Lunes, 4 de Julio de 2022
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Medidas del Cabildo para organizar el abastecimiento de pan y carne

  • Para la ciudad “desplazada” de Gibraltar

    Gibraltar desde San Roque al caer la tarde. Imagen actual
    Gibraltar desde San Roque al caer la tarde. Imagen actual
    Historia

    Lograr restablecer una administración pública, necesaria para el mantenimiento de lo que podría denominarse “una ciudad desplazada”, era tarea prioritaria de los gibraltareños que salieron de la plaza y se hallaban en torno al Peñón. Y el abastecimiento de alimentos era prioritario.

    A este respecto, en 1709, la Ciudad -el Ayuntamiento- concedió a Félix Corttisos, el abasto de carne de vaca desde la Pascua de Resurrección hasta Todos los Santos, en la cantidad de “seis cuartos libra”. Como fiador figuró Diego Ponce, personaje fundamental en la fundación de San Roque y muy activo comerciante.

    Para este cometido, el Cabildo nombró fiel y cortador a Lucas Maldonado, al que se le asignó treinta y dos maravedíes “por cada vara conforme la costumbre y cobranza en Gibraltar”.

    Inherente a ello, por medio del diputado de abastos Joseph Pérez de Viacoba, se efectuó el repartimiento de carnicerías. A tal efecto dejó constancia el escribano del Cabildo, cursándose orden al fiel del ramo para citar “a los amos de las carneradas que habían entrado en este Campo”.

    La falta de cumplimiento de lo establecido por el Consistorio llevaba consigo la exclusión para la actividad al siguiente año.

    Por otro lado, la gestión del Pósito era pieza clave para los gibraltareños. Así, los diputados de esa institución, Joseph y Bartolomé Pérez de Viacoba presentaron la memoria preceptiva, que fue aprobada por los munícipes.

    Respecto del abastecimiento de pan, el Cabildo admitió la oferta de Antonio Panumpino, de ochenta y ocho libras de pan por cada fanega de trigo del Pósito. Aparte de la cantidad, el Ayuntamiento exigió la debida calidad, así como que el trigo fuese traído desde Guadiaro, donde cada partida de cereal comprendía seis fanegas. Del reparto del pan se encargaría Silvestre Noguera, depositario del Pósito.

    Cuando se efectuó la distribución del trigo entre los panaderos de la zona de Guadiaro, así como del pan elaborado, Noguera solicitó una ayuda municipal por los traslados y gastos que había tenido que efectuar para tal fin. El Cabildo le libró la cantidad de sesenta reales de vellón.





    Sin embargo, no obtuvo igual satisfacción Antonio Panumpino, que alegaba el desfase en el coste del denominado pan de munición.

    También contaba ese Gibraltar desplazado con sus propias dehesas, cuyo producto era utilizado para el pago de los torreros y otras cargas municipales. Por tanto, era de suma importancia que los agostaderos no fuesen utilizados arbitrariamente. A tal fin se solicitó del corregidor Esteban Gil de Quiñones, el control de los ganados que pastaban en dichos terrenos.

    Las dehesas afectadas eran las denominadas Guadarranque, Guadacorte, el prado de Fontetar, Benarax, el Acebuchal y Algeciras.

    Sin embargo, esta determinación encontró algunas excepciones. Tal era el caso del ganado que Alfonso Joseph Tavares de Ahumada mantenía en Guadacorte, y que se veía amparado por una real provisión y un mandato de la Real Chancillería de Granada. Su expulsión supondría un grave perjuicio, recordó al Cabildo el corregidor Gil de Quiñones.

    La ejecución de lo acordado fue asignada a los regidores Bartolomé Luis Varela y Francisco de Arcos Mendiola, no sin antes manifestar la protesta municipal, ya que estos terrenos -dando preferencia a la agricultura-, estaban destinados para los bueyes de los labradores del término. El gobierno municipal acordó recurrir ante Real Chancillería de Granada.

    Más que abusos eran robos en toda regla los que sufrían los gibraltareños por parte de los enemigos ingleses, que saliendo de la plaza de Gibraltar, aprovechando la poca guarnición española, se adentraban en el campo llevándose todo género de ganado y provisiones. El Ayuntamiento manifestaba que el ejército enemigo “se halla con más fuerzas de caballerías que la que tiene y guarnece este bloqueo”.

    Y no eran sólo los británicos, también gente de poblaciones cercanas llevaban a cabo sustracciones que luego trasladaban hasta Gibraltar, en concreto se hacía a alusión a algunos sujetos provenientes de la villa de Jimena.

    También se tenía noticias que en las dehesas propias de Algarrobo y Carril se estaban efectuando talas para carbón. Se trataba de terrenos expresamente designados por el rey para la fábrica de navíos y galeras. De estos montes se explotaba el fruto y el pasto para hacer frente al mantenimiento de las torres, puentes barcas y calzadas. Los diputados de campo se encargaron de comprobar estas actividades ilegales, entre las que se incluía el levantamiento de hornos.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
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