Domingo, 16 de Mayo de 2021
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Aparcamientos de luxe: Picardo y la máquina de la verdad

  • Imagen de Nathaniel Powell
    Por Nathaniel Powell
    Politólogo británico, de ascendencia campogibraltareña, afincado en Europa
    Foro
    La oposición parlamentaria de Gibraltar GSD, a través de su portavoz para asuntos económicos Roy Clinton, denuncio recientemente en la televisión de Gibraltar una supuesta irregularidad en la venta de aparcamientos en el complejo Midtown Car Park, que supuestamente favoreció al primer ministro de la Roca, el ínclito Fabian Picardo, y a un altísimo funcionario de su máxima  confianza, reclutado directamente por el propio mandamás gibraltareño, procedente de un afamado bufete de abogados con el que aún mantiene vínculos profesionales. 

    Según Clinton, Míster Picardo había adquirido una plaza de aparcamiento doble en Midtown, un mastodóntico parking múltiple situado en pleno centro de la ciudad, por 22.000 libras esterlinas, cuando el precio de una plaza sencilla en el edificio estaba cifrado en 20.000 libras, por lo que se había ahorrado prácticamente la mitad

    Clinton, un poco ingenuamente quizás, basó toda su crítica política en la adquisición de este estacionamiento, aludiendo a un presunto trato de favor por parte de la empresa propietaria del proyecto, pero Picardo, con su natural astucia para la tergiversación, para escurrirse de situaciones comprometidas (algún día se realizará un estudio de su lenguaje no verbal durante sus entrevistas televisivas que nos revelará puntos de interés sobre el personaje), señaló que había comprado la plaza en cuestión a precio de venta tal y como estipulaba su contrato, y que posteriormente, tras la firma de éste y por cuestiones enteramente ajenas a él, el espacio interior del aparcamiento tuvo que ser redistribuido por motivos de índole técnico, reformas en ascensores, barreras y escaleras etc., lo cual resultó en que 37 otros compradores de aparcamientos se vieron beneficiados igual que él con un espacio mucho mayor, prácticamente el doble de lo que habían pagado. Y como todo buen socialista, las imágenes de televisión nos mostraron sus dos automóviles de alta gama incluyendo un imponente deportivo descapotable no precisamente para ser utilizado en las dos millas de carreteras del peñón. 

    Picardo argumentó que esto no había sido decisión suya ya que la responsabilidad por los cambios de diseño recaía enteramente en los propietarios, ante los que no había ejercido ningún tipo de influencia personal.

    Ciertamente, Clinton solo había destapado la punta de este nuevo iceberg de dudas razonables que se van amontonando en relación a la conducta de Míster Picardo en distintos asuntos financieros, concesiones directas de contratos de proyectos millonarios sin cumplir requisitos legales que obligan a la administración a realizar una subasta pública, como en el caso de la urbanización de lujo Victoria Keys, también impugnado por la oposición y que ensombrece la credibilidad del primer mandatario llanito en su faceta de ministro de finanzas públicas.  





    La realidad suele ser tozuda y menos simplista que las argucias auto complacientes que suele emplear para justificarse ante la opinión publica cada vez que alguien expresa algún recelo acerca de su gestión, y se emplea a fondo para marear la perdiz y no dar explicaciones claras. 

    No se trata de si Míster Picardo obtuvo un aparcamiento doble por el precio de uno sencillo, sino que este proyecto haya sido financiado enteramente por dinero público, por dinero del contribuyente gibraltareño a través de sus impuestos. De hecho, el aparcamiento es un proyecto gubernamental, financiado por una compañía gubernamental, Gibraltar Car Parks Limited (GCP Ltd), mientras que el constructor-promotor, una compañía privada de nombre Midtown Coach and Car Parks Ltd, fue financiada en su totalidad por GCP Ltd. Este entramado financiero-legal –como otros creados por Míster Picardo– es absolutamente opaco, no está sujeto al escrutinio del Parlamento de Gibraltar y la oposición no tiene instrumentos para obligar al Gobierno a publicar estas cuentas para ver exactamente, con luz y taquígrafos, cuál ha sido el verdadero papel jugado por Míster Picardo en toda esta historia.

    Porque ahí esta el fondo de la cuestión, como ministro de finanzas publicas él aprobó la financiación de este proyecto a través de la propia compañía gubernamental como bien apuntó Clinton. La falta de transparencia de su administración en asuntos financieros, está adquiriendo tintes alarmantes y aumentan por día la insatisfacción y críticas de parte del electorado en todos los frentes, la incertidumbre sobre el alcance del Brexit, la deuda pública, la gestión de contratos millonarios que están sumidos en una nebulosa opaca, acciones de gobierno que se apoyan en un control asfixiante de sus comandos mediáticos y propagandísticos, es difícil atribuirle el nombre de medios de comunicación –GBC son los únicos que ocasionalmente sacan los pies del plato– y una oposición débil e inefectiva que cada día se empeña en demostrar que hoy por hoy no hay una alternativa de gobierno que cuente con respaldo público para reconducir la situación. Oposición que, en vez de pedir la inmediata publicación de esta documentación como elemento vital de transparencia y contabilidad democrática, al margen de las siglas del partido que ocupe el poder, se limita a decir que, si ganan las próximas elecciones, lo cual es harto improbable, sacarán los papeles a la luz pública, posicionamiento que es una forma indirecta de perpetuar el hermetismo si se vuelven a estrellar en las urnas. 

    La falta de distancia entre los intereses puramente personales y privados de Míster Picardo y otros de sus ministros, y la forma en que estos parecen solaparse cada vez más frecuentemente con la acción de gobierno y los intereses públicos, alimentan un malestar cada vez más insoportable. Esta es la carta de presentación paradigmática del socialismo gibraltareño, que guarda no pocos paralelos con el felizmente finiquitado régimen socialista andaluz. Mucho ha largado Míster Picardo acerca de la corrupción de la clase política española, de la Gürtel y la Púnica, de Bárcenas y del PP. Alguna que otra frase bíblica y evangélica se me viene a la cabeza a propósito de todo esto.

    La clase política gibraltareña anda ahora enfrascada en reformas de su Parlamento con la introducción de backbenchers, que serían diputados sin responsabilidades ministeriales en el caso de los escaños gubernamentales, y sin portavocías especificas en el lado de la oposición. Quizás lo que estaría haciendo falta en este momento, sería una máquina de la verdad como la de Sálvame de Luxe…              




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