Lunes, 16 de Mayo de 2022
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El San Roque de Carlos Castilla del Pino (I)

  • Entre la Dictadura de Primo de Rivera y la II República

    El San Roque de Carlos Castilla del Pino (I)
    La Plaza de Riego -actual de la Iglesia- a inicios de los treinta del siglo pasado
    Historia

    En el centenario del nacimiento de Carlos Castilla del Pino, mediante una serie de artículos, nos sumamos al homenaje a una de las figuras campogibraltareñas de mayor relieve y proyección. En un primer apartado se desarrollará el escenario en que transcurrió su etapa en la ciudad que le vio nacer. En un segundo se aludirá a la experiencia personal siguiendo el hilo conductor de sus memorias.

    El pronunciamiento militar del general Primo de Rivera, estableciendo una dictadura propiciada o consentida por el rey Alfonso XIII, supuso la salida de la Alcaldía de San Roque de Pedro Castilla Delgado, padre de Carlos Castilla del Pino, que entonces se aproximaba a su primer año de vida.

    Los ayuntamientos constitucionales fueron sustituidos por los vocales asociados de cada ayuntamiento. En San Roque, bajo la presidencia del coronel comandante militar de la plaza Carlos de Benito Rivera, se llevó a cabo la constitución del nuevo Consistorio el 1 de octubre de 1923.

    Asistió la Corporación saliente con su alcalde Pedro Castilla, aunque faltaron varios de sus miembros, entre ellos el republicano Antonio Galiardo. Los asociados asistentes fueron Manuel Rodríguez López, Francisco Emilio Rendón Delgado, Rafael Castaños Tubino, Eulalio Espinosa Umbría, Antonio de Sola Monrabal, José González Espinosa, Cristóbal Pérez Gil, Matías Fernández Jiménez, Andrés Jiménez Sánchez y Rafael Amo Requena. Por ausencia o enfermedad dejaron de asistir seis miembros de la Junta Municipal de Asociados.

    En la votación para alcalde fue elegido Manuel Rodríguez López, que era el único licenciado en Derecho de los dieciséis ediles que habrían de componer el Cabildo. Asumió el cargo a disgusto y esperando la oportunidad para presentar la dimisión.

    El día 27, Rodríguez López presentó la renuncia fundando la misma en su “mal estado de salud”. Sin embargo, la Corporación no la aceptó, por entender que la enfermedad alegada no justificaba su marcha.





    La autoridad militar, representada por el teniente de la Guardia Civil, Enrique Benito Gómez, realizó dos inspecciones en el Ayuntamiento antes de que Rodríguez López, formalizara la que sería su definitiva marcha, en enero de 1924. Su sustituto fue Francisco Viñas Vinuesa, que sería proclamado el día 22 por el delegado gubernativo, el capitán de Infantería, Luis Fernández Ortigosa.

    En la nueva Corporación destacó por sus intervenciones el concejal Diego Rodríguez Aguilar, que en febrero provocó un debate en torno a la recuperación de los nombres antiguos de las calles José Luis de Torres y Santiago Alba, pidiendo que se restituyeran los de San Felipe y Reyes, respectivamente. El edil consiguió que se suprimiesen los relativos a los dos políticos, y se reimplantaran los que siempre dieron nombre a ambas vías de la ciudad.

    Rodríguez Aguilar volvió con una moción en la que se denunciaba el abandono de las escuelas de niños, donde el material era el de hacía cuarenta años. Hecho que “venía a demostrar el desinterés de los señores que rigieron esta Ínsula Barataria”.

    En marzo, la Unión Agraria de Colonos y Hacendados trasladó al Ayuntamiento el ruego de la Recreativa Puente Mayorga Fútbol Club para que se concediese al equipo un campo de entrenamientos de 110 metros de largo por 90 de ancho en el sitio conocido por Patrón de Benito o Los Casarones. El Consistorio lamentó no poder atender la petición por tratarse de cañada real.

    El maestro Santiago Muñoz Serrano pasó a la Alcaldía en enero de 1925, permaneciendo hasta diciembre del siguiente año, en que fue sustituido por José Fernández López. Serrano fallecería en 1928 en su nuevo destino como docente en la ciudad de Melilla.

    Cuando en 1925 el general Primo de Rivera visitó fugazmente la ciudad, los Castilla estaban inmersos en sus negocios. El principal, la traída a la ciudad del agua potable desde los manantiales que poseían en la Sierra de Arca, y cuyo contrato con el Ayuntamiento comenzó a negociarse en 1927. Al siguiente año se cerró el pago de una subvención de cien mil pesetas al industrial. Para hacer frente al referido abono el Consistorio ejecutó un préstamo bancario.




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