Lunes, 15 de Julio de 2019
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Complicaciones en el Estrecho

  • Imagen de Luis Romero
    Por Luis Romero
    Periodista, master en Seguridad y Defensa y profesor honorario de la Universidad de Cádiz
    Foro
    La interceptación del petrolero ‘Grace One’ por parte de las autoridades gibraltareñas, con la ayuda de un trozo de visita de los ‘Royal Marines’, ha convulsionado las aguas del Estrecho y, por extensión, un verano más ha puesto en el primer plano de la actualidad un aspecto concreto del contencioso de Gibraltar.

    Las aguas, ese siempre complicado asunto que enfrenta en la interpretación de su territorialidad a las autoridades españolas, por un lado, y a las británicas y gibraltareñas por otro, no podía por menos que salir a colación en este caso.

    El ‘Grace One’ va cargado hasta las trancas de petróleo iraní, dos millones de barriles, unas 300.000 toneladas, como ya han confirmado las autoridades de Teherán, que han protestado enérgicamente por lo que consideran un acto de piratería. El destino de la carga se ha difundido que era Siria, lo que ayuda a redondear el asunto y a justificar la intervención, dado el embargo que la Unión Europea tiene establecido sobre este país. No deja de ser curioso que en pleno proceso de abandono de la UE, Londres se embarque en una acción de fuerza al amparo de una decisión comunitaria, que solo estaría justificada si el destino fuera realmente un puerto sirio, cosa que las autoridades iraníes han empezado a negar.



    caritas

    Independientemente de cuales sean los derroteros por los que se desenvuelva este incidente internacional –seguro que tenemos culebrón para rato- resulta cuando menos molesto que, una vez más, británicos y norteamericanos vayan de la mano en un asunto de clara repercusión estratégica, en la puerta de nuestra casa, y tengamos que resignarnos a ser unos convidados de piedra, que miran asombrados cómo nos complican la existencia dos socios y aliados.

    Me arriesgo a opinar, como ya se ha insinuado, que España estaba al corriente de la operación y dejó hacer, dado que no estaba en disposición política de tomar una acción similar a la llevada a cabo en la madrugada del jueves pasado. Quizás no tuviera las pruebas que sí atesoraba la parte británica y que podían proceder del otro lado del Atlántico. Aunque, ¿de verdad había que esperar a que el buque pasara por esa esquinita que británicos y gibraltareños reivindican como aguas territoriales para llevar a cabo la interceptación?

    Es extraño, de todas formas, que con los actuales sistemas de seguimiento, el petrolero se hubiera adentrado en el Estrecho, tras doblar el continente africano y pasar por las proximidades de las islas Canarias, sin que mucho antes no hubiera sido detectado, monitorizado y comprobados sus roles y manifiestos de carga por parte del sistema de Conocimiento del Entorno Marítimo que descansa en el Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima (COVAM), con sede en Cartagena y que opera la Armada española. 

    Un dato más que nos lleva a concluir que la presencia militar británica en Gibraltar plantea riesgos que afectan a nuestra Seguridad.




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