Lunes, 30 de Noviembre de 2020
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Medallas de plata por la proclamación de Isabel II

  • Documento donde se recogen los actos por la proclamación de Isabel II (Archivo Municipal de San Roque)
    Documento donde se recogen los actos por la proclamación de Isabel II (Archivo Municipal de San Roque)
    Historia

    Qué estaba pasando que a la ciudad de San Roque llegaban grupos de personas de toda la comarca, incluida la vecina Gibraltar. Una gran fiesta se había preparado por la proclamación de Isabel II y nadie quería perdérsela. Además se había corrido la voz que se iban a repartir medallas de plata, un motivo más para la asistencia

    El Consistorio, con la organización de dichos actos, atendía la carta que había dirigido la reina madre María Cristina, “a la ciudad de Gibraltar, residente en la de San Roque”. Y ello era motivo suficiente para que los festejos fuesen todo lo extraordinario que la ocasión merecía.

    Lo cierto es que después del reinado de Fernando VII muchos esperaban que la situación cambiaseLos liberales continuaron siendo víctimas de la represión. San Roque era un punto esencial en ese combate, que se extendía a la serranía y a los pueblos costeros de Málaga. En este sentido en marzo de 1831 llegaron a la ciudad los capitanes generales de Granada y de Sevilla, La Serna y Quesada respectivamente. Ambos se alojaron en la fonda de La Corona, en la calle San Felipe, y planificaron los ataques a los dispersos grupos de constitucionales.

    Por eso, cuando treinta campanadas de agonía, daban a conocer en la ciudad la muerte de Fernando VII, acaecida en Madrid el 29 de septiembre de 1833, muchos liberales suspiraron de esperanza. 

    Su hija María Isabel Luisa de Borbón, que no había cumplido los tres años de edad, iba a ser proclamada reina con el título de Isabel II. Durante su minoría quedaba como regente la reina viuda, María Cristina. Sin embargo, el hermano del monarca fallecido, Carlos María Isidro consideró que el trono le pertenecía en virtud de la Ley Sálica. Ello dio pie a otro enfrentamiento civil: la primera guerra carlista. La lucha finalizó con el Convenio de Vergara, si bien continuaron las hostilidades hasta julio de 1840, en que los isabelinos tomaron la ciudad catalana de Berga.



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    Pero, por el momento, la fiesta se hallaba en San Roque. La proclamación fue celebrada el 23 de noviembre y su anuncio fue acompañado de repiques generales de campanas. La reunión tuvo lugar en la Plaza Mayor, junto a la Casa Consistorial, cuyo frente se había adornado, figurando en el balcón un retrato de Isabel II. 

    Testimonio excepcional del acontecimiento es el impreso realizado en la ciudad por la imprenta de Cristóbal Cantilló -se conserva en el Archivo Municipal de San Roque-, donde se da cuenta de los actos organizados.

    Escrito como verdadera noticia periodística, da cuenta de la acuñación de medallas de plata por parte del Ayuntamiento, al igual que ocurriese con la proclamación de Carlos IV, e incluso de cómo el regidor decano sustituyó al alférez mayor, conde de Luque, que era el encargado de tremolar el Pendón de Gibraltar, tal como estaba establecido. El conde se había excusado desde Granada.

    El acto dio comienzo con la partida a caballo de los regidores perpetuos Juan de Torres y José Pizano, que se dirigieron a la casa del alférez mayor, Antonio Pérez de la Calle. Éste, tras la fórmula oficial, montó su caballo, partiendo los tres a reunirse con el resto de regidores, que se hallaban en la citada plaza con el corregidor Pedro de Mendoza y Vázquez.

    Dentro del Ayuntamiento, Pérez de la Calle recibió el estandarte, y saliendo al balcón lo tremoló tres veces. Acto seguido arrojó las medallas de plata, que en una de sus caras llevaba la reproducción del escudo concedido por los Reyes Católicos a la ciudad de Gibraltar, con inscripción “Civitas Calpenses”. Y en el anverso, la leyenda “Inproclam. Regin. Elisabeth II. A. D. 1833”. A continuación se organizó un gran desfile con participación del pueblo y de la gran cantidad de personas que hasta la ciudad había llegado.     

    No tardaría mucho en que los motivos de alegría se tornaran en temor, pero esta vez no era debido a la guerra. Una epidemia de cólera morbo que afectaba desde 1832 a Francia no tardaría en extenderse por Inglaterra y Portugal. La ciudad celebró rogativas para no ser alcanzada por el mal, que en 1834 entraba de lleno en las poblaciones de Andalucía. San Roque iba a poner a prueba su fama de pueblo sano. Bien que lo sabía el duque de Kent, cuando había traído hasta la ciudad a su amada, madame de Saint Laurent, lejos del foco febril que entonces existía en Gibraltar. Otro capítulo de la historia de la comarca.




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