Lunes, 23 de Septiembre de 2019
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La primera treta británica para apropiarse del istmo de Gibraltar

  • «El Peñón de Gibraltar frente al terreno neutral». Litografía de David Roberts, editada en 1837
    «El Peñón de Gibraltar frente al terreno neutral». Litografía de David Roberts, editada en 1837
    Historia

    En 1814 se produjo la primera treta británica para ampliar su territorio. Un nuevo brote de fiebre amarilla en Gibraltar impulsó al gobernador de la plaza George Don, a quien conocemos como todo un caballero que paseaba por las calles de San Roque donde compartía fiestas con sus amigos, a solicitar favores del vecino (Ver en este medio «El agradable gobernador británico que ejercía de espía»). El teniente general José María Alós, que no regateaba esfuerzos en pregonar sus títulos (gentilhombre de Cámara con ejercicio de S.M. Católica, Caballero de varias órdenes militares españolas, Teniente general de los Reales Ejércitos, Comandante general del Campo de Gibraltar, Presidente de la Junta de Sanidad…), que llegó a ser ministro de la Guerra de Fernando VII, pero al que muchos historiadores califican «hombre mediocre», era invitado por su «amigo» a firmar un documento conjunto por el que admitía que «en caso de necesidad, el Comandante de La Línea facilitará a las tropas y habitantes que haya en el terreno neutral, cuantos auxilios dicte la buena armonía que reina entre ingleses y españoles, proclamando que el tráfico de víveres se haga de día, y que de noche no haya roce ni comunicación alguna, celando este asunto con la circunspección que merece».

    Las pretensiones del general británico eran otras, que no las caritativas, que había creído Alós de auxiliar a los enfermos de fiebre amarilla. El 26 de julio de ese mismo año, el astuto Don, escribiría una carta al ministro conde de Bathurs en la que, entre otras cosas, afirmaba: «Con el mismo objeto hice, según informaba a V. anteriormente, que una gran proporción de los habitantes que no han tenido hasta el momento la fiebre, se estableciera temporalmente en terreno neutral (…) Y tengo el gusto de añadir que la población, tanto civil como militar, está en magnífico estado de salud y que el Gobierno español está aparentemente tan satisfecho con lo que se ha hecho para prevenir la reaparición de la fiebre, que la Junta Suprema de Sanidad ha dado orden de que las comunicaciones entre esta guarnición y España continúen con la misma libertad que anteriormente, salvo algunas pequeñas formalidades relativas a los pasaportes».     

    Y bien, la satisfacción de los españoles la interpretaría el general Don como graciosa donación, porque los ingleses se quedaron para siempre con aquel trozo del llamado campo neutral.




    En San Roque, el municipio limítrofe con Gibraltar –todavía no se había fundado la ciudad de La Línea–, no se salía de la sorpresa. Para mayor enfado, otro golpe sería la concesión del permiso de Alós, gracias a los oficios de Don, para que los ingleses excavaran sin control en la ciudad romana de Carteia, produciéndose un auténtico despojo del patrimonio histórico sanroqueño. Así lo recogía el historiador Francisco María Montero en su Historia de Gibraltar: «El almirante Heming, que mandaba la escuadra inglesa del Mediterráneo por los años de 1814, durante su estancia en Gibraltar, mandó practicar con licencia de nuestras autoridades grandes excavaciones y sacó muchas preciosidades en estatuas de mármol y bronce, medallas y otros objetos que se llevó a Londres».

    Volviendo a San Roque, en todo momento se llevaron a cabo auxilios a los que eran alojados provisionalmente en el campo neutral por motivo de epidemias. Otra cosa era aceptar que esos terrenos fuesen a continuación ocupados por los británicos. A tal efecto, un nuevo documento da testimonio de la solidaridad del pueblo sanroqueño. El propio alcalde Juan Antonio Rosier había participado y había hecho participar a todo el pueblo de San Roque en la ayuda a los vecinos de Gibraltar cuando comenzaba a hacerse presente la epidemia en el Peñón, en septiembre de 1813, hasta el punto de agotar las reservas económicas del municipio.  

    Así, cuando fue requerida la ciudad para colaborar en el auxilio, Rosier respondía que desde antes de recibir esas órdenes, «ha estado el Ayuntamiento, en unión con la Junta de Sanidad, atendiendo a todos los indispensables gastos que se han originado para la manutención de los cuarentenarios procedentes de Gibraltar, subsistencia de la tropa, y demás relativo a la sanidad, a cuyo fin, ha echado mano de todos los fondos públicos que existían en esta ciudad».

    Juan Antonio Rosier, que era el primer alcalde constitucional de San Roque, había tomado posesión de su cargo en el mes de enero de 1813 –después de la aprobación y reconocimiento en San Roque de la Constitución de 1812–, sustituyendo a Jerónimo Agüero de Peredo, quien a su vez le volvió a sustituir en julio de 1814, una vez repuesto en el trono Fernando VII y abolido el régimen constitucional.