Domingo, 17 de Febrero de 2019

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    Blair: ¿otro referéndum para desbloquear?

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    Por Luis Romero
    Periodista, master en Seguridad y Defensa y profesor honorario de la Universidad de Cádiz

    Tony Blair, el laborista que no mantiene precisamente su prestigio incólume tras meter a su país en la guerra de Irak de la mano del presidente Bush hijo, se ha manifestado decididamente partidario de que sus conciudadanos se pronuncien de nuevo en referéndum sobre el Brexit, ante el lío parlamentario que todo lo bloquea. 

    En una entrevista concedida a varios diarios europeos, entre ellos “El País”, no ha dejado lugar a dudas: “Comprendo las dudas y la ansiedad que genera la idea de un segundo referéndum, pero si no hay modo de acordar una salida y todo está bloqueado, y si hay amplio consenso en que no puede haber una salida de la UE sin acuerdo, creo que el referéndum es el único modo de resolver todo esto”.

    Insiste más adelante en que no se trata de ninguna traición a los ciudadanos, dado que serían ellos mismos quienes decidirían al final. “Sea cual sea la opinión que uno tenga sobre los referéndums, una vez hechos, solo puedes cambiar de idea por los mismos medios…”, remacha. Aunque así fuera, de todas formas, tampoco está garantizado que eso resolviera el problema, sea cual sea el resultado.

    Sin embargo, en ningún sitio está escrito que no se pueda celebrar una segunda consulta. Si en Escocia hasta el mismo Gobierno de Edimburgo está pidiendo un segundo referéndum sobre su independencia del Reino Unido porque, según afirman, los condicionantes de aquel han cambiado tras el del Brexit, no sé muy bien por qué no es posible, si no hay manera de llegar a un acuerdo de salida, repetir la pregunta. Máxime cuando de todos es sabido y por todos reconocido que en la campaña del referéndum del Brexit los excesos verbales fueron de tal calibre que, sencillamente, hubo más mentiras que verdades en la campaña de los partidarios de la salida de la UE. Cierto también que los que defendían la permanencia no supieron contrarrestar eficazmente tanta falacia.

    Podemos coincidir en que los británicos no están acostumbrados a no salirse con la suya y les ha podido sorprender un cierre de filas comunitario como el que se han encontrado enfrente. También es verdad que el escaso conocimiento, incluidos sus máximos responsables, que en términos generales tienen del funcionamiento de la burocracia comunitaria les ha podido llevar a creer que esto estaba chupado y que su diplomacia les iba a sacar de esta solo con proponérselo. Algunos de los miembros del Foreign Office con más experiencia en Bruselas ya advirtieron nada más empezar esta historia que la cosa iba a ponerse dura y no iba a ser coser y cantar. Como así ha sido.

    Para acabarlo de arreglar, lo que solamente hace unas fechas parecía claro, la petición de una prórroga para aplazar la fecha del 29 de marzo, se ha topado con el escollo casi insalvable de las elecciones al Parlamento Europeo, que son en mayo. Una dificultad más que todo lo complica.

    Y aquí viéndolas venir, porque en el fondo, a un lado y otro de la verja, somos una pequeña derivada local de este tremendo embrollo en el que nos han metido planteamientos más propios del siglo XIX que del XXI.