Martes, 5 de Julio de 2022
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La Esperanza, la imagen más sanroqueña de la Semana Santa linense

  • Ortega Bru tuvo de modelo a una joven de San Roque

    Ortega Bru con Antoñita Carrllo, que cedió la imagen a NG.
    Ortega Bru con Antoñita Carrllo, que cedió la imagen a NG.
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    Los graves daños sufridos por la imagen de la Virgen de la Esperanza a causa de un incendio en la iglesia linense de San Bernardo, supone una enorme desgracia para el mundo cofrade de La Línea y también para el patrimonio artístico de dicha localidad. No hay que perder de vista que la efigie fue realizada por el sanroqueño Luis Ortega Bru, considerado por muchos expertos como el mejor imaginero del pasado siglo.

    El suceso ha movido a la inmediata solidaridad pública de las cofradías de San Roque, tanto de Semana Santa como de Gloria. Y es que a la lógica respuesta solidaria y a la autoría de la obra se une que el maestro Ortega Bru tuvo como modelo a una muchacha sanroqueña.

    Con motivo de la aparición del libro Luis Ortega Bru (El drama de la Guerra Civil), que escribí junto a Rubén Pérez Trujillano, tuve la oportunidad de conversar con Antoñita Carrillo, una mujer encantadora que había inspirado a su amigo, el genial imaginero, a la hora de plasmar el rostro de la Virgen de la Esperanza.

    Antoñita, con la que puede compartirse siempre una conversación agradable, nos facilitó la fotografía que aparece en el libro, y que acompaña este artículo.

    Como señala el título del libro, el tema es exclusivo de las vicisitudes del artista y de su familia durante la guerra, en la que sus padres fueron asesinados y él mismo pasó por presidio. Aclaración previa para su contextualización al reproducir el texto alusivo a dicha foto. Bajo el título “Historia de una imagen”, el texto publicado en el libro es el que sigue:

     





    “El día que se tomó la fotografía que ilustra esta página y en la que figuran de izquierda a derecha Luis Ortega Bru, Josefina Carrillo; su hermana, Antoñita Carrillo, y el novio de ésta Francisco Caravaca, los cuatro bajaron al tejar de Pasadahonda. Al lado se hallaba un gran tronco caído del que el verdor brotaba en sus ramas, como resistiéndose a morir. Antoñita subió a él y Luis le dijo que era un árbol muy especial. El día que murió mi padre cayó ese árbol. Antoñita, a cuya gentileza se debe esta fotografía, me relató este hecho. Dijo el día que murió, no que lo mataron, recuerda la que fue amiga del artista.

    Era el período en que se hallaba tallando el Cristo de la Buena Muerte, a principios de los años cincuenta del siglo pasado, y la imagen fue tomada en la popular Alameda de San Roque.

    Al retornar del tejar, entraron en la finca el Almendral, próxima a la población, habitada por una familia británica. Pasada la verja, Luis señaló hacia dos columnas existentes a la derecha, culminando las mismas había dos figuras de toro. Fueron mis primeros trabajos.

    Era un hombre prudente, educado y de un gran corazón, jamás mostró resentimiento hacia los que le habían hecho tanto daño, concluía Antoñita Carrillo”.

     

    Hasta aquí el texto publicado. Para los que no conozcan el lugar, Pasadahonda era la finca familiar de los Ortega. Allí se hallaba el tejar de la familia y fue el sitio donde comenzó a manejar el barro el que habría de ser un genio de la gubia. Es la misma época en que realizó para La Línea la Virgen de la Esperanza. Cuando años después otro incendio afectó a la imagen, Ortega Bru se ofreció a restaurarla de manera altruista. Significaba mucho para él. También para Antoñita Carrillo, una mujer sensible y afectuosa, que ha sufrido mucho con lo sucedido en la vecina ciudad. Y que como muchos sanroqueños esperan que la obra del gran imaginero pueda ser recuperada.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
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