Lunes, 4 de Julio de 2022
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Herederos de un pueblo de refugiados

  • San Roque celebra el Día de la Ciudad

    Fragmento de El Éxodo, del escultor Ortega Bru (Palacio de los Gobernadores, San Roque).
    Fragmento de El Éxodo, del escultor Ortega Bru (Palacio de los Gobernadores, San Roque).
    Historia

    El exilio interior del pueblo gibraltareño está teñido con caracteres de epopeya. La decisión mayoritaria de abandonar Gibraltar tras su ocupación por la extraordinaria fuerza anglo-holandesa, en agosto de 1704, en plena Guerra de Sucesión, no tiene hasta el momento parangón histórico, sobre todo cuando las capitulaciones firmadas permitían la continuidad de los habitantes sin merma de derechos.

    Podrá discutirse si la fecha más certera del inicio de San Roque es el 4 o el 5 de agosto de 1704 o el 21 de mayo o el 18 de junio de 1706. Si acertaron o erraron quienes tomaron las decisiones para marcar un día oficial en el calendario.

    Pero lo que sin duda será insuperable es la determinación, el valor de un pueblo tras unos sucesos en extremo dramáticos. La voluntad y la convicción de que la lealtad estaba por encima de los propios intereses.

    Si hoy nos causa pavor esas masas de refugiados que huyen de los lugares de conflicto, igual sentimiento hubiese conmovido a quienes hubiesen sido testigos de lo acaecido en aquel lejano verano de 1704.

    En otro momento me he referido a los personajes que jugaron un papel fundamental en el origen de la ciudad. Ahora, siguiendo la línea expresada desde el principio, es justo destacar el coraje común de los desplazados y el carácter asambleario de determinadas decisiones y, por qué no, hasta democrático en muchos aspectos para la época, hace más de trescientos años.

    A este respecto, sí hay que mencionar un solo nombre, con la única justificación de argumentar la aseveración anterior. El expediente de hidalguía de uno de los padres fundadores, Guillermo Hillson, arroja luz sobre una reunión anterior a la recogida en el acta del 18 de junio de 1706 –la primera documentada–, donde desvela ese sentido comunitario y participativo.

    A ella acudieron, aparte del Cabildo, «otros señores, nobles y plebeyos», añadiendo este excepcional documento: «para que a pluralidad de votos se señalase el paraje donde se había de poblar».





    Quiere decir que el pueblo, en buena medida disperso en las tierras que hoy conforman esta singular comarca, participó directamente en una decisión tan fundamental como la elección del lugar más propicio para hacer crecer el núcleo principal de esa población.

    La continuidad de esa comunidad, verdadera masa de refugiados que buscó asiento en los campos cercanos mientras tenía lugar la contienda y los sucesivos bloqueos, no fue tarea fácil, y tampoco estuvo exenta de tensiones políticas.

    Los primeros años del Campo de Gibraltar tras la ocupación de la plaza calpense no sólo muestra un escenario de conflictos bélicos, también el difícil día a día de un pueblo, tanto en los aspectos organizativos oficiales como en el cotidiano.

    Un lugar distinto desde primera hora, que asumía su origen y no renegó de sus antiguas culturas. Especialmente solidario, capaz de evitar que sus gitanos fueran condenados a galeras.

    Un espacio natural, hoy perdido, que nos habla de aguas con abundante pescado, vastos bosques, prados y hasta manadas de lobos. Una naturaleza admirable, un territorio nuevo para la mayoría de pobladores, pero marcado por las circunstancias. Y más que pretender domeñar ese vital territorio fue concebido, interpretado y querido.

    Espacio contemplado como lugar transitorio, siempre a la espera de retornar a sus hogares, imaginados ahora al socaire de la imponente silueta del Peñón. Se trataba de establecerse en terreno no ocupado por el enemigo, un lugar donde aún crecía la esperanza colectiva.

    La esperanza forma parte de la historia del refugio, del exilio y del destierro en sus múltiples vertientes, y está presente a lo largo de los tiempos. En definitiva, es la propia historia de la humanidad.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas