Domingo, 5 de Febrero de 2023
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Un retrato de La Línea a mediados de los cincuenta del siglo XX (yII)

  • El comercio como motor de la ciudad

    Un retrato de La Línea a mediados de los cincuenta del siglo XX (yII)
    Imagen de la Aduana de La Línea. FOTO (Archivo del autor)
    Historia

    Con una industria prácticamente ausente, era el comercio la actividad más destacada de la ciudad de La Línea, según el estudio realizado por la profesora local Encarnación Gil Rodríguez de Rivera, a mediados de los años cincuenta del pasado siglo. El comercio, que daba vida a la ciudad y atendía perfectamente las necesidades locales, sigue siendo un elemento esencial de la economía de la localidad.

    Se veía favorecida esa actividad por la adecuada conexión con otras poblaciones: “posee La Línea carretera de primer orden que une a la General Cádiz- Málaga en su kilómetro 120, encontrándose bien comunicada con las ciudades y pueblos limítrofes”, se recogía.

    La urbanización de la localidad era considerada como buena: “trazado recto, calles asfaltadas y adoquinadas, buen alcantarillado”.

    En cuanto a la circulación de vehículos “es grande, tanto de los matriculados en la localidad como los correspondientes a Gibraltar”. Este tránsito creaba mucha actividad, presentando “gran animación, especialmente a últimas horas de la tarde, durante las cuales el público suele afluir al centro, paseando por las calles o frecuentando lugares de recreo”, destacaba.

    El número de viviendas había crecido en los últimos quince años. En 1940 eran 3.872 y desde esa fecha se habían edificado 2.178.

    Por su parte como centros oficiales se citaba la Casa Consistorial, en la avenida de España y “rodeada de los únicos jardines con que cuenta la población”, administración de Correos, Telégrafos y Central de Teléfonos. El informe señalaba que tanto el Matadero como el Mercado resultaban insuficientes para el número de habitantes.



    Iti Cádiz
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    Como establecimientos sanitarios se hallaba un hospital dirigido por las Hermanas de la Caridad, con capacidad para 160 camas; un dispensario de la Cruz Roja y algunas clínicas particulares.

    Los problemas de la educación

    La educación presentaba importantes carencias, aunque se destacaban avances en la misma. Existía el Instituto Laboral, con tres cursos y una matrícula de 224 alumnos; la Escuela Elemental del Trabajo, que venía funcionando desde 1926, y contaba con 270 alumnos, y el Colegio Sagrado Corazón, único centro femenino, contaba con 388 alumnas de primera enseñanza matriculadas (170 gratuitas) y 116 de segunda enseñanza y magisterio.

    Aparte funcionaban 73 escuelas llamadas “nacionales” y tres municipales que atendían los estudios primarios. Cubrían estos centros a una población de 3.000 alumnos en edad escolar, de los 11.713 existentes en la localidad. Otra parte acudía a clases impartidas por particulares, en la mayoría de los casos por personas sin título alguno. En este punto debemos añadir que, aunque lógicamente no se cita en el informe, en este grupo se hallaban profesores apartados por las autoridades por su ideología republicana. Por citar sólo algunos de los primeros depurados y de prestigio académico, a finales de 1936, fueron expulsados Enrique Irueste Rodas, director del Instituto Elemental de Segunda Enseñanza; Diego Sánchez Acosta, secretario del mismo centro, e Isidro Rodríguez Cantizano, director de la Escuela Elemental del Trabajo. Al año siguiente, ante la escasez de docentes motivada por las expulsiones, el centro fue cerrado.

    El panorama en este sector presentaba a escuelas dispersas, mal dotadas e insuficientes para cubrir la realidad del municipio. Se decía, no obstante, que las deficiencias de este servicio público estaban en vías de solución, pues a la altura de 1955 habían comenzado las obras un grupo escolar a la entrada de la barriada de La Colonia.

    Como logro destacado, Rodríguez de Rivera, aludía a la unificación del Instituto Laboral con la Escuela de Trabajo.

    Referente al número de parroquias también se consideraba insuficiente, pues funcionaban cuatro. Eran atendidas por siete sacerdotes distribuidos en los templos de la Inmaculada -la más antigua-, Santiago -en el Castillo de España-, Sagrado Corazón -La Colonia-, y la del Carmen -Atunara-. Se añadía que próximamente se abrirían al culto la de San Pedro, San Pío y San Cecilio.




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