Domingo, 15 de Diciembre de 2019
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Un amargo pastel

  • Imagen de Juan Antonio Palacios
    Por Juan Antonio Palacios
    Escritor, profesor y político. Ha sido alcalde de Algeciras y vicepresidente de la Mancomunidad del Campo de Gibraltar.
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    Lautaro era veloz, como el ave rapiña tan común en Chile, pero sus actuaciones encerraban el dulce amargor de quien no está a gusto con la realidad que le ha tocado vivir. No tenía onomástica porque no tenía fecha en el santoral, pero él lo celebraba cuando le venía en gana.

    Se desenvolvía en las situaciones más complicadas, intentando hacer fácil lo difícil, con cautela y previsión, astucia y capacidad de seducción, y aunque sabía que la vida podía ser un amargo pastel, siempre procuraba saborear y disfrutar todo lo dulce de la existencia.

    Aceptaba de buen grado los razonamientos y sugerencias de los amigos, intentando descifrar las claves para encontrar soluciones y no crear problemas inútiles, más empeñado en el compromiso que abrigado a la comodidad del conformismo.

    Descubrimos con el tiempo que los sueños son como los globos, que cuanto más se elevan más lejos están de hacerse realidad. Resulta intolerable, mezquino y miserable que nos quieran hacer comulgar con ruedas de molino, que nos intentan pintar de negro lo blanco, que haya quienes prefieran que las cosas no salgan o salgan mal a que terminen bien.

    Uno de los gustos más amargos es comprobar que todo por lo que uno ha luchado para que la sociedad en la que vivimos avance democráticamente, se convierte en marcha atrás e involución, donde hemos puesto todo el esfuerzo, el compromiso y el empeño en lograr una mayor justicia social, nos encontramos cada día con una sociedad más desigual.

    Nuestro amigo Lautaro estaba convencido que la sociedad del futuro no se parecería nada a la que él estaba viviendo, ya que entre otras cosas la inmensa mayoría de las gestiones del administrado con la administración se harían online y todo estaría digitalizado .



    Logros en sanidad - Junta de Andalucía
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    La parte amarga del pastel es que aunque aparentemente estemos más comunicados, padeceremos un aislamiento universal, en la que todo sabremos de todos, aunque apenas nadie hablará cara a cara con nadie, como si vivieran en dos mundos distintos y ajenos.

     Lautaro, que hacia sus pinitos escribiendo y era considerado un creador, estaba muy ilusionado, porque había oído que el Gobierno se había comprometido con el Estatuto del artista y la Oficina de Derechos de Autoría, para velar por la protección de la propiedad intelectual.

    Y pensó que debería ponerse en marcha un Pacto por la Lectura que pusiera en valor el camino que va desde quien escribe a quien lee un libro, que el  País para el que habían trabajado tantas y tantas personas, cuando se jubilaran, velará por su soledad no deseada, y no se convirtiera en un amargo pastel.

    Tampoco es deseable, que en esta sociedad los más vulnerables, como los niños, mujeres y mayores, estén desprotegidos ante la fiebre del compra, compra y no mires por qué y para qué, en lugar de tener un consumo responsable y sostenible.

    Se rebelaba e indignaba cuando muchos responsables públicos intentaban engañar a la ciudadanía, con falsas promesas, sobre todo no entendía cómo podía cumplirse la ecuación de más y mejores servicios y bajada masiva de impuestos, salvo que fuera la trampa que siempre empleaba la derecha, privatizo todo lo público y lo pongo en manos de mis amigos.

    Sin recaudación y tributación no hay una buena gestión, sin oficios no hay servicios, sin periodismo no hay democracia. Lautaro quería que el pastel fuera dulce y sabroso, solo lo pudieran amargar quienes se empeñaran en fomentar la brecha social y económica. Si encuentran algún parecido con la realidad que están viviendo, échenle las culpas a su imaginación. Esto es solo un relato.




  • Fomento. Regularización de viviendas - Junta de Andalucía
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