Sábado, 16 de Febrero de 2019

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    La exagerada reacción del gobierno de Gibraltar contra un eurodiputado muestra sus preocupaciones en la negociación

  • Picardo y García, máximos representantes del gobierno de Gibraltar
    Noticias Gibraltar

    Una desbordada reacción de Picardo y su gobierno contra la intervención del eurodiputado español González Pons (PP) da visibilidad a un plenario que había pasado desapercibido, encierra a Gibraltar en una política estática, cuestiona el verdadero estado de los acuerdos del Brexit y expone la preocupación de las autoridades gibraltareñas sobre la negociación y su resultado.

     

    El portavoz del PP y vicepresidente primero del Grupo Parlamentario Popular Europeo, Esteban González Pons, expuso ayer en un plenario del Parlamento de la UE que “Reino Unido se va y España se queda con los amigos de la UE, no encontraremos una oportunidad mejor para resolver la impresentable situación de la última colonia que queda en Europa”. Afirmó que el acuerdo debería incluir un calendario para reiniciar las negociaciones bilaterales y que Gibraltar es un “anacronismo histórico” que “debe ser resuelto”.

     

    Aunque Picardo ha estado todos estos días en Reino Unido (primero asistiendo a la recepción del Partido Conservador y, después, en diversas reuniones en Londres en un intento de alcanzar compromisos más firmes y mejores ante las difíciles circunstancias futuras) su gobierno ha emitido un comunicado oficial de rechazo al eurodiputado español, es de suponer que con su aprobación expresa y no sólo con la del viceministro principal.

     

    El comunicado oficial del gobierno de Gibraltar se titula “La diatriba del eurodiputado del Partido Popular en contra de Gibraltar resulta lamentable” y, en él, se acusa a González Pons de estar “educado en la escuela de política del general Franco”, que demuestra “poco respeto por la democracia y los derechos humanos”, que sus opiniones son “extremas”, que no está en “sintonía con las de su propio partido en el gobierno (…) que correctamente dejó de lado la cuestión de la soberanía”, que hace “alegaciones desbocadas y sin fundamento contra Gibraltar en casi cualquier tema concebible”, que son “completamente inciertas” y una “cortina de humo” para “dar pábulo a sus opiniones ultraderechistas”, y que no le preocupa “el principio del consentimiento o la elección democrática del pueblo de Gibraltar”, sino su “quijotesco intento de atacar la soberanía de Gibraltar”.

     

    Esta sobreactuación de Picardo y su gobierno, con el recurso de un comunicado oficial descalificatorio de principio a fin contra un eurodiputado español, puede ser un indicativo de la debilidad en la que se encuentra actualmente la posición gibraltareña cara al Brexit. Las negociaciones británicocomunitarias están prácticamente interrumpidas y pendientes de alcanzar en días lo que no han conseguido en meses, mientras que las negociaciones hispanobritánicas sobre Gibraltar van y vienen con serios obstáculos, como el caso del aeropuerto.

     

    En este escenario, no parecería razonable la desbordada reacción de Picardo y su gobierno contra un parlamentario europeo español, país con el que aspiraría a cooperar, si no fuera porque considera que se reducen las esperanzas de alcanzar algún acuerdo y, en cambio, esta sobreactuación pública le permitiría recuperar protagonismo mediático y exhibir una defensa cerrada de Gibraltar que pueda compensar, a criterio del electorado gibraltareño, el posible fracaso negociador del Brexit.