Domingo, 20 de Septiembre de 2020
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González de la Vega, valedor de la independencia de La Línea (y II)

  • Fachada de la casa donde vivió González de la Vega. Calle Los Francos, villa de Los Barrios
    Fachada de la casa donde vivió González de la Vega. Calle Los Francos, villa de Los Barrios
    Historia

    La segregación de La Línea tendría lugar en un período álgido de la historia española y su principal valedor sería un protagonista de esa convulsa época.

    Con la derrota y salida de España de Baldomero Espartero, el nuevo Gobierno presidido por Joaquín María López, premió a Ordóñez -dirigente de la sublevación en el Campo de Gibraltar-, ascendiéndole a mariscal de campo, y confiriéndole el mando supremo de la plaza de Ceuta. Como Comandante General de la comarca fue nombrado el general Felipe Montes. En aquel año de 1843, además del propio barón de Carondelet, ejercieron el mando en el Ejército del Campo el propio Antonio Ordóñez, Manuel Lorenzao y el citado Felipe Montes.

    El campogibraltareño González de la Vega no dejaría de conspirar desde Gibraltar. Según Abellán Pérez “fue una gran figura política después, militante en el partido progresista, acaudillado por Prim, con quien le unía una estrecha amistad”.

    González de la Vega, añade el historiador, apoyó las insurrecciones para destronar a Isabel II, “hasta el extremo de que en su casa se celebró una reunión (16 de septiembre de 1867) a la que asistieron el general Prim y el contraalmirante Topete, para organizar la administración del estado después del destronamiento”.

    Pero habrá que retroceder unos años para conocer el escenario político en el que se desenvolvía este personaje, quizás no suficientemente conocido.

    En el año 1846 era popular el rumor del atractivo personal que ejercía sobre la reina el general Serrano. Hasta el propio matrimonio de Isabel II entró en crisis; pero para salir del caos, la soberana decidió encargar formar gobierno al general Ramón María Narváez. Enfrentamientos o enredos palaciegos, unidos a la gran crisis económica europea de 1847, y los ecos de los movimientos revolucionarios del exterior influirían directamente en las reacciones que se produjeron en España. Las Cortes otorgaron poderes casi dictatoriales a Narváez. El 27 de febrero de 1848 éste promulgó una ley de Poderes Excepcionales que le proporcionó un poder total, disolviendo las Cortes y ordenando la suspensión de las garantías constitucionales, por lo que el país entraba en una virtual dictadura.

    La causa inmediata de esta política fue una asonada protagonizada en Madrid por militares subalternos y retirados, jóvenes intelectuales, artesanos y obreros en paro, que pretendían hacer suyos los postulados de la Revolución que, en Francia, había llevado a la constitución de la Segunda República. Aunque tal asonada no prosperó, el 26 de marzo estallaba una insurrección en Madrid dirigida por los miembros más jóvenes del Partido Progresista, entre ellos Práxedes Mateo Sagasta, José María Orense y Nicolás Rivero, que apoyados por algunos militares, como el coronel Gándara, y por trabajadores en paro, se lanzaron a la calle reclamando el sufragio universal, la democracia plena, la mejora de las condiciones para la clase trabajadora y la república. Los rebeldes fueron sometidos por la policía y el ejército, y el 27 de marzo se restableció el orden.



    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
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    Y quién lo iba a decir, parte de los detenidos en Madrid en las acciones revolucionarias, iban a pasar a la nueva cárcel de San Roque, que había sido construida sobre los terrenos del antiguo convento de San Francisco. El cronista Lorenzo Valverde, recoge que “el día 23 de junio de 1848, en su noche, durmieron en esta nueva cárcel de San Roque sesenta de estos desterrados. Varios vecinos de esta ciudad hicieron una suscripción, reuniendo una porción de reales con los que aquella noche, a dichos prisioneros, les obsequiaron con una decente cena, café y licores”.

    Con toda seguridad, pues, se puede decir que aquella columna de presos llegada desde Madrid se correspondía con miembros de motines represaliados por Narváez en la capital. El caso es que el pueblo de San Roque mostró su sensibilidad y también generosidad con esos hombres que llegarían, hay que suponer, absolutamente extenuados. Incluso, no se caería en el error, si se afirmase que lo hacían “por simpatía política”, dado el carácter progresista que dominaba en gran parte de la sociedad sanroqueña.

    La oportunidad de los sectores democráticos de la sociedad española en alianza con las clases populares permitió la revolución que dio paso al Bienio Progresista (1854-1856), período en el que González de la Vega retornó al Congreso, siendo reelegido en diferentes ocasiones hasta producirse la revolución de 1868, cuyo triunfo le anima a centrarse en mejorar la provincia desde el cargo de presidente de la Diputación Provincial. Desde esa dirección apoyó la segregación del barrio de La Línea de la ciudad de San Roque, proceso que culminó con la formación del Ayuntamiento del nuevo municipio, presidido por Lutgardo López Muñoz. El acontecimiento tuvo lugar el 20 de julio de 1870 y para ello fue delegado el primer edil de Algeciras Manuel Julia Jiménez. 

    En agradecimiento al apoyo mostrado por González de la Vega, el recién constituido Consistorio linense le nombró primer hijo adoptivo y dio su nombre a una de sus calles.

    Su trabajo desde la Diputación se reflejó en importantes mejoras de infraestructuras en la provincia, entre ellas la del denominado Puente de Hierro sobre el río Palmones.

    Por esa época, el político gozaba de gran prestigio y su liderazgo resultaba indiscutible. Así es, en los años previo al estallido de la Gloriosa, González de la Vega se había constituido en el líder de los progresistas de la provincia gaditana, que, en la capital, se hallaban aglutinados en torno al periódico El Eco de Cádiz.

    Aunque obtuvo el acta de diputado en las elecciones de marzo de 1871, tuvo que abandonar el cargo casi un año más tarde al ser declarado incompatible con la presidencia de la Diputación Provincial. Tampoco ocupó el puesto electo en el Senado obtenido al año siguiente.

    Tras la crisis del Partido Progresista a la muerte de Prim, la organización se escindió, integrándose González de la Vega en el nuevo Partido Constitucional, fundado por Sagasta. Por este partido obtuvo representación en el Congreso en 1879.  En 1881 retornó al legislativo pero causó baja en septiembre de ese año. En la sesión del 17 de julio de 1883 el Congreso informó oficialmente del fallecimiento del político campogibraltareño.