Domingo, 1 de Agosto de 2021
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La muerte va en camilla por el sendero de la Cruz del Padre Ventura

  • La cogida de Tornero en la feria “salvada” de la epidemia

    Cartel de la última tarde de Tornero (Ayuntamiento de San Roque)
    Cartel de la última tarde de Tornero (Ayuntamiento de San Roque)
    Historia

    El camino que los vecinos tanto utilizaban para ir a la playa de Puente Mayorga se convirtió en un auténtico calvario para el pobre torero. A través del campo llevado en una camilla con la horrible herida cada vez más abierta. Así llevaban a Mariano Tornero que pudo ver que la cruz de madera que de pronto divisaba, no era una celestial aparición. La antigua Cruz del Padre Ventura, un símbolo histórico del Campo de Gibraltar dominaba con su sencilla figura la parte alta del sendero al que daba nombre.

    Con vida llegó al puerto de Puente Mayorga donde le esperaba el buque James Haynes, que se disponía para su traslado a Cádiz. La gangrena se había hecho presente tras la grave cornada propinada por el toro Capirote. En plena bahía a bordo del barco inglés exhalaría su último suspiro el torero madrileño de 34 años de edad. El barco se dirigió hacia Algeciras, en cuyo cementerio recibiría sepultura. Era el 4 de agosto de 1885.

    Con la Feria Real “salvada” de la epidemia de cólera morbo que afectaba principalmente a las poblaciones de La Línea y Gibraltar, el Ayuntamiento de San Roque había dispuesto dos corridas de toros. Ambas a cargo de los espadas Juan Ruiz Lagartija, de Murcia y Antonio Ortega El Marinero, de Cádiz. La primera de la ganadería de Arriba Hermanos y la segunda de Anastasio Martín, ambas de Sevilla.

    Mariano Tornero pertenecía a la cuadrilla de Lagartija, de la que también formaban parte Eusebio Martínez y José Galindo, todos madrileños. El Marinero contaba con los subalternos Antonio Herrera Añillos y Antonio Zayas, de Sevilla, y Gaspar Díaz, de Cádiz.

    La primera de las corridas tuvo lugar el 2 de agosto y al día siguiente, con reses de Anastasio Martín, se produjo la tremenda cogida de Tornero.

    El cronista Pepete lo recordaba años después, en 1927, en el semanario local El Pueblo, señalando que de la tarde anterior habían sobrado dos toros “a causa de su extraordinaria bravura” y prolongarse la lidia hasta entrada la noche. Los dos morlacos, según el cronista, se sumaron a los seis de la siguiente corrida.

    Para que no ocurriese lo mismo se adelantó el inicio a las tres de la tarde, pero ocurrió como la anterior, “sirviéndose muchos espectadores de cerillas para poder ver el final de la lidia”. 





    En el quinto toro tuvo lugar el suceso que costó la vida a Tornero. Según Pepete se produjo durante la suerte de varas. El banderillero le echó el capote al animal, siendo alcanzado y cayendo al albero. En principio “se hizo el muerto” y el toro se retiró, pero quedando cerca. Cuando se incorporó el subalterno, la res se volvió y lo enganchó por el vientre.

    Otras reseñas se refieren a que la cogida se originó al preparar a Capirote para que lo banderilleara su compañero José Galindo. Al pisar un cencerro, cayendo al suelo y siendo empitonado por  el costado derecho. No existe coincidencia en otro de los relatos realizados años más tarde. Se dice que, en efecto, preparaba el toro para Galindo cuando se le enredó el capote, perdiendo el equilibrio. En el momento que se incorporaba fue volteado y corneado “por debajo de la última costilla falsa del lado izquierdo, produciéndose una herida espantosa”.

    Esa misma tarde también fue cogido El Marinero, que aunque no fue herido de gravedad, se vio imposibilitado de matar los dos toros que le quedaban.

    A Mariano Tornero Serisola correspondió el trágico honor de ser el primer torero muerto a causa de una cogida en el coso sanroqueño. Banderillero modesto había nacido en 1851 y en 1880 se incorporó a la cuadrilla de Frascuelo. En Jerez de la Frontera sufrió una grave cornada en el muslo derecho, de la que se recuperó tras ser trasladado a Madrid.

    El toreo en las poblaciones sin la necesaria asistencia sanitaria era enormemente arriesgado. Años más tarde, el 22 de julio de 1911, el novillero sanroqueño Miguel Muñoz Minuto Chico fue corneado por una vaca durante una capea, que el ganadero Francisco Collado había organizado en San Enrique de Guadiaro.

    Al no existir médico el torero fue conducido a La Línea en una camilla portada por cuatro compañeros. La larga distancia hizo que Minuto Chico llegara en estado preagónico, haciendo ineficaz el auxilio sanitario.

    El ganadero gratificó a los camilleros improvisados con cinco pesetas a repartir. La prensa informó que la infortunada madre del fallecido quedaba en la miseria.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
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