Domingo, 17 de Enero de 2021
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Aspavientos y excesos

  • Imagen de Juan Antonio Palacios
    Por Juan Antonio Palacios
    Escritor, profesor y político. Ha sido alcalde de Algeciras y vicepresidente de la Mancomunidad del Campo de Gibraltar.
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    Entre aspavientos y excesos nos encontramos envueltos en una permanente batalla política, en la que hay quienes presumen de aquello que no hacen ni harán jamás o juegan al escondite para eludir todo tipo de responsabilidades. A lo largo del tiempo vamos recuperando en nuestro aprendizaje palabras y sonidos ancestrales, pero sin ninguna enseñanza o lección que llevarse a la boca. Sin moraleja que nos sirva de aprendizaje.

    No darnos cuenta de cuando estamos en un momento de extrema gravedad de lo que ocurre, no es solo un ejercicio de irresponsabilidad, sino ir en contra de la propia comunidad. Situarnos en una permanente contradicción para sembrar de contradicciones, incertidumbres y manipulaciones entre administraciones y administrados.

    Suena una canción para gritarnos prohibiciones, para hacernos llorar por estos tiempos tristes, para dibujarnos espacios vacíos, estímulos nocivos que son altamente perjudiciales para la salud. Son peor que cualquier pandemia, porque además deciden sobre nuestras vidas y lo que ocurre en el mundo.

    La realidad diaria nos hace detectar y ratificar fuentes y comprobaciones, en nuestro país, que cada día tenemos especialistas en ponernos patas arriba, sin ser capaces de controlar nada ni a nadie, y en la que hemos de aprender la globalidad sin necesidad de escondernos cada uno en nuestro rinconcito.

    Sin aspavientos y excesos, recurrimos a la noticia y lo rutinario, de lo típico tópico y tópico típico, sin tener capacidad de adaptación para que no nos provoquen vergüenza ajena ni nos conviertan en héroes de hojalata y de pacotilla, ignorando cuando la gente se pasa, y evidenciando que a veces nos pasamos y que no llevamos razón.





    A veces no pensamos en las consecuencias de nuestros actos, no valoramos a lo que nos enfrentamos en cada momento y nos olvidamos que, por mucha caradura que nos acompañe, “el que la hace la paga”, y hemos de ser valientes y coherentes y asumir la responsabilidad del daño de nuestras actuaciones.

    La realidad es la mejor descubridora de nuestras fortalezas y debilidades, de evidenciar las verdaderas caras y quitarles las caretas, de preservar los debates políticos entre aires de fiesta y contestación, de resistir las embestidas y desmontar los sectarismos.

    Los aspavientos y excesos nos muestran lo más funesto y lo más nefasto de la política, que debe convertirse con el trabajo de nuestros representantes en todo lo contrario, duden bien y no dejen la casa sin barrer, y no alimenten los lamentos por venir y despiden las preocupaciones pasadas.

    Hay extrañas parejas y matrimonios políticos que producen tristes espectáculos de desacuerdos que irritan a los ciudadanos, porque es el réquiem de las reivindicaciones de los vecinos frente a las soberbias de los personajes que ostentan el poder.

    Dentro de un mundo de aspavientos y excesos, la gente se declara harta entre quienes dicen una cosa y la contraria, pero no son capaces de cruzar dos palabras, de superar viejas anormalidades, de mirarse a sí mismos o reparar en los demás.

    Lejos de situarse entre exageraciones y excesos, si queremos buscar el equilibrio hemos de huir de aspavientos, y buscar ser reservados y en ocasiones herméticos, sin egocentrismos, ni anclarse en modelos a seguir.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas