Miércoles, 23 de Septiembre de 2020
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El mundo cofrade de Gibraltar y su continuidad por los refugiados

  • La antiquísima talla gibraltareña de la Humildad y Paciencia, “Cristo de la Caña”, hoy en San Roque
    La antiquísima talla gibraltareña de la Humildad y Paciencia, “Cristo de la Caña”, hoy en San Roque
    Historia

    La imaginería gibraltareña anterior a la ocupación inglesa es importante y se inscribe en el esplendor que vivía esta expresión artística en España y en Andalucía muy especialmente.  Si bien no está suficientemente claro cuándo surgen las cofradías, algunos autores las enmarcan en la Europa de los siglos XII y XIII, como asociaciones religiosas y asistencias relacionadas con los gremios.

    Sin embargo, su desarrollo y consolidación llegaría con la Contrarreforma, como oposición al protestantismo y en un intento de profundizar en el espíritu evangélico. Esa postura se vería refrendada en el Concilio de Trento (1514-1563), siendo las procesiones la manifestación religiosa de adoración colectiva por antonomasia del catolicismo.

    Así nacerían tres tipos de cofradías que han llegado a la actualidad: sacramentales,de gloria y las de penitencia. Estas últimas son las que se dedican al culto de las imágenes relacionadas con la pasión y muerte de Cristo y los sufrimientos de la Virgen María. Son las encargadas de sacar los pasos en Semana Santa.          

    Sería en Sevilla donde la religiosidad popular adquiriría su verdadera carta de naturaleza al producirse la epidemia de peste de 1649, que causó la muerte a más de la mitad de la población. Y es en esa fecha cuando la ermita de San Roque, entonces en el término gibraltareño, constituiría para los habitantes de la plaza un verdadero centro de devoción.

    Cuando las cofradías gibraltareñas -que en otro momento merecerán un trabajo aparte- se trasladaron hasta San Roque, junto a las de penitencia como las del Nazareno, Santo Entierro y Soledad, Vera Cruz y Humildad y Paciencia, se establecieron otras que en la actualidad han desaparecido.

    La de las Ánimas, que entre sus reglas contaba con el acompañamiento de los entierros de cofrades, “con el pendón, cirios, y se le dará caja y paño del túmulo, y las luces necesarias para poner sobre él en la iglesia”. Durante la visita pastoral del obispo Armengual, se pidió “a todos los habitantes se sienten y pongan por cofrades y les concedemos 40 días de indulgencias por cada vez que dieren limosna”.

    La hermandad del Santo Rosario, que quedó constituida -reconstituida después de la salida de Gibraltar- el 12 de abril de 1711 ante el cura Diego García de Herrera, para dar culto a la Virgen María. También se encargaba de sufragar el entierro de sus cofrades.



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    Entre las obligaciones figuraba la de salir en la procesión del Corpus con estandarte e imagen de la Virgen, “con velas encendidas hasta el número de 22 hermanos”. La cofradía del Santísimo Sacramento, cuyo mayordomo era Patricio Sánchez, tenía como fin un mayor culto al Santísimo.

    Por su parte, con la intención de reconducir la devoción de los fieles a la Virgen de los Remedios (hoy Santa María la Coronada), el mercader gibraltareño Diego Ponce adquirió alhajas y celebró con gran solemnidad la fiesta mariana de primeros de octubre de 1714, en pleno campo de refugiados.

    Esta nueva hermandad quedaría vinculada a la del Rosario, encargada de la obtención de limosnas para la misma. En la actualidad la Hermandad de Gloria de Santa María la Coronada es la encargada del culto y las procesiones de la patrona.

    Precisamente, la llegada de dos de las imágenes procedentes de Gibraltar haría que se llevase a cabo la primera procesión junto a la ermita de San Roque, hasta donde había llegado el Cabildo gibraltareño y la mayor parte la población que había salido tras la toma del Peñón por los angloholandeses.

    Diego Ponce trasladó el 11 de enero de 1715 las imágenes de Nuestra Señora de los Remedios y de San Sebastián. El cura de la ermita de San Roque Francisco Román Trujillo organizó la procesión con dichas imágenes y una misa cantada. Diego Ponce, al que me he referido en otro momento como uno de los que lideraron a los refugiados, fue un hombre muy activo y especialmente comprometido con las hermandades de Gibraltar.

    La firma de Ponce figura en el documento del cabildo conjunto celebrado en el Campo de San Roque, en marzo de 1720, por el que las cofradías del Santísimo, la Soledad y Santo Entierro, Cristo de la Columna, y Vera Cruz solicitaban de las autoridades eclesiásticas la entrega de alhajas y otras pertenencias de las referidas hermandades, de cara a la reorganización de las mismas fuera de la plaza gibraltareña.

    Su papel fue fundamental para que algunas de las imágenes que llegaron a San Roque por su propia iniciativa, no fueran trasladadas a otras iglesias del interior

    Cuando falleció en 1721 era hermano mayor de la Vera Cruz y mayordomo de las Ánimas y del Santo Rosario. En su testamento quedó dispuesto que se dieran doscientas veinte misas por su alma y que se hiciese un pabellón para el sagrario del Santísimo.