Sábado, 8 de Octubre de 2022
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El tranvía de Gibraltar a San Roque y el Café de la Torre

  • El proyecto, que sí existió, finalmente no se hizo realidad

    El tranvía de Gibraltar a San Roque y el Café de la Torre
    Actual Palacio de los Gobernadores. En la galería de arte se hallaba el Café de la Torre. Imagen de 1931 cuando ya el café había cerrado.
    Historia

    Un tranvía de Gibraltar a la Estación de San Roque. La noticia había corrido como la pólvora y de ello ya se hablaba entre los contertulios del Café de la Torre, en lo más alto de San Roque. “Dejaros de historias”, pronunció don Juan, el maestro, apurando su copa de aguardiente. “Esas cosas no pasan por estos lugares”, sentenció antes de pagar y marcharse camino de la iglesia, donde solía asistir a la misa dominical. El murmullo habitual inundó el establecimiento situado en la parte baja del edificio conocido como la Casa de Berlanga.

    El tema parecía olvidado y el local continuó con su vida de siempre, acumulando historias que quedarían entre sus paredes o que traspasarían la memoria para hacerse leyendas o simples anécdotas. “Lo que nos queda por vivir”, reflexionaba Dionisio, el oficial de prisiones. Filosofar era asiduo ejercicio en la animada tertulia del café. Para el recuerdo quedaría aquel sobresalto cuando el bombo de un músico, rodó por la empinada calle San Felipe, tras recibir una patada de uno de los caballos de la centuria de romanos, en pleno concurso de saetas del Viernes Santo de 1920. Todos creyeron que se trataba de una bomba. La ciudad vivía en aquel tiempo profundas tensiones sociales, aparcadas durante la popular celebración.

    Aquel suceso produjo un gran revuelo y varios contusos. Algunos se refugiaron en el propio café, en cuya rinconera se habían situado los piquetes de Infantería y Carabineros, que participaban en el desfile de los pasos. Esas cosas sí podían pasar, pero lo del tranvía era mucho decir, estaba convencido el maestro.

    Don Juan -que llevaba poco tiempo con destino en la ciudad-, se sentía orgulloso de formar parte de una de las tertulias con mayor solera del Campo de Gibraltar, y por qué no, de cierto peso intelectual. Y era para estar orgulloso, sin duda. Los contertulios habituales ocupaban la misma mesa donde se solía sentar el periodista Alberto Casañal, y escribiera sus crónicas taurinas en verso para el periódico local La Revista. La misma de la despedida cuando marchó a Zaragoza. Allí sería asiduo colaborador de Heraldo de Aragón y escribiría sus más populares comedias.

    Del Café de la Torre solían salir los toreros hacia el coso local, a veces, acompañados de música. Su tertulia taurina era conocida en toda la comarca y los cantaores de la época, le tenían un aprecio especial. El cantaor Perico Montoya, vendedor de churros años más tarde en la Plaza de la Iglesia -también conocida por la de las Verduras-, era un cliente habitual. Su cante gitano, rajado y potente sonó muchas veces entre sus paredes, en noches de vino y partidas de cartas.





    El escepticismo “tranviario” comenzaría a diluirse cuando fue un concejal el que anunció que, en efecto, existía un proyecto de tranvía. Para corroborar la aseveración oficial, Pedro, el dueño de la panadería, unos días más tarde, extendió un periódico sobre la mesa. Lo decía Madrid científico, que además ofrecía datos precisos.

    Pedro leyó de manera pausada: “se ha solicitado por don Carlos Larios y Sánchez de Piña la concesión de un tranvía eléctrico de Gibraltar a la Estación de San Roque, con un recorrido de 12.404 metros”. Con especial énfasis, añadió: “el punto de partida será Gibraltar, continuando a La Línea, Cachón de Jimena, Villa Concepción, Campamento, Puente Mayorga, Ventorrillo, San Roque, Cortijo Peña y San Roque estación. La instalación de la línea aérea para toma de corriente será de dos hilos entre Gibraltar y La Línea, y de uno en el resto del trazado”. Y completaba la lectura, atendida con enorme silencio y atención por la concurrencia: “el presupuesto de explanación, obras de fábrica, colocación de carriles y cables eléctricos, y expropiaciones, está calculado en 662.398,60 pesetas, resultando el coste del kilómetro a 53.409,65 pesetas”.

    El periódico pasó de mano en mano, como si el lector se hubiese inventado la historia, y los oyentes tuviesen que comprobar personalmente la noticia.

    Tanto centró la atención de los clientes que pasó desapercibido un suelto recogiendo una real orden del Ministerio de Gobernación, por la que se autorizaba “la traslación sin embalsamar, bien por mar o por tierra, de los cadáveres de súbditos ingleses que hayan de inhumarse en el cementerio de Gibraltar y hayan fallecido en cualquiera de las poblaciones de Algeciras, San Roque, el Campamento y La Línea”.

    Corría el año 1913 y el proyecto, que sí existió, finalmente no se hizo realidad. Al año siguiente la Gran Guerra -I Guerra Mundial- vendría a llenar las tardes de tertulia en el Café de la Torre, entre aliadófilos y germanófilos.

    Don Juan, que no era andaluz, pero que campogibraltareño se consideraba, murmuró frente al ventanal del café: “Esas cosas no pasan por estos lugares”.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas