de Ingenieros de la guarnición, el teniente coronel Holloway dirigido al general gobernador de la plaza, Colin Campbell.

    La destrucción se produjo en febrero de 1810 a cargo de los ingenieros del ejército inglés. Primero se demolieron las líneas entre los fuertes y luego se minaron las fortalezas de Santa Bárbara y San Felipe. A esta labor se unieron los propios vecinos del Peñón, marineros de la Royal Navy y soldados portugueses.

    Lo más espectacular fue la voladura de los fuertes citados. La señal fue un cañonazo disparado desde Gibraltar. Entre el jolgorio de la plaza, comenzó la desaparición de las emblemáticas fortalezas. La destrucción fue completa, “ya que la totalidad de los acantilados se derrumbaron hasta el nivel de las zanjas y los fuertes quedaron destruidos”, señala el referido informe. La misma suerte corrieron los cuarteles, pequeños fuertes y puestos en torno a la bahía, incluido el cuartel de Campamento.

    Allanado ese obstáculo, cinco años más tarde, en la mencionada epidemia de 1815, se volvería a vivir un nuevo episodio. A través de una proclama conjunta de los gobernadores británico y español, Don y Alós, el 20 de abril, se dispuso que “en caso de necesidad, el Comandante de La Línea facilitará a las tropas y habitantes que haya en el terreno neutral, cuantos auxilios dice la buena armonía que reina entre los ingleses y españoles”. Un espacio cedido provisionalmente que sería ocupado de manera permanente por Gran Bretaña.

    Años más tarde, en 1854, una nueva epidemia fue la oportunidad para una de las usurpaciones más fragantes. Prácticamente se construyó una especie de población fuera de las murallas. Se levantaron barracas y otras construcciones para el alojamiento de buena parte de los habitantes de Gibraltar. El ejército británico se desplazó con todos sus pertrechos, construyendo garitas. Al terminar la epidemia los militares no se movieron y el terreno denominado neutral fue sutilmente invadido.

    Progresivamente el espacio apropiado fue creciendo, a la par que lo eran los límites marítimos.




  • Cáritas diocesana Cádiz
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