Domingo, 19 de Septiembre de 2021
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Los gibraltareños piden amparo al rey tras la pérdida de Gibraltar

  • Escuadra enemiga frente a Gibraltar. Grabado de principios del siglo XVIII
    Escuadra enemiga frente a Gibraltar. Grabado de principios del siglo XVIII
    Historia

    El próximo miércoles 4 de agosto se cumple el 317 aniversario de la toma de Gibraltar durante la Guerra de Sucesión, y la salida de la población que daría origen al Campo de Gibraltar, y a la ciudad de San Roque, donde se formalizaría el Cabildo trasladado.

    De ese período crucial de los primeros días de agosto de 1704, convendría recordar el citado día y también el siguiente. Dolor y esperanza de un pueblo, recogido en sendos documentos de alto valor histórico: el testimonio para entregar la plaza y la carta que las autoridades municipales dirigieron al rey Felipe V tras disponer la salida de la que hasta entonces había sido su tierra.

    El 4 de agosto se reunió el Cabildo para tratar la entrega de la ciudad al enemigo. Lograron reunirse Diego Salinas, gobernador militar del Peñón y caballero de la orden de Santiago; Cayo Antonio Prieto Lazo de la Vega, alcalde mayor y abogado de los Reales Consejos, y los regidores Juan de Caraza, Esteban de Quiñones, Bartolomé Luís Varela, Joseph de Trejo Altamirano, Juan Lorenzo Yáñez Quevedo, Gerónimo de Roa Zurita, Juan de Mesa, Pedro Yoldi, Juan de la Carrera, Pedro de la Vega, Diego Moriano y Antonio de Mesa.

    El escribano Francisco Martínez de la Portela recogió y dio fe de  la que habría de ser la última sesión del Ayuntamiento en Gibraltar en suelo calpense.

    Gracias al expediente de hidalguía del vecino Guillermo Hillson se conoce que éste también asistió a la reunión, por lo que probablemente tuviesen presencia otros ciudadanos, sin que sus nombres figuren sobre el papel al no ostentar cargo oficial alguno.

    Tal como se recoge en el documento –hoy conservado en el Archivo Municipal de San Roque– previamente había tenido lugar una “junta y consejo de guerra con los cabos de maestres de campo y sargento mayor y demás oficiales de esta plaza sobre el estado en que se hallaba y resolución que se debía tomar”.

    Siguiendo la valoración realizada por los escasos mandos militares, “resolvió por los dictámenes de cada uno de dichos cabos, a que respecto de estar imposibilitada de defensa se entregue para no malograr las honrosas capitulaciones que esta ciudad se merece; y como vasallos de su rey y señor don Felipe V con los créditos que como avales les corresponda”.

    Dada la gravísima situación de la plaza, –ya había sido sometida a intensos bombardeos– “por las superiores y exorbitantes fuerzas enemigas”, hubo coincidencia en aceptar las capitulaciones ofrecidas por el representante del archiduque Carlos, el príncipe Jorge de Hesse-Darmstadt.



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    Recoge el testimonio que el acuerdo tomado fue leído ese mismo día por Martínez de la Portela a una serie de regidores que por la situación de guerra no se hallaban presentes en la sesión. Todos se mostraron conformes.

    Acto seguido, el 5 de agosto, los representantes del pueblo de Gibraltar redactaron una carta a Felipe V donde se reafirmaba la postura adoptada por la ciudad en la guerra abierta por la sucesión al trono.  

    Una misiva –cuyo original se halla en el Archivo Histórico Nacional– que comienza dejando constancia de la lealtad al monarca: “Señor. Siempre ha sido notorio a todos los señores reyes antecesores, y a vuestra majestad la lealtad con que esta ciudad les ha servido”, añadiendo que “en este último lance, no menos que en otras ocasiones, ha procurado manifestarla a costa de sus haciendas y vidas; y muchos de sus vecinos las han perdido en el combate; con mucha honra, y gran gusto se sacrificaron en defensa de vuestra majestad seguro que los que hemos quedado (por nuestra desgracia) si hubiésemos logrado tal fortuna, moriríamos con esa gloria”.

    El Cabildo anunciaba que “no consentirán otro imperio sobre sí, que el de vuestra majestad católica; en cuya defensa, y de su dominio consumirán el resto de sus vidas saliendo de esta plaza”.

    Plaza perdida, así lo señalaban, en lucha contra fuerzas muy superiores, lamentando “no haber tenido guarnición alguna para su defensa más que la de los milicianos bisoños, que no llegaron a trecientos”, y que no pudieron “resistir semejante invasión”.

    Destacaba la carta que todos los vecinos habían colaborado en la defensa, realizando “cada uno de por sí en la función su deber; y nuestro gobernador y alcalde mayor han concurrido con la mayor actividad y celo”.

    Un combate sin medios “sin que lo horroroso de los precipitados fuegos le embarazase a la menor providencia, en que asistían personalmente alentando a todos con gran fervor”. La carta fechada en Gibraltar horas antes de la salida, finalizaba con la esperanza de que el monarca “nos tendrá presentes para nuestro consuelo”.

    Testimonios fundamentales para un hecho trascendental en la historia de un pueblo.




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    Cáritas diocesana Cádiz