Sábado, 24 de Octubre de 2020
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La titánica lucha de un pueblo contra la epidemia de cólera morbo (y III)

  • Calle San Felipe, San Roque. G. W. Wilson. Hacia 1868
    Calle San Felipe, San Roque. G. W. Wilson. Hacia 1868
    Historia

    La tropa del regimiento de Jerez, cuyo cabo cartero había sido aislado por manifestar síntomas de cólera, pasó al Cuartel de Barracones. Esta medida del mando militar motivó la protesta del Consistorio. La junta sanitaria municipal consideraba que este lugar elegido por los militares no era el más adecuado, dada la cercanía a la ciudad, y hallarse “en terrenos pantanosos y enfermizos”.

    El Ayuntamiento ordenó al comandante de dicha fuerza, que se estableciera en el cortijo del Rocadillo y que el enfermo fuese ingresado en el lazareto del cortijo del Santísimo. Finalmente, la tropa fue a parar al Pinar Rendón, cerca del Pinar del Rey, debido a los desordenes y excesos que los soldados cometían en el caserío.

    El 6 de julio se tomaron nuevas medidas. Ante la pobreza de la mayor parte del vecindario, no se podían ejercer en su totalidad todos los servicios de guardia. Los puntos comenzaron a ser abandonados, por lo que se optó por la formación de una partida de hombres armados y “de buena conducta” para realizar la vigilancia. También se acordó socorrer con tres reales diarios y el abono de medicinas a los pobres que pudieran verse afectado por la epidemia

    De igual modo, atendiendo las órdenes de los médicos, durante los días de más calor, se suministrarían “helados y nieves que se puedan aplicar a determinados síntomas de la enfermedad”. El Ayuntamiento destinó una primera partida de 500 reales, contratando la mercancía con Santiago Rotondo, dueño del Café San Felipe.

    Fueron desinfectados los utensilios del cuartel de Caballería, donde se dio el caso del cabo enfermo, y se buscaron camas y jergones para el Hospital de Caridad, “con destino a los pobres que pudieran enfermar”.

    A pesar de las previsiones, San Roque tuvo que asumir una real orden de primeros de julio, que mandaba a los pueblos infectos o sospechosos de cólera comunicarse entre sí. El Consistorio protestó, pues consideraba que tan sólo contaba con un sospechoso de enfermedad y éste se hallaba en total aislamiento. Sin embargo, no tuvo más remedio que cumplir lo ordenado. Esa libre circulación con las localidades infectadas hizo que comenzaran a darse nuevos casos, pero el Ayuntamiento siguió tomando sus propias medidas para que la epidemia no se generalizase, después de tanto esfuerzo y dinero invertido en su combate.



    BONO TURISTICO ANDALUZ
    BONO TURISTICO ANDALUZ


    El día 11 el Ayuntamiento, que tan eficazmente había actuado contra la epidemia, hubo de retirar los palenques de la Venta Gámez y La Alcaidesa, aunque dejó cerrado el de Gibraltar. El 14, los puestos de Guadarranque montados por la Junta de Sanidad se replegaron hacia la orilla derecha.

    La situación económica de la población alcanzó cotas alarmantes. El fondo de los voluntarios realistas quedó extinguido y hubo de recurrirse a diez mil reales del Pósito Público, tabla de salvación como tantas veces.

    Al cesar los lazaretos fueron despedidos los trabajadores y se hubo de hacer frente a los alquileres de los edificios. Los médicos Vinet y Catany se vieron sin recursos y sin sueldos, por lo que el Ayuntamiento reconociendo su ímprobo trabajo, les destinó 600 y 400 reales respectivamente. A José Bolaños, encargado de la distribución de guardias lazaretos y citaciones, se le gratificó con 200 reales.

    La apertura de la ciudad hizo que el cólera hiciera presa en vecinos de condición humilde, realizando los médicos sanroqueños una enorme labor de asistencia. La medida gubernamental de abrir el municipio no pudo ser más equivocada

    El 15 de agosto, el vocal de la Junta de Sanidad, Cristóbal Infante, solicitó una reunión para quejarse del movimiento de gente proveniente de Algeciras que buscaba un lugar más seguro, cuando en San Roque se disfrutaba de buena salud a nivel general. A este respecto, se insistió en que se estableciese la incomunicación con la vecina ciudad, recordando el minucioso plan que se había llevado a cabo para que el cólera no penetrase en la población, labor en la que se había volcado todo el vecindario. 

    Al no ser atendidas las peticiones, el Ayuntamiento tomó una determinación unilateral: decidió que las personas provenientes de Algeciras, no se establecieran ni pernoctasen en San Roque.

    La ciudad algecireña había sufrido la enfermedad de manera directa. El investigador Martín Bueno Lozano, que estudió este episodio, escribió como al pintor Eugéne Delacroix, viajando en barco desde Francia a Tánger, se le impidió la entrada en Algeciras. Bueno Lozano recogió que el primer caso se produjo el 19 de junio y que la enfermedad, que cesó oficialmente el 30 de agosto, provocó la muerte de doscientas personas. Sin embargo, parece que el número de fallecidos pudo ser mayor.




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