Domingo, 17 de Enero de 2021
Twitter
Facebook
Youtube

Guerra en la prensa de Gibraltar por el relato histórico

  • Entre el silencio de los abusos de los gobernantes británicos y la falta de respeto a la 'madre patria'

    Gibraltar, batería de Gardiner hacia 1868. (Colección G.W.Wilson)
    Gibraltar, batería de Gardiner hacia 1868. (Colección G.W.Wilson)
    Historia

    Comienza este relato histórico. «La toma de Gibraltar por los ingleses en 1704 es considerada como cosa excepcional. La escuadra aliada al venir a esta bahía y bombardear los fuertes españoles, no fue con la intención de apoderarse de Gibraltar para la Reina Ana, sino era España para España, es decir, arrebatar la España de Felipe para la España del archiduque Carlos». Podría pasar por un texto extraído de una crónica en páginas españolas, pero no. Se trataba de un editorial del diario gibraltareño El Anunciador, del 27 de octubre de 1886.

    Un extenso artículo de la publicación de Ricardo Ferrary que no tardaría en ser contestado por sus colegas locales, y que continuaba así: «La reina de Inglaterra se encontró con una posesión que no esperaba y a la cual no tenía derecho alguno. Se encontró con una colonia que le fue otorgada por osadía de un Almirante de su escuadra que, en presencia de las tropas a favor del Archiduque, se atrevió a tremolar la bandera inglesa donde debía, según convenio, haber ondeado la del pretendiente a la corona española". Y añadía otro párrafo donde se justificaban los datos históricos aportados por el periódico: «Gibraltar, era, pues un hallazgo, y la Reina Ana, visto lo excepcional de las circunstancias, quiso dotarlo con privilegios también excepcionales concediéndole un puerto libre y franco a todos los buques y a toda clase de mercancías".

    Argumentaba que «con estas condiciones, bajo estos favores especiales, nuestros antepasados vinieron a poblar la ciudad que en aquel año, vista su ocupación por Inglaterra, abandonaron los españoles, y estos privilegios y estos fueros debieron por lo tanto haber sido siempre mantenidos y sostenidos por los gobiernos ingleses».

    En efecto, el editorial del periódico denunciaba la pérdida de privilegios concedido, a su juicio, por la especial ocupación inglesa de la plaza. Por supuesto, el diario no planteaba duda, en momento alguno, del dominio inglés sobre el territorio.

    No lo entendieron sus colegas El Calpense y Mons Calpe que le acusaron de falta de respeto a la «madre patria», pues el hecho histórico descrito beneficiaba las reivindicaciones de España.

    El primero puso en duda la nacionalidad inglesa de su colega y el segundo conformó una crónica histórica carente de veracidad que El Anunciador criticó días después porque «falsifica y distrae la historia». Y a ambos acusó de silenciar los abusos de los gobernantes británicos, responsables de mermar los logros de puerto franco.





    Estos periódicos no entraron en el fondo de la denuncia realizada por El Anunciador, que realmente ocupaba mayor espacio y centraba la cuestión: la pérdida paulatina de los fueros concedidos en su día por la reina Ana.

    En cualquier caso, por primera vez, un periódico gibraltareño aludía a la realidad histórica de una ciudad que había borrado ese capítulo fundamental, y cuyo enunciado público era considerado un auténtico sacrilegio.

    El incidente había provocado que un colaborador de este diario se pasase a El Calpense, el inglés C H D Tyler, conocido por el seudónimo Cosmopolitan, así como un vivo debate en los círculos sociales de la plaza.

    Sin embargo, el diario en cuestión reafirmó sus posiciones en una lección de objetividad: "nuestro amor a la patria nunca nos ha llegado a cegar hasta el punto de ver lo blanco negro ni viceversa".

    De la misma manera insistió en el sentido de lo publicado "en nuestras apreciaciones nos vimos obligados a apelar a hechos históricos, para dar testimonio de lo excepcional del caso de esta colonia; hechos que nadie puede desmentir y que son admitidos por los más eminentes hombres de estado ingleses, sin que nadie se atreva a tacharlos de desleales por este motivo".

    A este respecto, huyendo de cualquier chovinismo, y a pesar de las críticas de los más intransigentes y del resto de la prensa de la colonia, el diario dejó claro su postura: «La lealtad y la verdad, nunca, jamás, han estado reñidas. Cae la una en la otra, mientras que la lealtad no puede por ningún registro guardar relación con la hipocresía y el servilismo». Auténtica lección de periodismo independiente.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas