Lunes, 23 de Septiembre de 2019
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Juana de Castilla y el pendón de Gibraltar

  • Juana de Castilla velando el cuerpo de su esposo. Obra de Francisco de Pradilla, 1877
    Juana de Castilla velando el cuerpo de su esposo. Obra de Francisco de Pradilla, 1877
    Historia

    De generación en generación se ha mantenido en la ciudad de San Roque, fundada por los gibraltareños salidos del Peñón, que el pendón de Gibraltar –uno de los símbolos más importantes de la ciudad, junto con otras reliquias sacadas tras la ocupación inglesa– fue bordado por la reina Juana de Castilla. La traslación oral de este aserto no ha podido confirmarse documentalmente, pero pudiera tener un origen al que me voy a referir.

    La ciudad de Gibraltar estaba bajo la propiedad y jurisdicción del duque de Medina Sidonia cuando los Reyes Católicos ordenaron en diciembre de 1501 la incorporación de la misma a la corona castellana, medida que se plasmó en enero del siguiente año. Posteriormente, una cédula real dada en Toledo –conservada en San Roque– dotó de escudo de armas a la plaza, expresando que podía ser utilizado «en el sello de esa dicha ciudad, y en el pendón y banderas de ella, y en las torres y puertas y en los otros edificios, y en obras públicas».

    A la muerte de la reina Isabel la Católica, en noviembre de 1504, se comprobó que ésta había reiterado en su testamento la pertenencia de Gibraltar al reino, encargando a su hija, heredera del trono Juana de Castilla y a su esposo Felipe el Hermoso, que conservaran la misma, y que no permitiesen que fuese enajenada o cedida. En el mismo documento volvió a revocar la cesión efectuada en 1469  a la casa de Medina Sidonia por Enrique IV. El duque de Medina Sidonia, Juan Alonso Pérez de Guzmán, aprovechando el vacío en que había provocado la muerte de Isabel, con el surgimiento de intrigas, la estancia en Nápoles del viudo rey Felipe y la acusación de que Juana, a la que ya llamaban «la loca» había perdido el juicio, puso cerco a la ciudad calpense en octubre de 1506.

    Las tropas estaban al mando de su hijo Enrique, quien acampó en el prado de Fontetar, hoy en el municipio de San Roque. La plaza se aprestó a su defensa. En ausencia del alcaide propietario Garcilaso de la Vega y del corregidor Fernando de Gomara, asumió el mando el teniente alcaide Diego López de Haro, quien ordenó el cierre de las puertas y puso en armas a la población. Desde distintos puntos de Andalucía se prepararon tropas para auxiliar a los sitiados.

    Para mayor desgracia de Juana, su joven esposo había fallecido poco antes, víctima de la peste negra. Sin embargo, el duque levantó el cerco tras las numerosas presiones y promesas recibidas. El duque se vio obligado a abonar los gastos por los daños ocasionados por el bloqueo. Pago que se hizo directamente a los vecinos y de manera pública.




    La fidelidad del pueblo gibraltareño a la corona, fue premiada por Juana de Castilla, quien  otorgó a la ciudad el título de «Más Leal». El compromiso de Juana con Gibraltar fue evidente y, de manera decidida, daba cumplimiento a lo mandado por  su madre. Ese mismo título de «Más Leal», junto al de «Muy Noble», que ostentaba Gibraltar, los mantiene la ciudad de San Roque.

    La considerada «loca» por su amor desmedido y sus celos de Felipe el Hermoso, del que no se apartó del lecho de muerte a riesgo de ser contagiada, ¿bordó la enseña gibraltareña o simplemente ordenó que se hiciera? No se puede afirmar a día de hoy, pero el histórico pabellón fue tenido como tal en la plaza gibraltareña y la tradición fue trasladada con los fundadores de San Roque. El estandarte adquirió gran relieve, no sólo a nivel oficial, sino entre el propio pueblo, que supo protegerlo en todo momento, y al que denominaban Pendón, con mayúsculas.

    En Gibraltar era tremolado con la coronación de los monarcas, privilegio que correspondía al alférez mayor perpetuo, y que tenía carácter hereditario desde 1576 en la familia Sanabria. Esta tradición no se interrumpió con la pérdida de Gibraltar. Así, el 30 de mayo de 1748 se celebró la ceremonia por la proclamación de Fernando VI en el campo de San Roque, ejerciendo de alférez mayor en dicha ocasión Cristóbal Rafael Fernández de Córdoba Portocarrero, marqués de Aljarinejo y señor de Benahavís, descendiente de los Villena.

    Y un dato más actual que iría en la línea de lo que en el pueblo caló a lo largo del tiempo. La enseña fue restaurada en dos ocasiones. En 1971 lo fue en el Instituto de Conservación y Restauración de Obras de Arte de Madrid. El trabajo fue efectuado por la jefa del Departamento de Restauración de Tejidos, María Socorro Mantilla de los Ríos y la restauradora María Yravedra. La segunda intervención se hizo directamente en San Roque en 2002. Nuevamente fue Mantilla de los Ríos con la colaboración de Mónica Moreno García.

    En esta ocasión se efectuó un estudio pormenorizado de la pieza compuesta de un damasco de seda natural, «de dibujo muy abierto con grandes motivos vegetales, hojas de acanto y granadas, de formas suaves y airosas». Al referirse a los bordados –y es aquí donde llama la atención–, tras describirlos detalladamente, el informe científico señala que «son de carácter erudito y, por ello, fruto de un taller de prestigio, como lo confirma el empleo de determinados materiales y la combinación de diversos puntos».

    Este aspecto fue desarrollado por la reconocida experta en la conferencia que ofreció tras los trabajos realizados, añadiendo que dichos bordados se correspondían con los prestigiosos talleres castellanos de la época en que reinó Juana de Castilla.