Martes, 26 de Octubre de 2021
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Un antivacunas en la UCI

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    Por Patricio González
    Político y escritor. Alcalde de Algeciras tres legislaturas. Ingeniero técnico naval
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    Esto que les voy a contar es una historia verdadera que ha ocurrido en Valencia en el mes de julio y que ha aparecido en el periódico Levante. En ella cuenta una persona que ha sido un cafre por no querer vacunarse y que ha sufrido de golpe una de las mayores lecciones de su vida. Y tiene miedo y dice que ojalá se hubiese vacunado.

    Se trata de un wasap que envió el 13 de julio a su hermano. Era un negacionista declarado y que confirmó con una PCR que los vómitos y fiebre que tenía eran debido al coronavirus. Días después ingresaba en el hospital. Se fue con su ordenador y una maleta cargada de libros, sin sospechar que en pocos días le iban a inducir al coma porque era necesario intubarle para salvarle la vida.

    Lleva ya más de 15 días en la UCI del hospital La Fe de Valencia en estado «de extrema gravedad». De hecho, el ventilador no ha sido suficiente y lo han tenido que conectar a una máquina de último recurso llamada ECMO, que los médicos describen como «muy agresiva» por sus posibles complicaciones, y que sirve para oxigenar la sangre fuera del cuerpo e intentar así dar tiempo a los pulmones para que se recuperen.

    El coronavirus  es así de traicionero: en cuestión de horas pasó de creer que pronto se iba de alta a complicarse con una gravísima neumonía bilateral. Los médicos  han explicado que hay un momento, que suele producirse entre 7 y 10 días desde el inicio de los síntomas, en el que a algunas personas, no se sabe por qué, se les desarrolla un súbito proceso inflamatorio pulmonar que no pueden detener.

    Ahora solo  queda esperar… En el mejor de los casos se enfrentará  a unos meses de angustia y tensión.



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    El y su hermano solo discutían por este tema porque un día y a través de las redes se metió de lleno en las teorías que niegan la existencia del coronavirus. Escuchaba a presuntos gurús que presumían de manejar información privilegiada: datos económicos y sociales fuera del alcance del resto de los mortales, científicos incluidos. Luego salió la vacuna y, en esa misma línea, se negó a ponérsela.

    Ahora para él ya es tarde. Su suerte está echada y solo depende de Dios y de los sanitarios que se desviven desde hace meses por combatir una pandemia que algunos incautos aún se empeñan en negar.

    La realidad es bien sencilla: el coronavirus mata  y las vacunas salvan vidas. Puede que no frenen totalmente los contagios, pero si evitan acabar en la UCI. Y eso es más que suficiente.

    Y  hay gente a la que le toca. Personas que se creían inmunes: joven, fuerte y sano.

    Y se sufre mucho. Sufren los pacientes y sufren sus familias, que malviven meses con el corazón encogido deseando que no haya llamadas a deshora. Ayer ha vuelto a subir el número de muertos, 135. Por favor, no lo dudes y vacúnate.




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