Lunes, 25 de Mayo de 2020
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González de la Vega, valedor de la independencia de La Línea (I)

  • Soldados españoles en terrenos de la actual La Línea. Sobre 1868 (Colección G.W.Wilson)
    Soldados españoles en terrenos de la actual La Línea. Sobre 1868 (Colección G.W.Wilson)
    Historia

    El papel jugado por el político progresista José González de la Vega fue fundamental para la culminación del proceso de creación del municipio de La Línea. Nacido en Algeciras en 1819 -su madre era de dicha ciudad y su padre de Los Barrios-, desarrolló una intensa vida pública. Le tocó vivir momentos de gran trascendencia histórica en un siglo especialmente convulso. 

    Aunque inició su carrera en el que consideraba su pueblo ostentando la alcaldía barreña de 1837 hasta 1841, su valía le llevó a la obtención de la jefatura provincial de los progresistas, a la presidencia de la Diputación y a representante electo en las Cortes.

    Hasta 1843 podría marcarse una primera etapa de su labor política. Ese año, en el que consiguió entrar en el Congreso, viviría, por otra parte, uno de sus momentos más tristes: el pronunciamiento contra el regente Baldomero Espartero, Duque de la Victoria, jefe, al mismo tiempo, del Partido Progresista. Unos meses que jamás olvidaría, aunque luego llegarían otras satisfacciones en su actividad como político.

    Pero volviendo a esa primera etapa, conviene conocer el escenario vivido en el Campo de Gibraltar, extensible a la plaza gibraltareña en cuanto a la acogida de refugiados gubernamentales. El 23 de mayo de 1843 quedó constituida la Junta Revolucionaria en la capital malagueña y pronto envió emisarios a la zona para unir las guarniciones al levantamiento.

    En la comarca el mando lo ejercía el barón de Carondelet, hombre fiel a Espartero, teniendo de segundo al brigadier Antonio Ordóñez. Carondelet recibió un mensaje desde Ronda solicitando ayuda para defenderse de los soldados de la Junta revolucionaria. Con dificultad reunió 6.000 cartuchos y partió para la serranía al frente de 400 hombres. Al mando de la comarca quedó Ordóñez.

    Sin embargo, hallándose fuera de su demarcación, Carondelet recibió la noticia de que Ordóñez se había unido al levantamiento, asumiendo la presidencia de la Junta en el Campo de Gibraltar, que tuvo carácter provincial, al mantenerse Cádiz fiel a Espartero.

    A lo largo del mes de junio los movimientos de tropas abarcaban a toda la comarca y las distintas poblaciones vivían con temor sin saber en qué desembocaría este nuevo pronunciamiento, del que también formaba parte un sector del partido del regente.

    Los gubernamentales aún mantenían la esperanza de hacerse con la situación y para ello confiaban en que el bombardeo de Algeciras sirviera para disuadir a los rebeldes. La estancia de la fragata Las Cortes en el fondeadero de Puente Mayorga era interpretado en ese sentido. Sin embargo, desde Algeciras fue enviada una lancha, que animó a la nave a unirse a la sublevación.





    No titubearon los marinos, que en señal de rebeldía hicieron sonar veintiún cañonazos. Ya en la tarde el vapor Mercurio tiró un cable al barco de guerra que, triunfante, entró en la ciudad algecireña.

    La presencia de la fragata hizo que unos cuarenta hombres de la Milicia Nacional salieran de Algeciras con dirección a La Línea, donde no fueron bien recibidos por los habitantes de la entonces barriada de San Roque, teniendo que retirarse, probablemente buscando refugio en Gibraltar. 

    A Gibraltar también había pasado unos días antes el barón Carondelet y su esposa, así como algunos oficiales que le acompañaban. Desde allí embarcaron hacia Cádiz, que seguía fiel al gobierno. Mientras tanto, en los pueblos comarcanos recibían con honores y repiques de campanas a  Ordóñez, que entraba como triunfador y nuevo comandante  general del Campo de Gibraltar.

    El barón Carondelet se mostró absolutamente defraudado por la conducta de Ordóñez, con quien había mantenido una fluida correspondencia. En una de esas misivas, el que había sido hombre de su plena confianza, le decía textualmente: “Han de pasar los revoltosos sobre mi cadáver antes de que se altere aquí la tranquilidad y que se ataque al Gobierno y a la Regencia del Duque de la Victoria”.

    En julio de 1843 la coalición antiesparterista derrotó al Duque de la Victoria, que se vio obligado a exiliarse en Inglaterra. Gibraltar volvió a ser punto de destino de refugiados políticos esparteristas que, en principio, contaron con la tolerancia de las autoridades británicas.

    Entre los refugiados se hallaba González de la Vega, cuyos rivales llamaban de manera despectiva con el nombre de “Conchita”, y que consiguió asilarse el 17 de agosto. En aquellos días cruzaron la frontera un buen número de esparteristas entre los que se encontraba el general Agustín Nogueras, el cónsul Salvador Valdés, el jefe de las Milicias de Algeciras Carlos Carvallo, el administrador de Correos de San Roque Jacinto Guerrero y el comandante de la Milicia Nacional de Cádiz Antonio Urruburu.

    En el mes de noviembre de 1843 Isabel II fue declarada mayor de edad. Coincidió ello con un momento en el que se acentuaba la represión, como consecuencia de las leyes impuestas por lo “moderados”. La nueva ley de Ayuntamientos que implicaba el “control” de los nombramientos de alcaldes y la de imprenta por la que quedaba cortada de raíz la libertad de expresión, eran una muestra de ello.

    González de la Vega siempre juzgó como auténtica injusticia el golpe contra Espartero y hubo de esperar a que fuesen restituidos todos los honores a quien tanto había defendido a la reina. Ocurrió en 1848 y, aunque era la intención del general apartarse de toda actividad política, retornaría con la revolución de 1854. Y con ello, el político campogibraltareño reiniciaría una nueva y fructífera etapa.




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