Lunes, 28 de Septiembre de 2020
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El rey otorga la vecindad a los pobladores de Algeciras

  • Grabado de Algeciras con Gibraltar al fondo. H.E.Allen. Hacia 1840. (Hemeroteca Histórica Francisco María Tubino. San Roque)
    Grabado de Algeciras con Gibraltar al fondo. H.E.Allen. Hacia 1840. (Hemeroteca Histórica Francisco María Tubino. San Roque)
    Historia

    El desplazamiento de los exiliados gibraltareños daría lugar al Campo de Gibraltar. Una de las poblaciones que comenzaba a crecer era Algeciras, dependiente de San Roque, centro político y administrativo de la nueva comarca.

    Así, la obtención de la categoría de vecino la facilitaba el rey, conociendo los informes remitidos por el Cabildo sanroqueño. Uno de los casos más interesantes sería el de Francisco Romero Sandoval, que habitaba el barrio de Algeciras desde 1720 con su mujer, hijos y demás familiares. Su reconocimiento de vecino, por causa que no aparece en el expediente, había sido suspendida por el Ayuntamiento. En enero de 1734 Felipe V dictó una orden para que se le mantuviese la vecindad.  Sin duda, se trata de uno de los repobladores de la ciudad de la bahía, completamente desconocido en la misma y con cierto peso económico e influencia vecinal.

    Destacaba el monarca que en el inicio de la repoblación “de las Algeciras”, este vecino con autorización del marqués de Pozo, “fundó, libró y fabricó las casas de moradas en dicha Algeciras, donde al presente vivía”. Llevaba con la consideración de vecino siete años, y como tal se le incluyó en las compañías auxiliares como soldado miliciano.

    El rey aludía a que en los tiempos de dificultad y escasez de pan ofreció el suyo “en porción que su posibilidad había podido, como el de haber su parte abastecido como lo estaba abasteciendo de carnes a dicha población y tropa que en ella se hallaba (...) perdiendo como era notorio muchos reales por la carestía que había de ganado en aquellos parajes”.

    Contaba Romero Sandoval con ganado de cerda, lanar y vacuno, “que disfrutaba del aprovechamiento común como los demás vecinos en el repartimiento del fruto de la bellota, que todos los años se hacía a los criadores del de cerda”.

    Al vecino le ofrecieron traer al Campo “cientos de carneros como antes de ahora lo había practicado”, acusando el monarca al Cabildo de no habérsele permitido “por vuestros fines particulares y con este pretexto quererle desposeer del goce de tal vecino en que había estado y estaba”.



    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
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    Por ello, mandaba al Cabildo que a Francisco Romero Sandoval, “se le mantuviere en la posesión de tal vecino como lo había estado gozando hasta la presente con las mismas pensiones, goces y aprovechamientos que los demás”.

    A este destacado vecino se le otorgaba licencia, “para que sin incurrirse en pena alguna pueda vivir y morar en esa Ciudad y Campo, y tener en ella su casa abierta, hacienda y familia como la tienen los demás vecinos que están admitidos por tales y gozan de los privilegios concedidos a los habitadores en ella”.

    Ese mismo año se otorgó permiso de vecindad en el mismo barrio a Agustín Gatón “con su casa, familia y hacienda, y algún ganado lanar”. Y en 1735 a Isabel Rodríguez, viuda del mercader Martín Álvarez, y a Benito Cid Gallego, que “tenía casa y otras que había comprado que servían de alojamiento para los oficiales de su guarnición (...) y para la fábrica de una iglesia nueva, que estaba empezada a fabricar en esa población”.

    Reinando Fernando VI continuaron los asentamientos tal como se recoge en diversos expedientes, y que eran cumplimentados desde San Roque.

    También se le daba el control a San Roque de los permisos relativos a los malteses establecidos en el Campo. Una orden comunicada por Luis de Alvarado, secretario de la Real Junta de Comercio, Moneda, Dependencias de Extranjeros y Minas, hacía referencia a que los originarios de Malta “con casa y tienda fija” pudieran continuar su comercio, siempre que en el término de ocho días, renunciasen a su propio fuero y “jurasen vasallaje al Rey de España”. La orden permitía traer a sus mujeres en el plazo de un año.  Dato interesante, pues alude a una colonia de malteses fuera de Gibraltar.

    En este caso, en 1771, ya segregado el territorio algecireño, comparecieron ante el escribano público mayor de guerra de Cádiz, Joseph Cazorla, los hermanos solteros Demetrio y Francisco Rizzo, que contaban con una tienda en Algeciras, al objeto de acogerse a dicha ley.

    En años sucesivos se comprueban nuevas vecindades. En 1774 se concedía a Manuel Ramos, administrador de la renta y fábrica del jabón. Y en 1777, a Francisco Spínola, natural de Benarrabás. El vicario y cura propio de la ciudad, Gregorio Guerra certificó que este residente había sido feligrés de la parroquia desde el año 1757, “habiendo todos estos años cumplido con los preceptos de Nuestra Santa Madre Confesión y Sagrada Comunión”.