Sábado, 28 de Noviembre de 2020
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Los políticos gibraltareños y el contencioso de Gibraltar (y II)

  • Los políticos gibraltareños y el contencioso de Gibraltar (y II)
    Sello y postal con motivo de la entrada en vigor de la Constitución calpense de 1964. FOTO APG
    Historia

    En septiembre de 1964 tuvieron lugar en Gibraltar los primeros comicios, de cara a formar gobierno propio. Joshua Hassan se alzó con una clara victoria. De los 10.106 votantes consiguió 4.603 escrutinios, muy lejos del segundo más votado, Peter Isola, que obtuvo 1.822.

    Gibraltar contaba, según datos de 1965, con 24.485 habitantes, de los que 18.432 eran nativos y el resto residentes de varios países. Dadas las circunstancias políticas por el asunto de la descolonización, el flamante primer ministro, decidió dar participación en su ejecutivo a miembros de la oposición.

    El propio Isola conformaría un frente con Hassan en aquella especial coyuntura. Ambos intervinieron en el Comité de los 24, en las sesiones de 1963 y 1964, como peticionarios de Gibraltar, dentro de la delegación británica, y como verdaderos héroes fueron recibidos en el Peñón.

    La aceptación como gobernante de Hassan subió en esos años, tal como demostró una encuesta publicada por la revista Social Action. En 1966 Hassan era el político local más valorado. Un rotundo 75 por ciento de los encuestados así lo estimaba.

    Su clara determinación de considerar al Peñón como parte de la Gran Bretaña, apostando por un estatuto especial de asociación, caló en una población necesitada de un líder.

    En unas declaraciones realizadas en 1965 a Tony Mockler, enviado especial del rotativo londinense The Guardian, dejó claro su planteamiento: «Gibraltar es una colonia sólo de nombre. No estamos bajo el yugo o la explotación de una potencia extranjera. No existe una opresión económica y Gran Bretaña no nos ha negado que determinemos nuestro propio futuro. Queremos tener cuidado en no cambiar una forma de colonialismo por otra».

    Pero en ese plano le surgió un competidor más radical. Robert Peliza había fundado el Partido para la Integración con Reino Unido, presentado por primera vez a unas elecciones en 1967. El año anterior, Peliza había salido a la palestra mediante una campaña de recogida de firmas solicitando la incorporación de la colonia a Gran Bretaña. Tenía ya recogidas cinco mil rúbricas, cuando Hassan se vio obligado a mover ficha. El primer ministro apareció en la televisión local anunciando que si la campaña continuaba, él dimitiría, pues ello suponía desautorizar su gestión política.

    Ante la sensación de falta de unidad de los políticos locales, Peliza dio marcha atrás, señalando que la amenaza de dimisión de su rival, podía considerarse una victoria política para su partido.



    Campaña Vacunación Gripe - Junta de Andalucía
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    La polarización de la sociedad gibraltareña en esos tiempos de tensión, hizo que en las elecciones parciales de mayo de 1967, Peliza consiguiera un buen resultado. Aunque venció el candidato del primer ministro, los llamados «halcones», con su lema «Diga nunca a España» recortaron distancia. Tan sólo 145 votos de diferencia separaron a ambos partidos (Álvarez, 3.866, Peliza, 3.721).

    Un moderado en tiempos de tensión

    En 1964, el moderado Salomon Seruya, era vicepresidente del partido de Isola y ministro de Desarrollo Económico del gobierno de coalición. Seruya actuaba con bastante libertad, colocándose frente a las duras posiciones de los halcones. Entendía que si Gibraltar quería seguir manteniendo el nivel de vida del que gozaba, se tenía que contar con España. A este respecto, propuso fórmulas de entendimiento de manera pública, siendo cuestionado continuamente por sus oponentes, y hasta por el Labour Trade Union, el sindicato gibraltareño que llegó a calificar su posicionamiento como de «alta traición».

    Esas críticas no amilanaron al político y empresario. En junio de 1965, Seruya hizo unas declaraciones al enviado especial del diario londinense The Guardian, Terence Orittie, donde defendió un acuerdo basado en la colaboración entre los gobiernos de Madrid y Londres, contando con Gibraltar.

    Mostrándose partidario de la soberanía británica, no dudó en destacar que ello era compatible con hacer concesiones a España. A la hora de desgranar esa posibilidad aludió a facilidades portuarias; la utilización conjunta del aeropuerto, pues no se podía obviar la incorporación española a la defensa occidental; la participación en el desarrollo del Peñón, principalmente en el sector de la construcción; la necesaria mejora de las condiciones laborales de los trabajadores españoles en la colonia, y el establecimiento de medidas conjuntas para combatir el contrabando. Del mismo modo, propuso que la bandera española ondeara en las dependencias portuarias que habría de administrar el Gobierno español.

    El político no descuidó el afianzamiento de los vínculos con Gran Bretaña. En este sentido, propuso que Gibraltar contase con un representante en el Parlamento de Londres y que, a su vez, las Fuerzas Armadas –la máxima institución de la colonia– tuviese el suyo en el Consejo Legislativo local.

    Este tipo de propuestas las repetiría Seruya en diferentes ocasiones, hasta el punto de que en el transcurso de una reunión de ministros, en noviembre de 1966, la discusión subió de tono, siendo acusado de perjudicar la posición de Gran Bretaña en las negociaciones.

    Atacado sin contemplaciones en propia casa, tampoco contó –aunque se ganó el respeto de los medios españoles–, con el apoyo del Gobierno español, cuya hoja de ruta no era otra que la descolonización, avalada por Naciones Unidas.




  • Cáritas diocesana Cádiz
    Cáritas diocesana Cádiz