Viernes, 1 de Julio de 2022
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La medicina en Algeciras en los años veinte del siglo pasado (yII)

  • Asistencia a los pobres y clínica de lujo

    La medicina en Algeciras en los años veinte del siglo pasado (yII)
    Cargamento de corcho partiendo del puerto para el norte español. FOTO NG
    Historia

    El prestigio y el afecto que la ciudad de Algeciras mantenía al médico Ventura Morón molestaba a círculos muy concretos y minoritarios. El popular médico concitaba el elogio general, no sólo a nivel cotidiano sino en la propia prensa local donde se recogían sus acertadas intervenciones médicas, empero, como no puede faltar, la envidia que, en estos casos suele surgir de la propia profesión, afloró de manera organizada. 

    De esta forma, en agosto de 1924, los galenos algecireños enviaron un escrito al Ayuntamiento para que al popular compañero se le retiraran las mil pesetas anuales que como gratificación recibía por el cargo de médico-director del Hospital Civil

    La iniciativa fue de los médicos titulares Rocafort, Cumbre y Costa, al que unió su rúbrica el doctor Zurita. Algo que supuso un duro golpe para Morón, que siempre mostró un alto grado de compañerismo.

    La petición no sólo fue rechazada por el alcalde Joaquín Bianchi Santacana, sino que supuso una reprimenda para los impulsores de la iniciativa. Bianchi no pudo ocultar su disgusto con la iniciativa de los médicos y con energía rechazó la pretensión dirigida al Consistorio.

    A esta postura se unió la prensa de la localidad, elogiando al alcalde por su rápida determinación. Los periódicos resaltaron que el dinero destinado al médico era insignificante para el extraordinario y humanitario trabajo que realizaba.

    Morón supone hoy uno de los referentes del ejercicio profesional de la medicina tanto en Algeciras como en el resto del Campo de Gibraltar.

    Asistencia gratuita a los pobres

    Otros médicos destacaron en Algeciras en esos años. Aunque menos conocidos también forman parte de esa pequeña historia de la sanidad en esta localidad.





    La pobreza reinante hacía que algunos médicos dedicaran unas horas gratuitas de sus consultas a los más necesitados. Eduardo Llinás de Villar, que tenía su consulta en la calle Ruiz Tagle, 3 (antes Jerez) estableció ese servicio de tres a cuatro de la tarde.

    No fue el único, también el oculista Sáez, establecido en Sagasta 8, bajo, dedicaba ese trabajo desinteresado de once a doce de la mañana.

    Por su parte, actuaba la institución de la Beneficencia que obtenía fondos para su distribución en sectores y asociaciones que trabajaban para los vecinos más pobres. 

    Las cantidades obtenidas se distribuían entre la Cruz Roja, el asilo de Ancianos, las escuelas de San Isidro y Huertas de la Cruz, las conferencias de Señoras y la de Caballeros. Igualmente las destinadas al concepto de “mendicidad” y las ayudas de Navidad en pan y carne a las familias en peor situación.

    Al mismo tiempo iba apareciendo una medicina muy poco conocida en la comarca. En 1921 se estableció en la ciudad el oculista Víctor Hernández Cid, que se había formado en la capital de España. En su Clínica Moderna, de la calle San Juan, 15, anunciaba las especialidades “de rayos X, electricidad médica, ozonoterapia, diatermia, fulguración, autocondensación, efluviación, masaje vibratorio eléctrico y rayos ultravioleta”.

    El mismo doctor abrió también el Sanatorio del Pilar, situado en la calle San Nicolás, “una especie de avenida frondosa, pues los chalets que dan márgenes a dicha calle son preciosísimos y bordeados de árboles higiénicos y parterres de flores olorosas, tanto peninsulares como exóticas”, escribía la prensa local en lo que hoy podríamos llamar un publirreportaje. 

    Después de destacar las cualidades del doctor Hernández, se distinguía el establecimiento exclusivo para una determinada clase social: “ha buscado el complemento no sólo en la higiene y confort en las habitaciones del sanatorio, sino también en la Naturaleza. Entre aires puros oxigenados y los ambientes del iodo marítimo”. Como resultante de todo ello, llevaría al “saneamiento y fortaleza orgánica de todo enfermo”.

    Para completar la presencia médica, en el hotel donde se alojaba, pasaba consulta el doctor Jaramillo, naturalista, que sin “medicación ni operaciones” giraba visita por la comarca, e incluso ofrecía conferencias sobre esta modalidad médica, como la impartida en el Teatro Cómico de La Línea.




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