Sábado, 25 de Enero de 2020
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El obispo de Gibraltar usurpa un camino público

  • La concurrida hípica de Campamento en 1870
    La concurrida hípica de Campamento en 1870
    Historia

    Que residiesen en Campamento, convertido en casi una prolongación de Gibraltar, estaba aceptado por el vecindario, pero que ocupasen ilegítimamente terreno público, ya era otra cosa. Vivir en la Bahía tenía sus ventajas pero también sus inconvenientes. Y bien lo sabían los vecinos de Puente Mayorga, La Línea y Campamento.

    El obispo católico de Gibraltar Juan Bautista Scandella era también vecino de Campamento, pero su relación con el pueblo era mínima. Su mundo era el de las fiestas en las mansiones de la barriada sanroqueña, que tomaba el nombre de la zona de campamentos y cuarteles en la época de la lucha por el Peñón. Allí se veía con militares ingleses, adinerados gibraltareños y los potentados andaluces de la Casa Larios.

    Monseñor paseaba por los Llanos del Polo y acudía a la hípica y no fue hasta la irrupción de la revolución liberal de la Gloriosa y la efímera I República, cuando vio amenazada su estatus en una jurisdicción que no era la suya.

    El Ayuntamiento de San Roque, en 1874, se hizo eco de las protestas vecinales sobre la manera de actuar del prelado, pues acusaban a éste de usurpar terreno público.

    El jerarca religioso no había tenido empacho en apropiarse de la vía que por el lado de poniente comunicaba esta localidad con la de Puente Mayorga, y el Consistorio ordenó dejar expedito el referido camino. 

    Ese año fue importante en la vida de la barriada. El Ayuntamiento atendió la petición de cincuenta y siete vecinos, encabezados por Manuel Garrido, para la construcción de un cementerio en la zona.





    La población de la bahía seguía creciendo y para el municipio era fundamental controlar el tránsito de personas, principalmente por razones de salubridad.

    Cada vez que se tenía conocimiento de cualquier noticia epidémica, se solían cursar órdenes determinantes a los controles de La Línea –entonces barrio de San Roque– y a la Comandancia de Marina de Puente Mayorga, para evitar el contagio proveniente del exterior. La rigidez de estos controles, en los que colaboraban activamente los pescadores facilitando información a las autoridades, evitó, en 1830, que el cólera morbo originado en Constantinopla y Argel, penetrase en el municipio, al igual que había ocurrido con otros pueblos de la provincia. Al año siguiente la vigilancia se orientó a las embarcaciones procedentes de Filipinas, Rusia y Polonia.

    En 1834 el cólera afectó a buena parte del país, causando un número de muertes menor en San Roque. Entre los vecinos de Puente y la Colonia se dieron algunos casos, que fueron atendidos por el médico municipal Francisco de Paula Vinet. De ellos, se produjo el fallecimiento de la vecina Inés Garrido.

    De otro lado, los vaivenes políticos de esa crucial época se dejaron sentir en esta parte del municipio. Al estallar la Gloriosa había sido sustituido Francisco Garrido en su puesto de capitán del puerto. Su cargo lo ocupó Miguel Ballester, pero no tardaron los vecinos en manifestar su disconformidad. Así, el alcalde-celador transmitió a las autoridades que se repusiera a Carrero, al que todos consideraban como persona de confianza. El mismo afecto no se dispensaba al vecino Antonio Caravallo Morales, para el que se pidió su arresto por considerarlo contrario al movimiento revolucionario implantado en el país. 

    A socaire de la actividad marítima, se trasladaron familias de otros lugares de la comarca, e incluso de la provincia de Málaga, lo que aumentó el número de humildes chabolas existentes. En 1878 el Consistorio concedió a Andrés Cano y Joaquín Blanca, 626 metros de terrenos para construir almacenes de corcho para su embarque por dicho punto. Blanca que al año siguiente figuraba de concejal, y que poco después sería alcalde, trataba de consolidar su posición de alto comerciante.

    Por su parte, la casa Larios estableció en 1888 otra industria corchera en la que trabajaban un número importante de obreros. 

    La producción de corcho procedía principalmente de los montes de Jimena y Castellar, y con el establecimiento de almacenes en el mismo lugar de embarque, permitió un movimiento económico que hasta entonces no se había conocido. 




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