Miércoles, 12 de Agosto de 2020
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Huelga de españolas en Gibraltar en tiempos de gran tensión política

  • Carné de trabajadora española en Gibraltar
    Carné antiguo de trabajadora española en Gibraltar
    Historia

    Fueron episodios enmarcados en la alta tensión originada por el contencioso de Gibraltar en los años sesenta del siglo pasado. Dos trabajadores españoles fueron agredidos por policías gibraltareños y como respuesta los obreros transfronterizos fueron a la huelga. El incidente se produjo el viernes 5 de agosto de 1966, cuando los dos empleados denunciaron haber sido golpeados por cuatro agentes en una discusión sobre la disputa por el Peñón. Una versión que fue negada por los agentes, que alegaron mal comportamiento e insultos por parte de los denunciantes. Este hecho daría pie a la primera huelga indefinida de obreros españoles en la colonia, especialmente de mujeres. Un derecho que, bajo el régimen de Franco, tenían prohibido el resto de trabajadores en España.

    Al día siguiente del suceso, el Sindicato de Trabajadores Españoles en Gibraltar llevó a cabo una asamblea en su sede de La Línea, tomándose el acuerdo de realizar un paro diario de una hora, de once a doce de la mañana, a partir del lunes 9. El paro sería total en el caso de las mujeres, que no acudirían a sus puestos de trabajo en el Peñón.

    En la noche del día 8 el Consejo de Gibraltar se reunió y anunció que el incidente estaba siendo investigado, calificando la huelga como «injustificada», pues no se trataba de un conflicto de índole laboral. Esa mañana un grupo de vecinos se concentró ante la empresa Humphrey y abucheó a los empleados españoles, que hubieron de abandonar el trabajo.

    Una comisión sindical formada por José Núñez Tejedor, José López Clavijo y José Romero Calvo, entregó las conclusiones de la asamblea al gobernador británico, Gerald Lathburhy quien se comprometió a dar respuesta.

    La huelga de «brazos caídos», afectaba a cerca de cinco mil trabajadores, incluido el comercio de españoles en el Peñón. Hay que tener en cuenta que el número de transfronterizos había sido disminuido gradualmente por parte española. 

    Desde el sindicato, con las órdenes oportunas del gobierno, se pedía justicia por el suceso y que se garantizara la seguridad personal de los trabajadores españoles, según el escrito entregado al gobernador, quien ordenó una investigación al juez principal de la colonia Edgar Vasworth.

    El juez dio por terminadas las actuaciones el día 12, reanudándose el trabajo en jornada completa, a excepción de las 1.900 trabajadoras, pues alegó el sindicato que no retornarían hasta que no se ofreciera la debida seguridad, según acuerdo de la asamblea de la noche anterior.





    Conocido el informe judicial, que fue entregado al gobernador británico, los ánimos volvieron a encenderse, a pesar de los llamamientos a la tranquilidad realizados por el ministro principal gibraltareño Joshua Hassan. El jefe militar envió las conclusiones a su homólogo campogibraltareño Emilio de la Guardia, quien cortésmente discrepó de las mismas, que señalaban a los dos obreros como verdaderos causantes del incidente.

    El día 20 el jefe sindical Luis Moreno Vilches convocó una nueva asamblea en La Línea, calificando de «ilegal» la forma en que se había llevado a cabo la investigación, y anunció que el caso pasaría a «un abogado internacional». Por su parte, el secretario del sindicato Francisco Villalta dio a conocer el intercambio de escritos de ambos gobernadores, apoyándose la respuesta del gobernador del Campo de Gibraltar.

    Al mes siguiente abogados de la Organización Sindical Española –la central franquista en la que se integraba el Sindicato de Trabajadores Españoles en Gibraltar–, visitaron el Peñón y La Línea. Tras cinco días de gestiones, donde contaron con todas las facilidades de las autoridades gibraltareñas, concluyeron que sí se había producido la agresión denunciada.

    Cuando los ecos del incidente no se habían apagado, surgió uno nuevo. El 19 de octubre de ese mismo año arribó a Gibraltar el vapor Oriana, de pabellón británico. Trasladaba hasta España a un grupo de unos sesenta emigrantes españoles procedente de Australia, algunos habían permanecido en dicho país más de veinte años.

    En el muelle se inició una reyerta entre estos trabajadores, que venían acompañados de sus familias, y un grupo de gibraltareños. Cada parte contó su versión, que fue seguida y amplificada por la prensa, tanto española como británica, siempre de manera unilateral. Algunos empleados del puerto, afirmaron que los españoles habían dado vivas a España, buscando una clara provocación. Los emigrantes afirmaron que los gritos habían sido en las barcazas que les llevaba a puerto y no en tierra. Cada parte acusaba a la otra con sus propios argumentos. El caso es que se produjo un enfrentamiento físico que, gracias a la rápida intervención policial, no produjo mayores desgracias.

    La propaganda de los dos países en conflicto sacó punta de aquel suceso en momentos de enorme tensión, en el marco de las resoluciones de descolonización acordadas por Naciones Unidas.

    En el ámbito doméstico, Gibraltar padecía sus propios problemas laborales. Al mes siguiente los maestros declaraban huelga en demanda de aumentos salariales.

    El Sindicato de Trabajadores Españoles en Gibraltar fue creado en 1952, dentro de la red de sindicatos verticales del régimen de Franco, por lo que la afiliación era obligatoria. Fue promovido por el delegado nacional José Solís Ruiz, agrupando en sus inicios a más de 12.000 trabajadores campogibraltareños. La sede central, inaugurada en el mes de mayo de dicho año, se encontraba en La Línea de la Concepción.