Viernes, 14 de Mayo de 2021
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La visita a Gibraltar de miembros de la Casa Real española

  • Historia

    Por primera vez llegaban a Gibraltar representantes de la realeza española.  No era una visita oficial pero los duques de Montpensier -Antonio de Orleans y María Luisa Fernanda de Borbón- fueron recibidos con todos los honores.         

    El matrimonio llegó a Algeciras, procedente de Ceuta, el 9 de julio de 1849, siendo recibido con salvas desde el fuerte de Santiago y de la Isla Verde. Las autoridades ofrecieron una comida y, tras descansar, al caer la tarde, la población fue iluminada de manera extraordinaria. Se encendieron fuegos artificiales en la Plaza Alta y en algunos buques de la bahía. Cena y baile antes de marcharse a descansar, pues al día siguiente la pareja partía para el Peñón.

    Al dominio británico llegaron los duques a bordo del buque  Ragger-Staff, siendo acompañados por el comandante general del Campo, Juan de Lara, y otras personalidades. El gobernador de la plaza, Robert Gardiner, les tributó no solamente los máximos honores, sino que les colmó de atenciones durante la jornada que allí permanecieron. El historiador Francisco María Montero, testigo de la visita, refiere que «el gobernador dio por la noche, en el Convento  -sede y residencia oficial-, en honor de los ilustres huéspedes, un baile espléndido, en el cual ostentó nuestra Infanta todas las galas y atavíos de su riqueza juntos con los de su natural hermosura, con tan regia dignidad en su porte y maneras, que dejó prendados a los extraños y lleno de envanecimiento a los propios que tuvimos la dicha de contemplarla».

    Los Montpensier manifestaron el deseo de subir a la parte más alta del Peñón, donde existía un cuerpo de guardia y un cañón. El gobernador dispuso de inmediato la subida,  preparando una berlina que, en lugar de ser tirada por caballos, lo fue por soldados. Desde aquel punto, los infantes disfrutaron de una extraordinaria vista.
    Los mismos soldados bajaron la berlina, con absoluta normalidad y por caminos seguros. A continuación se ofreció una magnífica comida. Algunos testigos aludieron a que la infanta compartió baile con un hijo del gobernador.

    Tras dormir en la residencia del representante británico, después del desayuno, a las once de la mañana, cruzaron Puerta Tierra. Hasta allí fueron acompañados por el gobernador, tomando dirección a San Roque.

    El 11 llegaron a la ciudad fundada por los gibraltareños, donde, como señala el cronista Lorenzo Valverde, la visita había levantado una gran expectación. Nada más oírse las salvas de las baterías inglesas Ulises y del Pastel muchos sanroqueños se trasladaron al mirador de Los Cañones, permaneciendo hasta presenciar la entrada de los reales visitantes.

    En carruaje subieron por la calle San Felipe, que se hallaba engalanada en todo su recorrido. A mediados de esta calzada se detuvieron para entrar en la casa del vecino Manuel Gambaro, en cuyo balcón ondeaba la bandera española. Allí recibió los honores de las autoridades, presentando armas una compañía de granaderos.

    Luego continuaron su marcha hacia la Plaza de la Iglesia,  entrando bajo palio en la parroquia Santa María la Coronada, donde se cantó un solemne tedeum. 

    Tal como estaba previsto salieron del templo sin pasar a la Casa Consistorial, retornando a la vivienda de Gambaro. Hasta allí se desplazó el Cabildo portando el Pendón de Gibraltar y el Libro de los Privilegios procedente de la misma.





    El Ayuntamiento había preparado un almuerzo en el domicilio citado, que, como relata Valverde, fue servido «en platos de cristal» que junto a  los cubiertos, habían sido comprados en Gibraltar y traídos el día antes de la llegada de los infantes. El cronista elogiaba la sencillez de los Montpensier, «pues no se desdeñaron en sentar a la mesa y  a su lado al señor Gambaro, a su esposa y a una hija joven que tienen, que a ésta, la infanta le regaló un alfiler de pecho y a la madre unos zarcillos, y ambas prendas, regularmente serán de gusto y valor».

    Aprovechando la visita, varias mujeres pobres hicieron llegar peticiones a la infanta «para remediar sus necesidades». María Luisa Fernanda llamó al alcalde y le entregó cien duros, para que setenta y cinco los repartiese entre las peticionarias,  y el resto se los diera a los que habían servido la mesa.

    Tampoco pasó por alto el cronista el hecho de que una asistenta llevaba en brazos a una hija del matrimonio.

    A las tres y media del mismo día marcharon los infantes y su comitiva hacia Puente Mayorga, y desde allí hasta Guadarranque, donde pasaron el río en barca. Operación que repitieron en el Palmones para llegar a Algeciras, y desde allí continuar su periplo andaluz.

    Antonio de Orleans, duque de Montpesier era miembro de la familia real francesa. Se casó con María Luisa Fernanda de Borbón, hermana de la reina Isabel II, en octubre de 1846, en una doble boda, en la que la monarca contrajo matrimonio con su primo Francisco de Asís de Borbón. El duque conspiró en diferentes momentos para obtener el trono en favor de su esposa, incluso cuando fue descartado en votación por las Cortes como nuevo rey de España, al salir elegido Amadeo de Saboya. En esa ocasión, a la luz de las nuevas investigaciones, sería uno de los organizadores del atentado que costó la vida al presidente del Gobierno, Juan Prim. Entre los avatares del duque figuró la muerte que dio en duelo a pistola, al primo de su esposa y hermano del rey consorte, Enrique de Borbón. Apartado de las intrigas políticas falleció en su residencia de Sanlúcar de Barrameda en 1890. Su esposa moriría siete años más tarde en el palacio de San Telmo, en Sevilla.

     

    Foto. Retrato de María Luisa Fernanda de Borbón. Obra de José de Madrazo (1781-1859). Palacio Real

     

     

     




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